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Jonh McLaughlin: Devoción por el jazz

John McLaughlin

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Fotos: Mariano García
@solesdigital
photosniper.com.ar

Jonh McLaughlin pasó por Buenos Aires para presentar Black Light, su 18vo álbum, que incluye ocho composiciones originales, y dejó su marca con un recital de casi dos horas y media, algo que nunca nadie hubiera imaginado teniendo en cuenta sus 74 años de edad.

Tal vez esa haya sido la forma de despedirse de estas latitudes -tierras que no visitaba desde 1996- y entregar todo para un público que aclamó y ovacionó de pie al maestro de otros tantísimos maestros de la música ni bien puso un pie en el escenario. Un gesto de afecto, respeto y reconocimiento que el guitarrista recibió emocionadamente y que tomó por sorpresa a los miembros de la banda que, tal vez acostumbrados a públicos más circunspectos, quedaron azorados ante el estruendoso recibimiento.

La noche del Gran Rex, su quinta presencia en Argentina, incluyó un repertorio con piezas de distintas eras, pasando por Mahavishnu Orchestra, Shakti y los diversos proyectos que tuvo a través de las décadas. Además, hubo temas de los discos anteriores junto a la 4th Dimension –To The One (2010), Now Here This (2012) y The Boston Record (2014)- e incluso piezas que aún no han sido grabadas.

El reencuentro con el público porteño fue sin dudas una olla en la que el hoy platinado músico de Yorkshire, Inglaterra, supo guisar todo aquello que sembró y cosechó a lo largo de 50 años de carrera. Así, abrazó los ritmos del jazz y el free jazz, el rhythm & blues, el rock y su apego por la filosofía, religión y música del lejano Oriente. Por algo es considerado uno de los padres fundadores del género de fusión desde el lanzamiento de Extrapolation, en 1969, su primer álbum como líder.   

Con la experiencia sobre sus hombros y un legado ya transmitido, la noche discurrió con un McLaughlin que sabe recostarse en su banda y dejar hacer. Un gesto de grandeza y de confianza en sus músicos de primerísimo nivel.

Así a poco de empezar la noche, el baterista indio Ranjit Barot sorprendió en Little Miss Valley con su dominio del scat, técnica de improvisación vocal que repetiría a lo largo del show cuando no lo fue entonando estribillos de gran aporte rítmico. En dicho tema también se pudo apreciar la explosividad y el funk que corre por las venas del bajista camerunés Etienne M’Bappe en un solo que fue respondido por otro de McLaughlin para levantar aullidos desde la platea. Mientras tanto el multifacético Gary Husband, de Inglaterra; dio acabada muestra de una técnica de piano depurada que le permite jugar y estarse a sus anchas con su teclado conectado a una computadora portátil y diversidad de sintetizadores y distorsionadores. Por momentos las teclas podían susurrar delicias propias de un té de las cinco o rugir incendiarias progresiones de acordes pasando por los sonidos de rock o volando hacia una regresión al tecno de los años 80 o el funk de los 70. Y a todos sorprendió al tomar el control de una segunda batería para desatar una batalla de bombos y platillos con Barot en Echoes From Then, mientras que McLaughlin aportaba notas rockeras que espesaban la lúdica disputa en curso.      

 

A pesar de su edad, no faltaron cuatro o cinco temas en los que McLaughlin nos recordó porque se ganó la fama de ser la guitarra más rápida del lejano Oeste y Este. Sus dedos y tendones de mil batallas -se presentó con la mano derecha protegida por una muñequera- dieron que hablar y regalaron  momentos de éxtasis en los que los ritmos se suceden, vienen, explotan y se van con una virulencia prodigiosa. Luego daba paso al goce privilegiado desde arriba del escenario desatando diálogos cómplices con su banda en un juego musical de alto vuelo que tenía al público por testigo.     
 
La velada también discurrió en diversos homenajes de McLaughlin para con muchos de sus compañeros de ruta. Así, el público pudo disfrutar de Señor C. S., para Carlos Santana; El Hombre Que Sabía dedicada a Paco de Lucía; The Creator Has a Masterplan, de Pharoah Sanders; Abbaji compuesta para el tablista indio Alla Rakha; Panditji para Ravi Shankar, Here Come The Jiis para el mandolinista Uppalapu Srinivas.

Entre las nuevas composiciones, Gaza City deja entrever el mensaje devocional de amor y paz que McLaughlin pregona, en este caso en una composición emocional e íntima que se erige como homenaje al sufrido pueblo palestino.

Para cerrar llegaron Jean Pierre, de Miles Davis; y You know, you know, de la mítica Mahavishnu Orchestra que desató la segunda ovación de la noche y que encontró a un McLaughlin emocionado y sentido por tanto afecto.

Pasó McLaughlin en lo que pareciera ser una gira en la que el maestro intenta devolver el cariño de años cuando no recargarse de amor. No sabemos si regresará. Aunque quedó claro que de hacerlo, en Argentina tiene el bálsamo de amor y vida que tal vez hace ya muchos años haya salido a buscar por el mundo entero.

4/4/2016

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