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John Zorn Acoustic Masada

Liberen al klezmer

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

La expectativa acumulada por ver por primera vez en Argentina al reconocido saxofonista y compositor John Zorn, era tan grande como su prolífica y variada producción a lo largo de las últimas dos décadas, que lo ubicó entre los grandes referentes de la vanguardia jazzística contemporánea.

Los minutos previos al show estuvieron cargados de una esperable tensión, sobre todo por comentarios sobre las pocas pulgas del talentoso músico ante todo aquello que rodea una gira internacional: entrevistas con la prensa (que no dio) o una cantidad inusual de reporteros gráficos agolpándose bajo el escenario para inmortalizar el momento en imágenes. Las indicaciones a los fotógrafos eran claras: “pueden sacar sólo el primer tema, sin flash, y que la cámara no haga ruido. Si les molesta el ruido de las cámaras, dice que levanta el show.” Tan pendiente parecía estar Zorn del tema de las fotos, que él mismo se ocupó de ahuyentar a los fotorreporteros una vez terminado “Ranthiel”, tema con el que abrió su concierto del jueves 15 de marzo en el Teatro Coliseo.  Una apertura casi de obligación, contenida, para cumplir con las formalidades.

Despejado el terreno de fotógrafos moviéndose con sus equipos de un lado al otro de la primera fila, ya sin distracciones visuales ni ruiditos molestos, el cuarteto se despachó con lo que fue el momento más intenso de la noche. Con “Sippur”, arrancó verdaderamente la ansiada presentación de John Zorn en Buenos Aires. Una arremetida violenta y discontinua de frases del saxo de Zorn y la trompeta de Dave Douglas luchando una contra otras sobre las movedizas arenas rítmicas que agitaban Greg Cohen en contrabajo y Joey Baron en batería. Definitivamente, el tipo de riesgo y adrenalina que uno espera disfrutar cuando se trata de Zorn.

A partir de “Mibi”, se comenzó a perfilar de manera más clara la propuesta del cuarteto acústico con el que Zorn lleva a la música klezmer por los caminos del free jazz. Con una trayectoria personal en la que convergen también el hardcore, las vanguardias más extremas y las bandas de sonido de películas (en ocasiones, todo eso junto en 3 minutos de un solo tema), con esta alineación de Masada John Zorn se focaliza en la tradición musical judía centroeuropea. Incluso con guiños a la ortodoxia hebraica, usando las tradicionales tzit-tzit blancas y azules en la cintura como parte de su atuendo.

El dibujo táctico que Zorn diseñó como conductor para Acoustic Masada es como un cuadrado: los dos vientos como vértices delanteros, y la sección rítmica sosteniendo detrás. Con “Tharsis”, llega el momento para que la mitad compuesta por contrabajo y batería adquiera visibilidad. A la introducción de Cohen se suma pronto Baron, percutiendo con las manos la batería, y entre ellos van desarrollando un lenguaje críptico, con bromas musicales escondidas en los solos que desatan las risas de sus compañeros. Las derivaciones en las improvisaciones son como chistes entre los músicos, y dibujan en la cara de Baron una permanente sonrisa.

Bajo la dirección de Zorn, los vértices del cuadrado se tocan pero no se cruzan, manteniendo las dos mitades (rítmica y melódica) una autonomía simétrica. Apoyado en ese sólido equilibrio, Zorn puede dar rienda suelta a una técnica extrema, imposible, irreal, para tocar el saxo. En sus solos por momentos hay un desfasaje entre lo que se ve y lo que se oye, el ojo no llega a tiempo, como si se tratara de una película donde el sonido y la imagen estuvieran mal sincronizados.

A pesar de lo extremo que resulta el sonido de su saxo, la estructura introducción – solos – vuelta a la melodía principal se reitera en numerosas oportunidades. No deja de ser un enorme avance sacarle a la música klezmer esa pátina de música de casamientos que suele corroerla; al mismo tiempo que se aportan sonoridades distintas para las formas ya conocidas del jazz. Por ejemplo, en la trompeta de Douglas, que rescata la larga tradición que este instrumento tienen en Europa del Este, para al menos por una vez disfrutar de un trompetista de jazz que no quiera parecerse a Miles Davis.

“Beeroth” aparece como la expresión más acabadamente klezmer de la noche, con solos de batería que irrumpen inmediatamente luego de la introducción que plantea la melodía principal. Aunque si bien las disrupciones son repentinas, dentro de la compleja estructura de improvisaciones no hay lugar para la sorpresa para quienes hayan visto anteriormente al cuarteto. Debajo de una superficie en apariencia caótica, subyace una arquitectura compositiva matemática y ordenada.

Siendo uno de los herederos más renombrados del free jazz del legendario Ornette Coleman, John Zorn toma su técnica interpretativa extrema, pero sin abordar la ruptura en lo compositivo que la teoría armolódica de Coleman desarrolló, para borrar las barreras entre armonía y melodía. Donde realmente empieza la anarquía de Coleman, Zorn opta por el control.

Con el gran mérito de nutrirse de numerosas vertientes culturales sin tener que imitar a ninguna, John Zorn desarrolla con este cuarteto una expresión musical auténtica y representativa de la comunidad judía norteamericana. Quizás el gran mérito de Acoustic Masada no esté en el aporte que la música klezmer pueda hacerle al jazz, sino en la liberación explosiva que la música folklórica centroeuropea experimenta al entrar en contacto con las vanguardias de Nueva York.

17/3/2012

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