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Kings of Leon y la madurez del rock

Por Andrés Enriquez Dibós

Kings of Leon

Nadie es profeta en su tierra” probablemente se consolaron los Kings of Leon en sus comienzos, allá por 2003. Cuando sus canciones y sus discos eran subestimados y ninguneados por la prensa norteamericana, el Reino Unido recibía la frescura de su retro rock con los brazos abiertos. The Strokes y The White Stripes fueron los únicos de la misma estirpe que lograron subirse al mainstream del rock norteamericano. La banda familiar de los  KOL (un cuarteto de tres hermanos y un primo) tuvieron que esperar a que el tiempo y su evolución musical les abra todas las puertas del mundo de la música. Y el público argentino debió aguardar siete años para volver a verlos en vivo, ahora con un semblante distinto y una notoria madurez.    

Caleb Followill es dueño de una voz muy particular, que calza a la perfección en el prototipo de frontman de banda de rock sureño de los Estados Unidos. A paso seguro, entra desafiante para abrir la noche con su primer hit histórico, Molly’s Chambers, mientras el grupo se apoya en el repiqueteo del bajo de Jared Followill con el objetivo de que el tema gane en intensidad. Taper Jean Girl y Four Kicks suceden a la apertura para cerrar el trío rockero con el que se remitieron a sus dos primeros discos. Un muy bien comienzo que logró que la  gente vaya entrando en calor en el festival porteño.                

La noche del 1° de diciembre en GEBA perecía ser perfecta. Luna llena, cielo despejado, clima primaveral y un público hasta quizás por demás apacible. Pero era una sensación nomás. La parafernalia marketinera del Personal Fest, que inundó las inmediaciones con juegos, peluquerías, merchandising, entre muchas otras curiosidades, lamentablemente no reparó en lo más importante: el escenario. En el apogeo del HD, resultó llamativo que las pantallas sean de baja resolución, con un marcado delay y a una altura muy baja con el fin de que la marca de celulares resalte más que la imagen. Pero por suerte estaba la música de los KOL para hacernos olvidar los problemas de organización.

La noche siguió su curso principalmente con temas de sus dos últimos trabajos, Only By The Night (2008) y Come Around The Sun (2010), discos que cambiaron el rumbo del sonido de los Kings of Leon. Atrás quedaron esos melenudos impertinentes, la actitud desprolija y cruda en su música al igual que su estética vintage. Hoy parecen ser unos muchachos serios, maduros que no tienen miedo en transitar por caminos más introspectivos, como lo demostraron anoche en una perfecta versión de Closer o en la triste balada Pyro. Detrás del rotundo éxito de sus dos últimos discos, hay una clara orientación más comercial, cuestión que, por el momento, no les impide dejar de ser una banda atractiva para escuchar. Su esencia rockera igual se mantiene vigente y eso lo dejaron en claro con las potentes versiones de No Money y Knocked Up, ésta última dedicada a la inminente paternidad del batero Nathan Followill.

Y los muchachos de Nashville se guardaron munición gruesa para el final. El hit rockero Sex On Fire que los lanzó definitivamente a la fama, que habla del amor adolescente a escondidas, fue el primer clímax de la noche antes del encore. Descanso y falsa despedida mediante, el epílogo arrancó con el vértigo de la gloriosa The Bucket, la balada de Manhatan y su tema más conocido, Use Somebody, el más coreado de su setlist. La desprolijidad de sus primeros tiempos quedó para el desenlace con los furiosos riffs de Black Thumbnail. Los ahora merecidos profetas de su tierra ofrecieron una interesante noche de buena música en el último festival del año. El line up del festival indicaba que era el momento de pasar a escuchar el DJ set de James Murphy. Pero, a decir verdad, para una casi perfecta noche primaveral, ¿existe algún cierre mejor que un buen concierto de rock?

5/12/2012

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