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Emir
Kusturica & The No Smoking Orchestra en el Luna Park
Rock fusión estilo gitano
Texto y fotos:
Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Con
su proyecto de filmar un documental sobre Maradona como novedad que estrecha
aún más la particular relación de Emir Kusturica con
la Argentina, se produjo la segunda visita del director de cine y músico
serbo-bosnio a nuestro país. Con su excéntrica banda musical,
la No Smoking Orchestra, se presentó el jueves 3 de marzo para adelantar
temas de su nuevo disco, “La vida es un milagro” (banda sonora
del film homónimo), en un Luna Park que se llenó con una incipiente
camada de fieles seguidores que Kusturica está generando por estas
tierras.
La
dinámica de la banda en escena le asigna a Emir Kusturica el rol de
ordenador del juego, como un número 5 a la antigua, un “regista”
que con su sencilla guitarra rítmica deja jugar y lucirse a los demás.
El
cantante Dr. Nelle Karajlic aporta histrionismo sin pausas, un despliegue
hiperkinético y mucho humor en escena. Lo acompaña en sus andanzas
el violinista Dejan Sparavalo, que además de divertir al público
con sus vestimentas (desde Juez a travesti, durante el transcurso del recital)
y actos cómicos de kermese, se luce por su virtuosismo y habilidad
que lo convierten en el corazón musical de la orquesta.
Otros
dos integrantes se destacan exclusivamente por su desempeño musical:
el percusionista Zoran Marjanovick (presentado por Dr. Nelle como el “gurú”
de esa ensalada musical que denominan “unza unza”), y el talentoso
saxofonista Nesha Petrovic, que aporta aires jazzísticos a la banda.
Stribor Kusturica, hijo de Emir, le pone músculos a la batería,
mientras que Zoran Milosevic con el acordeón y Goran Popovic con la
tuba refuerzan los sonidos folklóricos centroeuropeos. En roles secundarios,
quedan Ivica Maksimovic (guitarra) y el inmutable Goran Markovski (bajo).
¿Qué
puede surgir de semejante combinación de instrumentos, estilos y personalidades?
Una explosión de géneros capaz de mezclar punk rock con folklore
rumano, música tradicional gitana con pop, con excelentes pasajes de
improvisación grupal y muchísima diversión. El recital
comenzó con “Fatal Wounds”, composición tradicional
con la cual todos pudieron hacer gala de sus dotes como instrumentistas. Apertura
que, en palabras del propio Kusturica, sirvió para “demostrar
que somos buenos músicos. El resto de la noche será todo punk
rock”.
Con
esa introducción se hizo presente en escena el Iggy Pop balcánico,
el terrible Dr. Nelle, que megáfono en mano levantó a un público
que no dejaría de saltar y bailar en toda la noche. Cada vez que sonaron
temas del disco “Unza
Unza time”, la respuesta de los fans fue inmediata. Fue así
que canciones como “Upside down”, “The Devil in Business
Class”, “Was Romeo Really a Jerk” y “Pitt Bull Terrier”
fueron coreadas por todo el estadio. De las nuevas composiciones, se destacaron
los aires latinos de “Evergreen”, y “When life was a Miracle”,
que cerró el recital.
Como
ya sucediera en La Trastienda hace tres años, hubo lugar en el escenario
para que se subieran algunas chicas a bailar y ayudar a Sparavalo en sus proezas
al violín, como tocar con un arco gigante. Los varones se subieron
sin ser invitados, y para redondear el ambiente de punk rock, se arrojaban
al público sin que nadie los echara. El espíritu festivo de
aires gitanos colmó la noche, de esos gitanos de los cuales Kusturica
y Dr. Nelle aprendieron que todo puede mezclarse y fusionarse.
11/03/2005
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