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Living
Colour en Buenos Aires
Evolución
permanente
Texto
y fotos: Mariano García
mariano@octubre.org.ar

En
su tercera visita a Buenos Aires, Living Colour demostró que siguen
estando a la vanguardia, y a varios años de distancia, del resto de
las bandas de rock que puedan verse en la actualidad. Como parte de la gira
de presentación de su nuevo CD “Collideoscope” (2003), tocaron en noches consecutivas en el estadio Obras (el viernes 26
de noviembre) y en el Roxy (sábado 27), en un showcase más exclusivo
pero igualmente potente –a pesar que la discográfica lo había
anunciado como un acústico.
Innovación
y madurez
De
ambos recitales, pero sobre todo de el de Obras, queda la certeza de algo
que ya se podía advertir en el disco: lo bien que le hace a la banda
el creciente protagonismo del bajista Doug Wimbish. Incorporado a la banda
en 1991 por iniciativa del baterista Will Calhoun, para grabar el disco “Stain”
(1993), este extravagante innovador del bajo dejó en claro que no le
pesa el traje de líder de la banda si tiene que ponérselo.
En
el nuevo disco, Wimbish aparece como productor ejecutivo y coordinador del
proyecto. En Obras, se robó la noche gracias a su carisma, un increíble
arsenal de pedales y máquinas para sacar de su bajo los sonidos más
inverosímiles, y una técnica única para ponerle el cuerpo
a toda esa electrónica, tocando su instrumento hasta con los dientes.
El
guitarrista Vernon Reid, por su parte, mostró madurez al compartir
el liderazgo con sus compañeros. A esta altura de su carrera, no tiene
que tocar a mil por hora todo los temas para lucirse, ni incluir sus imposibles
solos supersónicos en cada ocasión. Pero cuando lo hizo, se
lo vio más enchufado e inspirado que nunca, y su nivel sigue siendo
de otro planeta. Incluso si acompaña rítimicamente mientras
el resto de la banda explota, Reid sigue siendo el alma de Living Colour.
En
un sendero similar se encamina Will Calhoun en la batería. Mantiene
la potencia y la perfección técnica para variar los ritmos durante
los temas e improvisar como ningún otro baterista de rock puede hacer.
También ha incorporado definitivamente la electrónica a su set,
pero sus solos no se basan tanto en la velocidad como antes, sino en la complejidad
compositiva y en variaciones que llegaron a acercarlo a la música electroacústica
y sus estructuras atonales.
Por
último, Corey Glover estuvo a la altura del nuevo rumbo de la banda,
cantando con muchísima expresividad y aportando a los su capacidad
histriónica y carisma para estar al frente del escenario. Sus punzantes
agudos no se repitieron tanto como antes, acorde con una propuesta menos pirotécnica
y más profunda.
Para
todos los gustos
La
lista de temas varió ligeramente en las presentaciones del viernes
en Obras y el sábado en el Roxy. Hubo más temas del nuevo disco
en el segundo show, pero en general repartieron equilibradamente canciones
de todos sus álbumes.
Abrieron
siempre con clásicos. En Obras lo hicieron con “Type”,
en el Roxy con “Desperate people”. En este último, quedó
en claro que si la banda no toca siempre como antes, no es porque no puedan,
ya que la sincronización para tocar a velocidad máxima está
aceitada y en perfectas condiciones. Para ofrecer su nuevo sonido, la espectacular
“In your name” fue en ambos casos el segundo tema, y ahí
pudo comprobarse que en vivo pueden montar un set electrónico a la
altura de lo grabado en un estudio. Lo mismo con otro de los nuevos temas,
“A question of when”.
El
potente funk rock que los hizo destacarse a finales de los ’80 se hizo
presente con “Funny Vibe”, con guiños al hip hop de Public
Enemy y Beastie Boys, y “Middle man” otro de los clásicos
del disco “Vivid” de 1989.
En
Obras hubo más temas de “Time’s up” (1991), como
“Elvis is dead”, “Love rears it’s ugly head”
o la canción que da nombre al disco, que fue uno de los momentos más
altos de la noche. El hard rock llegó con los temas de “Stain”
(1993), con toda la fuerza de “Go away” (en Obras), “Ignorance
is bliss” (en ambos) y “Postman” (en el Roxy).
En
el Roxy, la sorpresa fue “Tomorrow never knows” cover de los Beatles
incluido en “Collideoscope”, culminado en vivo con una exquisita
improvisación instrumental liderada por Wimbish. Improvisar sobre los
temas en vivo es una de las características que hacen de Living Colour
una banda distinta en el rock. La canción “Sacred Ground”
se ha convertido en estos últimos años en una de las preferidas
de la banda para esto, y allí Will Calhoun anticipó un poco
del extenso solo que vendría más tarde. “Flying”
fue otro de los momentos privilegiados para la improvisación, y cada
vez que lo hicieron la formación jazzística de Calhoun y Reid
salió a la luz. También improvisó mucho Corey Glover,
y los fans ya deberían saber que si uno quiere cantar los temas en
vivo, tarde o temprano quedará desubicado entre las impredecibles variaciones
en la métrica de las letras.
Pero
en el apartado de las improvisaciones, la inédita “Terrorism”
a cargo de Wimbish se llevó todos los premios. Una letra tan clara
como sencilla cantada por el propio bajista, dedicada al “terrorista
Nº 1 del mundo, George W. Bush” (“Así es como nosotros
hacemos terrorismo / CIA, FBI, CNN: terrorismo / George Bush es terrorista,
Tony Blair es terrorista / No hay necesidad de terrorismo”), que sobre
una base punk da pie para que el bajista haga lo imposible con su instrumento,
sacándole todo el jugo a sus tres pedaleras, a su set electrónico,
o jugar con campos electromagnéticos que distorsionan los sonidos.
Es claro que Wimbish no sólo le aporta a Living Colour sonidos innovadores,
también ha reforzado el carácter políticamente crítico
que siempre caracterizó a la banda, en esta ocasión con una
lúcida autocrítica a su país que también se aprecia
en “Collideoscope”.
Hablando
de política, para los bises, el hit “Cult of personality”
fue una vuelta a los orígenes, y una buena manera de cerrar un par
de presentaciones que mostraron lo mejor del pasado, la prolífico del
presente, y esperar por más Living Colour para el futuro.
26/11/2004
Notas
relacionadas:
Informe especial: Living Colour
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