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Daniel Melingo

El último reo

Daniel Melingo

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Tanguero que triunfa en París sin tener un sonido artificialmente for export; minimalista y profundo, al borde de la locura y el sufrimiento, sin perder el humor. El viernes 14 de diciembre, Daniel Melingo regresó a Buenos Aires luego de una gira por España y Francia para anticipar en La Trastienda los nuevos temas de lo que será Maldito Tango, su cuarto trabajo discográfico dedicado al traje que mejor le calza: el de los tangos reos.

Esta vez, los Ramones del Tango (la banda que lo acompaña) se presentaron sólo con guitarra y contrabajo, dejando espacio para que Melingo experimentara con todo tipo de instrumentos y accesorios. Con guiños de su formación académica, que disimula en la humildad de su interpretación, Melingo además de cantar tocó guitarra, clarinete, armónica, percusión, cornetitas de plástico, y todo lo que se le cruzara.

Con espíritu errático por momentos, íntimo, sintiéndose en casa luego de tanto tiempo afuera, Meligno convirtió el escenario de La Trastienda en una sala de ensayo con público. Incluso su hijo Félix andaba por ahí caminando descalzo por las tablas.

El ambiente que genera Melingo con sus interpretaciones y composiciones puede ser lúgubre o divertido, melancólico u opresivo. Pero siempre es auténtico. Y las letras no son cantadas, ni siquiera interpretadas; las vive, las siente. El dolor, las drogas, la soledad, la locura, los arrabales y la marginalidad se hacen cuerpo en este excepcional personaje.

Daniel Melingo

¿Quién más puede cantarle un tango a Jack el Destripador o a Drácula? O a los arrabales de fin de siglo, poblados de travestis, drogas pesadas, guapos de ayer y ahora y malevos de pacotilla. Y ya hay clásicos entre los tangos de Melingo, que el público espera y corea como propios, como “Ayer” y “Narigón”.

La melancolía de “Este cuore”, la tristeza de “Leonel el feo”, angustia en “Muleta de borracho”, la milonga “Noche transfigurada”, historias de dealers en “Siga cochero” o el buen humor de “Angurrienta” a flor de silbidos. Algunos de los momentos que dieron muestra de la variedad de la que es capaz Melingo. Y el golpe inesperado de volver a los bises entonando la Marcha Peronista… pero con la letra de “Canción para mi muerte” de Charly García.

No hay remixes, ni electrónica. No está hecho para el promedio del paladar internacional, que sin embargo lo acepta. Con Daniel Melingo, el sonido y el espíritu del tango reo de principios de siglo XX se convierte en lo más innovador y vanguardista que tiene la música porteña para ofrecer al mundo.

21/12/2007

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