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Mike
Stern en La Trastienda (21/5/2006)
Jazz
rock sin fisuras
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar
Fotos: Cecilia
Ivanchevich

Los siete
años que el público porteño tuvo que esperar para ver
nuevamente en vivo a Mike Stern, parecieron esfumarse cuando
el guitarrista apareció detrás del telón de una Trastienda
Club repleta en dos noches consecutivas. Con su sonrisa tímida, se
reencontró con una audiencia que ya lo tiene entre sus artistas de
culto, y que garantiza que cada vez que se presenta en Buenos Aires se respiren
aires de amistosa complicidad.
El inicio
de su show fue arrollador, con una improvisación de casi veinte minutos
donde Stern y su banda plasmaron todo lo que son capaces de hacer en un escenario.
Un comienzo “cool”, jazzero, que comenzó a levantar temperatura
de la mano de la gran sorpresa de la noche: la baterista zurda Kim
Thompson. Los ritmos de los parches de la grácil Kim se fueron
tornando más agresivos, desde el funk hasta el hard bop, y le dieron
pie a al líder del grupo para hacer explotar los riffs más rockeros
de su guitarra.

La paleta
sonora se completó con los potentes solos de saxo de Bob Franceschini,
y las bases precisas de Lincoln Goines en el bajo. Al frente
de ellos, Stern propuso un estilo depuradísimo para acariciar su Yamaha
Pacifica (un modelo que lleva su propio nombre) y sacarle sonidos limpios
y aéreos, o distorsionarla hasta empequeñecer a más de
un guitarrista de rock.
La
batería siempre ocupa un capítulo aparte en las formaciones
de Mike Stern. En sus presentaciones anteriores, el sobrehumano Dennis Chambers
se había robado el protagonismo gracias a su potencia y velocidad,
inimitables entre sus pares de la actualidad. La elección de Stern
para su reemplazo fue acertadísima, ya que la figura femenina de Thompson
anula en primera instancia todo intento de comparación con su predecesor.
Y en segundo lugar, porque la baterista reemplaza fuerza por sensibilidad
y timming, sin perder por eso la energía (y mucho menos los ritmos,
los cuales domina con naturaleza).
Sostenidos
por la excelente tarea de la solvente Kim, Stern continuó explorando
una de sus especialidades: hermanar la guitarra con los saxos, hacerlos sonar
en sincronía en las frases melódicas que marcan las composiciones.
El entendimiento que logra con Franceschini es ideal para llevar adelante
esta empresa, y la dupla que forman alcanzó momento de simbiosis memorables.
Pero no
todo fue fuerza, sonidos rockeros y solos poderosos. También hubo lugar
para el blues, y allí Stern y compañía demostraron que
dominan también las sutilezas del género. Los duetos con Goines
dieron fe de esto, al aportar intimidad y sentimiento a un tempo mucho más
relajado.
Terminan
la primera tanda de temas con otra larga improvisación colectiva, donde
el grupo de Stern deja en claro que no poseen puntos débiles ni fisuras.
El entendimiento muto domina la escena, y cada uno tiene lugar para lucirse
con lo propio y apoyar a los demás; con un sonido impecable, fuerte
y claro. El rock se inmiscuye en las zapadas, y Stern logra sacar de su guitarra
lo que le plazca.
Para los
bises, Mike Stern se guardó el clásico “Jean Pierre”,
de Miles Davis. Una buena forma de recordar aquellos comienzos de los ’80,
cuando el entonces joven guitarrista se unía al ya entonces legendario
trompetista para consolidar los cimientos de la fusión jazz/rock. Una
versión corta y directa, con la que Stern homenajeó a su mentor,
con un guiño al pasado desde la madurez del presente.
23/5/2006
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