Música

NovedadesArchivo

Mike Patton
Goran Bregovic
Corey Glover
  Pearl Jam, a la altura de su historia

Por Andrés Enriquez Dibós

Eddie Vedder - Pearl Jam
Eddie Vedder - Pearl Jam

El reloj marca las 21.15. Las luces se apagan y unas notas de piano acompañan el ingreso de los integrantes. Un público atrapado en éxtasis grita y aplaude a sus ídolos. Los sobrevivientes del último gran volantazo del rock suben el telón para comenzar la función. Los calmos punteos de Release (“Liberar”) comienzan temerosamente a retumbar en un repleto estadio para abrir la noche. Eddie Vedder, levanta los brazos y mira al cielo. Se compenetra al interpretar su sentida e introspectiva canción, en la que le pide a su fallecido padre que lo libere del dolor. Las pantallas laterales proyectan a la banda en un delicado blanco y negro, simbolizando el paso de los veinte años que rememora la gira. La gente acompaña en los coros y se hace sentir hasta que el tema se diluye de a poco. El momento llegó. La bestia acaba de ser liberada. Los punzantes riffs de Go golpean en el pecho. Los desgarradores aullidos de Vedder se mezclan con el furioso canto de la gente. Un juego de luces simple pero efectivo parece seguir los compases del tema. La banda y el estadio entero se funden en un estado de excitación profunda. Señoras y señores, bienvenidos a la fiesta. Esto es rock en estado de ebullición.

A dos décadas del nacimiento de su primer gran disco “Ten”, la vigencia es palpable. Estos muchachos formaron parte del movimiento grunge que realimentó a un rock desgastado y repetido. Invirtieron las fórmulas del mercado para transformarse en un fenómeno a principios de los noventa. El glam rock ochentoso, sexista y machista precisaba reciclarse. Y en el amanecer de los años noventa llegó Pearl Jam, entre otras grandes bandas, como Nirvana, para patear el tablero. Sin miedo al ridículo, la lírica cambió sexo por dolor y machismo por respeto. El glamour fue sustituido por la simpleza. Un sonido crudo, desprolijo, sucio y primal identificó a la banda desde el inicio. Y lo revivieron desde ese comienzo arrollador al que le siguió la rabiosa Corduroy (precedida por el riff de Interstellar Overdrive de Floyd como intro), el vértigo de Hail Hail y el clásico Given to Fly. Los cinco primeros temas de sus cinco primeros discos, en orden cronológico. Un indicio de que la noche sería una enorme ola de recuerdos, repasando sus viejas y nuevas gemas.

I dont question our existance, I just question our modern needs” (“No cuestiono nuestra existencia, sólo cuestiono nuestras necesidades modernas”) canta Vedder en una fantástica versión de Garden, otro de los temas del disco debut que tanto sonó durante el show. Las letras de protesta estuvieron desde siempre, al igual que en Do The Evolution, donde crítica social e ironía se combinan con un rock explosivo que reventó el estadio con sólo mostrar sus primeros acordes. Pero así como la banda supo estallar en energía pura, bajó la intensidad con Amongst The Waves y Unthought Known de su último disco, con la profundidad de Immortality y la gran balada coreada de principio a fin de Elderly Woman Behind The Counter in a Small Town.

Los históricos Even Flow y Porch despertaron nuevamente a la bestia, con un carismático Vedder, subsumido en sus ya famosos trances catárticos que le agregan profundidad y credibilidad a su performance en vivo. Como allá en 2005, la banda tributó a Los Ramones con una ruidosa y potente versión de I Believe In Miracles. Y si hay algo en lo que Pearl Jam siempre se destaca, es en hacer excelentes covers, cuestión probada con la interpretación de Mother de Pink Floyd. Eddie Vedder compenetrado, compungido con la letra y casi al borde de las lágrimas, conmovió a todo el estadio.

Pero la noche se guardaba lo mejor para la recta final. Black, la primera gran balada de la banda que habla acerca de una dolorosa y verdadera ruptura amorosa (según palabras de Eddie en el documental PJ20), volvió a calar hondo. Parecía un deja vu de aquellos imborrables conciertos de Ferro en 2005, donde se selló el lazo de los norteamericanos con el público argentino. Ayer, desde el comienzo del tema, la banda y el público (éste último, cantando letra y guitarra) se amalgamaron, conformando un unidad indivisible, riéndose de aquella premisa cartesiana de la dualidad, donde la mente comanda al cuerpo. Aquí, banda y gente (o mente y cuerpo) se aliaron en la emoción, donde la razón brilló por su ausencia. Al término de la canción, un estadio entero cantando y saltando al unísono, gente desconocida abrazándose entre sí y gritando el famoso himno “ole ole….cada dia te quiero más…ooh, soy Pearl Jam” mientras la banda estupefacta, contemplaba el espectáculo, igual que hace seis años atrás. Al final, Eddie balbuceó en broma, “La próxima vez, nosotros pagamos para verlos a ustedes”.

Ya quedaban minutos. Why Go mostró a una banda compacta, sólida con un poderoso bajo de Jeff Amentt y un virtuoso Mike McCready en guitarra. La emoción de la despedida vino de la mano de Alive, Rocking in The Free World y Yellow Led Better, que honrosamente, bajaron el telón. La fiesta se terminó. Era hora de que la bestia descanse luego de 33 temas en tres impactantes horas de show. El recital sí estuvo a la altura de Ferro 2005. Si lo superó o no, está en la subjetividad de cada uno. Pearl Jam demostró una vez mas ser una de las mejores bandas de rock en vivo de la actualidad. Sin dudas, fue una inolvidable noche que pasará a la historia. ¿Quién había dicho que el rock estaba muerto?

15/11/2011

Foto: Télam

Notas relacionadas:

Noche de un ritual llamado Pearl Jam

www.solesdigital.com.ar

Lo más visto de Música
Chuck D Ed Sheeran Living Colour