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Personal Fest 2007. Día 2

Suban en volumen

Por Mariano García
@solesdigital

Chris Cornell

Un impresionante show de Chris Cornell, bandas livianas para entretener en la previa, reggae del mejor en el escenario secundario, y Fito Páez tratando de ser la estrella de rock que ya no es. Mucho volumen en los escenarios, y un vergonzoso silencio en los medios sobre lo ocurrido en la jornada anterior, resultó ser la fórmula ideal para que el show continúe y el marketing prevalezca.

La noticia que llega tarde no es noticia. Y salvo los que estuvieron presentes en la jornada anterior, que todavía comentan las avalanchas y corridas, todos parecen estar relajados y disfrutando de un sábado livianito y soleado.

La campaña para silenciar y minimizar los incidentes del viernes 7 le da réditos a la organización (Personal, Pop Art, CIE Rock & Pop). Ya hoy lunes, todos los medios masivos y agencias de noticias irán comentando lo que deberían haber publicado desde la mañana del sábado. Demasiado tarde. El show continuó, las pelucas bailaron al viento, y el éxito comercial no fue amenazado.

Varios heridos y un apuñalado que debió ser operado en el hospital Rivadavia (Edisson Boudiwana), son un precio racional de acuerdo a la aritmética de los RR.PP., los encargados de prensa y comunicación. El público pasa de ser consumidor de las marcas que organizan el festival, a material descartable. Mientras haya muchos otros dispuestos a bailar y divertirse, la inversión es redituable.

Un herido grave, sobre 20.000 concurrentes, no es noticia, dice el manual de estilo con olor a bajada de línea que se escucha en la carpa de prensa. Hay demasiado silencio entre los interesados en que todo siga con normalidad. Por eso, suban el volumen, que el silencio avergüenza.

Puro Cornell

Con la continuidad del festival lejos de peligro, y la buena imagen de la marca organizadora salvada gracias a su abultada pauta publicitaria, estaba todo en condiciones para que Chris Cornell diera uno de los mejores shows de rock que se han visto en el año.

Chris CornellCon un repertorio que incluyó lo mejor de sus épocas con Soundgarden y Audioslave, Cornell dejó en claro que está más allá de la pertenencia a aquellas bandas, que sus canciones le pertenecen y que nadie mejor que él puede mantenerlas con vida.


Fue así que comenzó su concierto con el tema que da inicio al disco que lo lanzó a la fama mundial, “Let me drown” (Soundgarden, Superunknown, 1994). Y si muchos jóvenes quedaron afuera de un tema emblemático para los que ya están en su tercera década, con “Show me how to live” (Audioslave, 2002) los fans de todas las épocas fueron entrando en calor.

Con apenas dos temas, ya queda claro que no hay voces en el rock masivo de los últimos 20 años que puedan competir con la de Cornell. Una voz que puede ser arrolladoramente agresiva, o conmovedora en baladas como “Hunger Stike” (aquel himno cantado junto a Eddie Vedder, en el disco Temple of the Dog), o “Like a stone”, que cantó sólo con una guitarra acústica, con una belleza y simplicidad que hizo olvidar a Tom Morello y sus solos intrincados.

Sin dar respiros ni bajar la intensidad, Cornell dio lugar a que su nueva banda se luciera con espacios propios, sobre todo en “Spoonman”, “Cochise”, y el tema que no podía faltar, “Black Hole Sun”. También hubo lugar para perlas de sus trabajos solistas, entre las cuales brilló “Can’t change me”.

Un timbre único, potencia sin desafinar nunca y un caudal que maneja con sabiduría, son cualidades que hay que buscar en las clásicas voces del rock de los ’70. No se puede dejar de pensar en que Cornell es el mejor heredero que pueda tener Robert Plant en estos días. Y si queda alguna duda, el tremendo cover de Zeppelin “Whole lotta love” lo confirma.

Ya poco importa si se trata de grunge, si viene de Seattle o si usa camisas leñadoras. Cornell es un cantante de los que cada vez hay menos, y fue un lujo poder verlo en su plenitud.

Plan B: reggae

Antes que Chris Cornell, la oferta de bandas fue variada, y el escenario secundario fue más protagonista que nunca. Mientras que en el principal, no había nada original ni sorprendente (con actuaciones previsibles de Los 7 Delfines, Monkey Business, Spinetta y Happy Mondays), detrás de la cancha de hockey del Club Ciudad pudo verse una gran sucesión de bandas que sin tanto glamour, pero con mucha música, acapararon una buena parte de la atención.

Los uruguayos Cuarteto de Nos calentaron el ambiente, y luego el reggae se apoderó de la escena, con una excelente actuación de Dancing Mood, seguidos por Los Cafres y culminando con el alter ego cafre en clave boricua, Cultura Profética.

Durante más de dos horas, fueron una excelente opción para escapar del ruido del escenario principal. No tuvieron la misma suerte artistas de renombre como Ed Motta y Fito Páez, que cayeron en la desgracia de tener que tocar en la isla ubicada en frente del mismo. Una misión imposible, que ya desde la jornada anterior había causado problemas de organización.

Hubo quejas y desplantes por parte de Páez, quizás para reivindicar un poco de su status de estrella de rock que fue antes; y que en ese escenario, con tan poca gente y con tan mal sonido, quedó en el olvido. Habiendo tantas cosas de qué quejarse en este Festival, y tantas otras que peligrosamente caerán en el olvido, lo de Paez seguramente es lo menos importante.

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10/12/2007

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