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Personal
Fest 2007. Día 2
Suban
en volumen
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Un
impresionante show de Chris Cornell, bandas livianas para entretener en la
previa, reggae del mejor en el escenario secundario, y Fito Páez tratando
de ser la estrella de rock que ya no es. Mucho volumen en los escenarios,
y un vergonzoso silencio en los medios sobre lo ocurrido en la jornada anterior,
resultó ser la fórmula ideal para que el show continúe
y el marketing prevalezca.
La noticia
que llega tarde no es noticia. Y salvo los que estuvieron presentes en la
jornada anterior, que todavía comentan las avalanchas y corridas, todos
parecen estar relajados y disfrutando de un sábado livianito y soleado.
La campaña
para silenciar y minimizar los incidentes
del viernes 7 le da réditos a la organización (Personal,
Pop Art, CIE Rock & Pop). Ya hoy lunes, todos los medios masivos y agencias
de noticias irán comentando lo que deberían haber publicado
desde la mañana del sábado. Demasiado tarde. El show continuó,
las pelucas bailaron al viento, y el éxito comercial no fue amenazado.
Varios
heridos y un apuñalado que debió ser operado en el hospital
Rivadavia (Edisson Boudiwana), son un precio racional de acuerdo a la aritmética
de los RR.PP., los encargados de prensa y comunicación. El público
pasa de ser consumidor de las marcas que organizan el festival, a material
descartable. Mientras haya muchos otros dispuestos a bailar y divertirse,
la inversión es redituable.
Un herido
grave, sobre 20.000 concurrentes, no es noticia, dice el manual de estilo
con olor a bajada de línea que se escucha en la carpa de prensa. Hay
demasiado silencio entre los interesados en que todo siga con normalidad.
Por eso, suban el volumen, que el silencio avergüenza.
Puro
Cornell
Con la
continuidad del festival lejos de peligro, y la buena imagen de la marca organizadora
salvada gracias a su abultada pauta publicitaria, estaba todo en condiciones
para que Chris Cornell diera uno de los mejores shows de
rock que se han visto en el año.
Con
un repertorio que incluyó lo mejor de sus épocas con Soundgarden
y Audioslave, Cornell dejó en claro que está más allá
de la pertenencia a aquellas bandas, que sus canciones le pertenecen y que
nadie mejor que él puede mantenerlas con vida.
Fue así que comenzó su concierto con el tema que da inicio al
disco que lo lanzó a la fama mundial, “Let me drown” (Soundgarden, Superunknown, 1994). Y si muchos jóvenes quedaron afuera de
un tema emblemático para los que ya están en su tercera década,
con “Show me how to live” (Audioslave, 2002) los fans
de todas las épocas fueron entrando en calor.
Con apenas
dos temas, ya queda claro que no hay voces en el rock masivo de los últimos
20 años que puedan competir con la de Cornell. Una voz que puede ser
arrolladoramente agresiva, o conmovedora en baladas como “Hunger Stike”
(aquel himno cantado junto a Eddie Vedder, en el disco Temple of the Dog),
o “Like a stone”, que cantó sólo con una guitarra
acústica, con una belleza y simplicidad que hizo olvidar a Tom Morello
y sus solos intrincados.
Sin dar
respiros ni bajar la intensidad, Cornell dio lugar a que su nueva banda se
luciera con espacios propios, sobre todo en “Spoonman”, “Cochise”,
y el tema que no podía faltar, “Black Hole Sun”. También
hubo lugar para perlas de sus trabajos solistas, entre las cuales brilló
“Can’t change me”.
Un timbre
único, potencia sin desafinar nunca y un caudal que maneja con sabiduría,
son cualidades que hay que buscar en las clásicas voces del rock de
los ’70. No se puede dejar de pensar en que Cornell es el mejor heredero
que pueda tener Robert Plant en estos días. Y si queda alguna duda,
el tremendo cover de Zeppelin “Whole lotta love” lo confirma.
Ya poco
importa si se trata de grunge, si viene de Seattle o si usa camisas leñadoras.
Cornell es un cantante de los que cada vez hay menos, y fue un lujo poder
verlo en su plenitud.
Plan
B: reggae
Antes
que Chris Cornell, la oferta de bandas fue variada, y el escenario secundario
fue más protagonista que nunca. Mientras que en el principal, no había
nada original ni sorprendente (con actuaciones previsibles de Los 7 Delfines,
Monkey Business, Spinetta y Happy Mondays), detrás de la cancha de
hockey del Club Ciudad pudo verse una gran sucesión de bandas que sin
tanto glamour, pero con mucha música, acapararon una buena parte de
la atención.
Los uruguayos
Cuarteto de Nos calentaron el ambiente, y luego el reggae se apoderó
de la escena, con una excelente actuación de Dancing Mood, seguidos
por Los Cafres y culminando con el alter ego cafre en clave boricua, Cultura
Profética.
Durante
más de dos horas, fueron una excelente opción para escapar del
ruido del escenario principal. No tuvieron la misma suerte artistas de renombre
como Ed Motta y Fito Páez, que cayeron en la desgracia de tener que
tocar en la isla ubicada en frente del mismo. Una misión imposible,
que ya desde la jornada anterior había causado problemas de organización.
Hubo quejas
y desplantes por parte de Páez, quizás para reivindicar un poco
de su status de estrella de rock que fue antes; y que en ese escenario, con
tan poca gente y con tan mal sonido, quedó en el olvido. Habiendo tantas
cosas de qué quejarse en este Festival, y tantas otras que peligrosamente
caerán en el olvido, lo de Paez seguramente es lo menos importante.
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10/12/2007
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