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Balance
final del Quilmes Rock 2004
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar
El
cierre del Quilmes Rock 2004 estuvo a cargo de Los Piojos, el viernes 22 de
octubre. Con una convocatoria que le hizo competencia al domingo 10 (el de
la Bersuit, Ratones y Decadentes), sobreponiéndose a la amenaza de
lluvia y con un muy buen show, la banda de Palomar ofreció un show
largo, donde hubo lugar para todos sus hits. Ese mismo día, la Mississippi
se hizo fuerte con su blues de barrio, y Mimi Maura se dio el lujo de repetir
su show una vez más en el escenario principal.
Así
terminó un festival que durante nueve jornadas reunió a decenas
de bandas y solistas y convocó a miles de personas. Se escuchó
mucha música y muchas palabras se dijeron. Es tiempo de un balance
de lo que fue el festival de música más grande del año.
Con
el público en el bolsillo
No
fueron los que más público propio aportaron. Ni siquiera son
una banda de rock propiamente dicha. Así y todo, los Auténticos
Decadentes fueron los grandes protagonistas del festival. Sorprendieron el
sábado 2, cuando todo esto apenas levantaba vuelo, con una presentación
sorpresa junto a Todos Tus Muertos que sacudió el ambiente. Luego regresaron
el domingo 10 para hacer saltar hasta el agotamiento a un público bien
rockero, pero que los recibió como si fueran propios. Y culminaron
dándole una mano a la Bersuit, número principal de esa noche,
para seguir poniéndole diversión al barrio de Caballito.
Cucho,
Serrano y compañía demostraron que no tienen problemas para
adaptarse a cualquier tipo de audiencia (de reggae, rock), y que con mucha
profesionalidad y respeto por el público se pueden romper barreras
y etiquetas que molestan más de lo que aportan. Además, desplegaron
toda su parafernalia y hasta improvisaron sobre la marcha. En definitiva,
una banda infaltable para cualquier festival que pretenda ser un éxito.
En
la cresta de la ola
El
Quilmes Rock 2004 fue también una buena oportunidad para que bandas
consagradas ratifiquen que en la actualidad son de las más importantes
en cuanto a convocatoria y presencia. Así lo demostraron Los Piojos,
La Bersuit (más allá de cuestiones ideológicas que han
sido criticadas en su momento), Las Pelotas y Divididos. Las dos primeras
mencionadas, pueden llenar un estadio de Ferro por si solas, y eso es bastante
hoy por hoy. En lo musical, a Divididos se los ve cada vez más firmes,
y pocas bandas nacionales pueden ofrecer lo que Mollo & Arnedo brindan
en escena.
Desde
abajo
Con
las bandas recién mencionadas como modelo, otro grupo más joven
de músicos de a poco se abre camino y prometen ser los grandes del
mañana. Grupos como La Mancha de Rolando e Intoxicados no sólo
dejaron muy buenas actuaciones en el escenario principal, sino que además
han crecido mucho en el último año (si te toma como referencia,
por ejemplo, el Quilmes Rock del 2003) y aportaron un saludable aire fresco.
Kapanga va rumbo a ser otra de las bandas que todo festival debe tener. Por
su parte, Los Pericos dejaron en claro que no temen empezar desde cero, ahora
sin la presencia de su popular cantante el Bahiano.
Vigencia
de los clásicos
El
festival también respetó y dio lugares de importancia a los
próceres del rock nacional. Spinetta
y Fito Páez dieron el puntapié inicial el viernes 1º de
octubre, y si bien su música no pierde vigencia, su poder
de convocatoria y el show que ofrecen es más acorde a teatros que a
estadios de fútbol. León Gieco tiene una reputación tan
fuerte en el mundo del rock y entre el público joven, que podría
haber estado en cualquier día, tocando cualquier cosa, que igualmente
hubiese sido bien recibido. Su peso no se apoya tanto en géneros musicales
como en su mensaje y en su presencia.
Rata
Blanca nos hizo saber que su metal clásico ha superado el paso del
tiempo, que el sectarismo del heavy por suerte es cosa del pasado, y que seguramente
los seguiremos disfrutando por mucho tiempo.
Párrafo
aparte para el impredecible Charly
García, que dejó para el recuerdo el momento más alto
del festival: su presencia semidesnuda en la pasarela, solo con
su teclado debajo de la lluvia frente a sus más fieles seguidores que
no lo abandonaron cuando todo parecía terminar de la peor manera. En
vez de hacer del escándalo un show, dejó las posturas de rock
star malcriada para otro momento y demostró que su trono como rey del
rock argentino todavía le pertenece.
Deuda
externa
Con
respecto a la edición anterior, este Quilmes Rock propuso mayores presencias
internacionales, apuesta elogiable pero que no dio siempre el mismo resultado.
Los latinoamericanos fueron los que aportaron lo mejor: Molotov, Café
Tacuba (México) y Paralamas (Brasil) se ganaron un lugar en las preferencias
de los argentinos, y por eso se los vio cómodos y con buenos espectáculos.
Los
jamaiquinos The Wailers
arrancaron con todo y no llegaron a redondear la gran actuación que
prometían, ya que se retiraron del escenario de improviso
y todos se quedaron con ganas de ver más. La única banda norteamericana
del festival, The Offspring, no generó muchas expectativas y convocó
bastante menos gente que los grupos locales; algo negativo si se tiene en
cuenta que a los músicos internacionales no se los puede ver siempre
y que suelen tener gran convocatoria en Buenos Aires.
Es
la segunda vez que la organización apuesta al punk para traer artistas
internacionales, pues el año pasado fue Die Toten Hösen. Quizás
es tiempo de probar con algo nuevo, sumar a la banda punk que más importante
argentina, Attaque 77, y reservar la cartelera internacional para géneros
que tienen mucha demanda pero que no pudieron tener un día propio,
como el blues.
Los
que faltaron
Attaque
77 no fue la única ausencia notoria. Algunos tendrán motivos
ideológicos, otros económicos. Otros los dos al mismo tiempo.
Lo cierto es que La Renga y Los Redonditos prefieren seguir sus carreras por
fuera del circuito de festivales, y no se les puede cuestionar la decisión.
Con ellos el panorama del rock argentino hubiese estado completo. El ausente
con aviso fue Pappo, que era de la partida y se bajó porque sobre la
marcha modificaron su fecha y ya tenía fechas programadas en el sur
del país.
Confusiones
ideológicas
En
notas anteriores nos hemos detenido en aspectos políticos e ideológicos
confusos o contradictorios que músicos como León
Gieco o Bersuit
Vergarabat dejaron por su paso por
el escenario y la carpa de prensa. No vale la pena repetirnos sobre este tema,
quien quiera puede leerlo en las notas de cada semana.
Lo
que no se puede dejar pasar en este balance final, a la hora de hablar de
posturas ideológicas contradictorias, es la presencia en este festival
del Las Manos de Filippi y El Otro Yo. Ambas bandas fueron las principales
promotoras, hace unos meses, del Festirock Sin Marcas, evento supuestamente
contestatario realizado en oposición explícita a festivales
como el Quilmes Rock y el Cosquín Rock que auspicia Brahma. ¿Cómo
explicaron su presencia, entonces, en el estadio de Ferro? Según parece,
para ellos no hay contradicción alguna. Tocan aquí y allá,
a los disconformes los satisfacen con eslóganes inconformistas y anticomerciales,
y al público masivo le hacen el juego tocando como si nada. Negocios
son negocios, al fin de cuentas.
Una
organización cada vez mejor
Desde
que se hicieron públicas las primeras informaciones sobre la edición
2004 del festival, en Soles Digital elogiamos varias decisiones de la
organización que hacían preveer que este año el Quilmes
Rock sería mucho mejor. Se mejoró la programación
(más y mejores propuestas) y el lugar de realización (por ubicación,
capacidad y acústica, Ferro es superior a la cancha auxiliar de River).
Ya con el festival en curso, se comprobó que la seguridad, la puntualidad
en los shows y las facilidades a la prensa fueron también aspectos
decisivos para el éxito del mismo.
Con
todos los aspectos positivos mencionados –la mayoría–,
y a pesar de ciertas zonas grises, el futuro de festivales como este está
asegurado. El de este año fijó el standard bien arriba, ojalá
el año que viene se siga superando.
Notas
relacionadas:
Quilmes
Rock 2007
29/10/2004
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