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Luces y sombras del inicio del Quilmes Rock

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Spinetta - Paez
El Flaco y Fito juntos, el plato fuerte del primer día

Con una programa variado, marcados altibajos y muchas bandas para ver, comenzó el fin de semana pasado el festival Quilmes Rock 2004. Con un inicio clásico, un sábado de reggae y un domingo arriesgado en cuanto a la programación, estos primeros tres días marcaron un camino para los seis días restantes. Pero antes de anticipar lo que viene para el próximo fin de semana, repasemos lo visto hasta ahora.

Viejos conocidos

El momento culminante del viernes 1º de octubre, primer día del festival, se sintetizó en la copresencia de Luis A. Spinetta y Fito Páez en el escenario, para abrir el set del rosarino. Un puente ideal entre los dos platos fuertes de la noche, para el beneplácito de un público que no llenó el estadio pero que acompañó con cariño a estos dos clásicos del rock argentino.

Sin embargo, el estadio de Ferro pareció incómodo para ambos en sus respectivos shows. La nueva banda de Spinetta es más adecuada para teatros, lo mismo que sus canciones. Y Fito Páez tuvo el triste privilegio de inaugurar el apartado de berrinches por problemas de sonido, algo casi inevitable en festivales donde comparten escenario cinco grupos distintos en cuatro o cinco horas, y con un recambio de 15 minutos entre uno y otro. Pero a pesar de su pasajero mal humor, Páez sacó a relucir su experiencia y gracias a los aportes de Guillermo Badalá en bajo y los coros de Fabi Cantilo y Claudia Puyó, terminó la noche en buena forma.

¿Eso es todo, amigos?

En el sábado de reggae, la confusión se hizo dueña de un ambiente que por cuestiones obvias ya se olía algo distinto. El primer momento de perplejidad fue la presencia de La Mosca en una fecha que poco tenía que ver ellos, lo que provocó la indiferencia de la gente. Por suerte Los Cafres y Dancing Mood devolvieron a los fanáticos del reggae a su ánimo habitual. Mimi Maura evidenció cierto encasillamiento al depender de un par de hits de años pasados para mover a la audiencia, pero el público ama los estribillos y las frases conocidas y la falencia pasó desapercibida.

Hasta que llegó el momento esperado por todos: los míticos Wailers, la banda del fallecido Bob Marley, un hito fundacional del género. Todo estaba listo para que fuera la mejor noche del festival. El estadio casi colmado, el sonido cada vez más ajustado; incluso se dieron el lujo de tocar dos temas instrumentales al inicio para calentar motores antes de despacharse con los clásicos del legendario Marley. Y cuando el concierto alcanzaba su clímax, luego de una emotiva “No woman no cry”, de repente no quedó nadie en el escenario. Show terminado, sin siquiera un bis, un “adiós amigos”, nada. Las luces del estadio se prendieron, y la música fue reemplazada por chiflidos. Lo que prometía ser el mejor recital del Quilmes Rock hasta el momento, se convirtió en la decepción más resonante.

Algo más de nostalgia y otro tanto de política

Si los Wailers convocaron a casi 25 mil personas gracias a la memoria de Bob Marley, el fantasma de otro icono musical del pasado dominó el ambiente del domingo 3 de octubre. El recuerdo (también) mítico de Luca Prodan rondó el escenario principal, desde el inicio con Masacre hasta el final con Las Pelotas. Los de Sokol, Daffunchio y compañía lo afirmaron al comenzar con “Mi bandera”, de Sumo, para caer luego en los ritualizados momentos que tienen todos sus conciertos.

El domingo fue también un día de gestos políticos. Las remeras sirvieron de vehículo: zapatista en Las Pelotas, anti-Bush en Molotov. Insultos directos a los presidentes de turno también en boca de los mexicanos, que no definieron bien si estaban para divertirse y hacer desnudar a las chicas en el escenario o hacer campaña en contra del nefasto presidente norteamericano.

Con altisonancias políticas fue que León Gieco sostuvo su recital, frente a un público heterogéneo que respondió obediente a sus bajadas de línea efectistas que cada vez más caen en el cliché. Cliché que se convierte en contradicción cuando termina el concierto y Gieco charla con la prensa.

En el escenario Gieco canta a los “bandidos rurales”, homenajea a Rodolfo Walsh y a las Madres de Plaza de Mayo, elogia la desobedencia y la rebeldía; y todos festejan. En charla con la prensa, llama a apoyar abiertamente al gobierno –y lo dice cuando nadie le preguntó qué pensaba al respecto–, se pone obsesivo con las reglas, los horarios y el respeto a los vecinos. Defiende a Castells pero más aún a Kirchner. La rebeldía se apagó al apagarse las luces del escenario, para ser reemplazada por un sospechoso e innecesario oficialismo.

Gracias Pity

Pity Alvarez IntoxicadosPor suerte la tarde había comenzado con el Pity Álvarez y sus Intoxicados, que ofrecieron el show más auténtico y la actitud más coherente hasta el momento. Para ir en contra del narcisismo de las estrellas de rock, Pity cantó casi todo el recital en el fondo del escenario, junto a la batería. Y nada de bajadas de línea en sus letras: los Intoxicados no exaltan la marginalidad, la describen por convivir con ella. No es algo con lo que hacen bandera política, es lo que viven como propio.

Mientras León Gieco usa la lucha del Padre Mujica en las villas para levantar aplausos, Pity canta “no tengo gas, no tengo luz” en “Departamento deshabitado”; o cuenta un altercado con la policía en Ciudad Oculta en “Una vela”. Dura cotidianeidad de la que otros están cada vez más alejados. Los Intoxicados no se regodean en alabar la desobediencia, la practican. Tocaron más de lo debido; y a la hora de hablar con los medios, el Pity fue el único que cuestionó a la empresa organizadora por el doble mensaje de incitar a consumir cerveza permanentemente pero no venderla en el estadio. “Si va a ser así, que auspicie una marca de chocolatines, que chocolate comemos todos”, dijo antes de que alguien pudiera preguntarle algo, y aclaró que no quería tener nada que ver con el perfil comercial del evento.

Cansado de las letras zapatistas y las reivindicaciones por los aborígenes importadas de México, cerró diciendo que si bien le hubiese gustado que en el pasado no se mataran indios, su preocupación es “que no maten a mi vecino en Lugano, que en cualquier momento lo matan, o lo están matando ahora”.

Lo que viene

Este fin de semana tendrá solo dos fechas. Se repite la programación festiva para los días sábados, con los Babasónicos, Catupecu Machu y Kapanga el 9 de octubre. El domingo 10, uno de los pesos pesados del festival, Bersuit Vergarabat, seguramente llenará el estadio gracias a su exitosa actualidad; acompañados por los Ratones Paranoicos, los Auténticos Decadentes y la Mancha de Rolando.

Para más adelante, los peces gordos serán Divididos (viernes 15), los norteamericanos The Offspring (sábado 16), Charly García (domingo 17) y un cierre fuerte con Los Piojos (lunes 18).

8/10/2004

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