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Quilmes Rock 2004

La lluvia sacó lo mejor de Charly García

Frente a la adversidad, el impredecible García dejó de parodiarse a sí mismo y demostró por qué es el más grande de los rockeros argentinos.

Por Mariano García
@solesdigital

Charly García

La lluvia sacó lo mejor de Charly García el pasado domingo 17, en otro fin de semana de rock en el estadio de Ferro. Desde el principio, todo parecía indicar que la esperada presentación de Charly iba a repetir escándalos de festivales pasados. Cuarenta minutos de demora en el inicio –algo totalmente desubicado dentro de un festival que se caracteriza por el orden y la puntualidad– fue apenas el comienzo de la ya conocida demostración de divismo a la Say No More.

Hasta el momento, las fallas de sonido habían causado ligeros malhumores en músicos como Fito Páez o Babasónicos. Pero García es capaz de llevar esas reacciones al absurdo.

Charly rompió cables, tiró instrumentos y micrófonos, se valió de un ejército de asistentes para que vayan detrás de él para arreglar lo que constantemente destruye. Armó un caos controlado en el cual cambiaba constantemente entre pianos y guitarras que indefectiblemente terminarían volando hacia los brazos de algún plomo. O tiraba su zapatilla una y mil veces para que algún sufrido asistente tenga que ponérsela como cenicienta.

Charly GarciaEn medio de todo esto, su talento le permitía improvisar al piano, sacar lo mejor de los músicos que lo acompañan, y divertir al público. Porque hay una suerte de contrato no escrito entre Charly y su gente. Él es capaz de llamarlos súbditos, y hacer todas las escenas de histeria concebibles, que ellos se divierten igual. No se puede entender la conducta de García, y la respuesta de su audiencia, si no se lo toma como lo que es: una parodia a las estrellas de rock. De otro modo, sería insoportable seguir sus shows. Es capaz de quejarse de tener que tocar con grupos soporte, teniendo a los Paralamas arriba del escenario como invitados –que fueron quienes tocaron antes que él–, e incluso ir y saludarlos luego frente a todos.

Hasta que llegó el momento que puso las cosas blanco sobre negro y por suerte dejó la parodia de lado. Cuando el recital estaba por terminar, quizás con dos temas restantes por tocar, se largó una torrencial lluvia que hizo que la mayoría de la gente se retirara del estadio. Si uno se tomara en serio la conducta de García, lo más lógico hubiese sido esperar que levantara todo y se fuera. Pero la lluvia lavó el escenario de falsas posturas y sacó lo mejor de Charly. Ante la adversidad de tener que tocar bajo el agua y frente a casi nadie, solo los más fanáticos, García se puso el traje de gran profesional que es y siguió tocando mucho más de lo planeado.

El mensaje pareció ser “si esto se termina antes, es porque yo quiero, no por la lluvia o porque algunos se vayan”. Y si antes no podía tocar sin su zapato, con la lluvia en su momento más fuerte decidió exponer su esquelética figura en la pasarela del escenario, fuera de la protección que le brinda el techo, y cantar sin remera para compartir la situación con sus fieles seguidores. Y, por supuesto, olvidarse por completo de una lista de temas que solo estaba para ser burlada, y continuar hasta bien pasada la medianoche para darle al público lo que merecían por haber pagado la entrada y aguantarse todo. La lluvia lo hizo posible: Charly dejó de pariodiarse a sí mismo, y justificó por qué es el más grande rockero argentino.

El resto del domingo

DanteAntes, los Paralamas sorprendieron gratamente al demostrar que la incapacidad motriz de su cantante no los amedrenta si tienen que tocar en estadios. Sin despliegue físico pero con un sonido ajustadísimo, canciones populares y acertadas secciones de vientos y percusión, volvieron a la carga en su propuesta musical-conceptual de dejar de lado las rivalidades entre argentinos y brasileños para apuntar a la grandeza regional. Como yapa, se dieron el gustazo de “Rap de las hormigas”, de Charly García, como antesala de éste último y frente a su público, que les brindó apoyo y aceptación contantemente. El carisma del cantante Heber Vianna sobrepone la limitación de la silla de ruedas, y en consecuencia todos bailaron.

El domingo 17 también fue uno de esos días donde los escenarios auxiliares le hicieron la competencia al principal. De esta manera, Fabiana Cantilo, Emme, Dante Spinetta y Javier Calamaro fueron una opción para muchas personas que los prefirieron frente a Vox Dei, Turf e Hilda Lizarasu.

Sábado de metal y punk

El sábado 16 tuvo como gran atractivo –a priori– a la única presencia norteamericana del festival: The Offspring. Sin embargo, los números en convocatoria no acompañaron, aunque el nivel socioeconómico de quienes asistieron ese día se apreciaba bastante más alto que el promedio de lo que va del festival. Muchos adolescentes en autos caros y chicos de colegio secundario que preguntaban la hora para saber cuándo los padres los pasarían a buscar se reunieron entonces para hacer mucho pogo y liberar tensiones de la semana, en un apretado show que ofreció más de 20 temas en poco más de una hora.

Pero el mejor show de ese día fue Rata Blanca y su clásico metal rock que no acepta el paso del tiempo y sigue haciendo cantar a públicos cada vez más amplios. Sin sectarismos ni egos inflados, la banda liderada por el veloz guitarrista Walter Giardino se mostró unida, hicieron divertir y dejaron como saldo una de las mejores químicas en escena vistas hasta el momento.

El viernes de las confirmaciones

El viernes 15 había abierto el fin de semana que pasó con varias confirmaciones. Primero: Los Pericos pueden sobrevivir sin el Bahiano como voz cantante. Segundo: los mexicanos Café Tacuba mantienen su vigencia en nuestro país, y junto a Molotov son las bandas de ese país que mejor han llegado al público argentino. Tercero y fundamental: Divididos sigue siendo la concentración de rock más potente del rock nacional. Es para destacar la variedad en la interpretación y la ya conocida solidez en el sonido de Mollo & Arnedo, que además fueron el pico más alto en convocatoria en estos tres días reseñados.

Pappo: ausente con aviso

Para la jornada de cierre del viernes 22, hay que aclarar que Pappo se bajó del carro porque tenía confirmada una gira por el sur del país. La fecha original iba a ser el lunes 18, pero los vecinos de Caballito pidieron clemencia ante tanto rock amplificado y lograron tener una semana laboral más silenciosa. Por eso, la fecha se pasó para el viernes. Hombre de palabra el Carpo, prefirió no defraudar a su séquito de fans de Comodoro Rivadavia, a pesar de que eso implique perderse una audiencia de más de 20 mil personas en el festival más importante del año. Un gesto para aplaudir.

El gran beneficiado en este enroque será Flavio Cianciarullo, ex bajista Cadillac que sube puestos para presentar en grande su nuevo trabajo, “Cachivache”.

22/10/2004

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