Música

NovedadesArchivo

Festival Viaje de Agua Vol.2
PONCHO
Chuck D
Regina Spektor en el living GEBA

Por Verónica Stewart
veronicamstewart@gmail.com

Hace frío en GEBA. Hace frío y casi una hora pasadas las 9.30pm el escenario está vacio. La gente se impacienta, la argentinidad al palo del público no puede evitar contrastar con lo tranquilo del género que están viniendo a escuchar y se empiezan a hacer presentes los “ole, ole ole ole, Regi, Regi” que tan bien conocemos. Jack Dishel, el cantante de la banda estadounidense Only Son, ya hizo de telonero. Pero es con su mujer, Regina Spektor, con quien miles de personas reunidas esta noche del 6 de abril tienen una cita.

Y es que la cantante nacionalizada estadounidense pero nacida en la Rusia Soviética, de donde tuvo que escapar por el galopante antisemitismo, presenta su último disco “What we saw from the cheap seats”. El mismo cuenta con canciones como “Don't leave me now” (cuya vesión original es en realidad de Songs, un disco de 2002) y “All the rowboats”, entre tantas otras que lo hicieron un disco muy aclamado del pasado 2012. Desde su última vez en la Argentina, el Gran Rex le quedó chico y hoy miles de fanáticos esperan para escuchar su voz, esa voz que suena tan fuerte y clara que uno casi puede verla haciendo piruetas en el escenario, saltando hasta las notas más altas y cayendo con elegancia a las más graves.

Unos chiflidos y silbidos más tarde, Spektor finalmente se hace ver. Simplemente camina al escenario y sonríe ante las ovaciones de la gente con esa expresión tan tierna que la identifica, como a quien le cantan el feliz cumpleaños miles de desconocidos y no sabe sino sonreír tímidamente. Y luego canta. Y en ese momento, en cuanto abre la boca y con ese simple gesto, silencia a una multitud que segundos atrás gritaba inquieta. En cuanto la primer nota electrifica el micrófono y explota en los parlantes, se hace evidente que la espera valió la pena.

Luego de dar comienzo al recital con “Ain't no cover”, una canción a capella tan dulce como su porte, se sienta en el piano riendo otra vez esa risa tan suya, humilde y todavía incrédula aún después de tantos años de reconocimiento. “Comí mucho dulce de leche, no creo que pueda cantar”, dice a modo de saludo. “Me debería haber puesto un vestido más grande”. GEBA ríe, ella también, y sin más preámbulo, se adentra en las entrañas de ese piano que ya funciona como una extensión de su cuerpo. “On the radio” es el primero de los tantos temas emblemáticos que toca, entre los que también se encuentran “Samson”, “Us”, “Hotel song” y “Fidelity”. A lo largo del recital, no sólo toca temas de su último disco, sino que navegará hasta Soviet Kitsch de 2004 y tocará dos de sus canciones, “Ode to divorce” y “Sailor song”. Tampoco falta una canción en ruso y otra con su marido Dishel, “Call them brothers”.

Así opera Regina: encantadoramente tímida frente a un público, ferozmente profesional frente a su piano. Y es que da la sensación de que el público casi desaparece en su mente mientras toca: es tal la concentración que le dedica a cada tema que parece justo afirmar que se adentra en el universo contenido en cada una de sus notas. Ella misma asegura que necesita dedicarle su tiempo a cada canción, que necesita de su espacio con ella. Hilando fino uno descubre incluso que sus movimientos al cantar de pie son como de reverencia, muy similares a los que se hacen al rezar en las sinagogas.

Tan compenetrada está en su música que se mueve al compás de ella dándole una dimensión prácticamente religiosa. Sus cuerdas vocales son como plastilina, juega a crear las formas que le plazca con ellas. Su apellido, Spektor, resulta curiosamente adecuado cuando se piensa en todo el espectro de notas por el que su voz puede pasar. Ese acto que parece tan complejo por ser tan hechizante es natural para ella. Simplemente canta. Y simplemente es la palabra justa: en un mundo de la farándula en el cual las artistas musicales deben maquillarse hasta perderse en el pintalabios en vez de en la música, y necesitan de los fuegos artificiales y los espectaculares shows de luces, entre otras excentricidades, una artista como Regina Spektor se destaca. Se destaca porque no necesita condimentos de ningún tipo: su arte basta y sobra. Se destaca porque donde el playback es moneda corriente, ella suena mejor que en sus discos, y porque mientras tantas otras artistas se pasan la vida trabajando para verse casi esqueléticas, ella empieza el recital declarando su amor por el dulce de leche. Cuando Regina toca, uno se siente en confianza como para llamarla por su nombre, como si fuera una tía tocando en el living de la casa en una reunión familiar. Ella y el piano son uno, y en ese dialecto que comparten el mensaje que se interpreta es uno de paz, de calma.

Pocos momentos en el día a día son sólo sobre ese momento. La mente humana tiene esa capacidad increíble, pero no por eso agradable, de clonarse y estar en infinitos lugares al mismo tiempo. Spektor reduce ese número a uno, al aquí y al ahora. Pocos artistas tienen la capacidad de crear ese paréntesis que ella crea, ese momento en el que uno se siente suspendido por sobre las sillas de un predio en Buenos Aires. Y tal como ella parece estar fuera de sí y dentro de la canción que toca cuando lo hace, saca al público fuera de sí y lo introduce en ese mundo de creatividad lírica y originalidad musical que construye y fortifica día a día.

10/4/2013

www.solesdigital.com.ar

Lo más visto de Música
Indio Solari Ed Sheeran Living Colour