| Roger
Waters en Argentina – Estadio River Plate
Un
pedazo de la historia
Por
Sergio Visciglia
svisciglia@hotmail.com
El
ex líder de la histórica banda Pink Floyd llegó al
país por segunda vez, en el marco de su gira mundial “The dark
side of the moon”, en la cual rememora aquel clásico álbum
de los ´70, entre otros grandes éxitos. Un show dividido en
tres actos, donde el magnífico sonido junto a la impactante presentación
audiovisual resultaron ser el decorado perfecto para acompañar a
las geniales canciones del legendario grupo inglés.

Una mano
se entromete en lo que parecía la escenografía. Toma el vaso
de whisky, arroja las cenizas de su cigarrillo, y cambia el dial de la vieja
radio. Escucha 5 o 6 temas de época pero no se convence. Algo mejor
está por venir. Lo mismo piensan las 50 mil personas presentes en el
Estadio de River Plate. No se equivocan: exactamente a las 22:07 del pasado
sábado 17 de marzo, Roger Waters aparecía en un estadio porteño
por segunda vez en la historia, en este caso como parte de su gira mundial
en la que rememora el histórico “Dark Side of the Moon”
(1973) de aquella inolvidable banda llamada Pink Floyd.
Grandes
éxitos
Los acordes
de “In the flesh” ya consiguen erizarle la piel a más de
uno. “Esto es histórico”, es tal vez la frase que más
se escuche entre el público durante la noche. Un simple “gracias”
fue el saludo del bajista de Pink Floyd, y rápidamente “Mother”
comienza a entrometerse en los deseosos oídos de la gente. “Madre,
¿debería construir un muro? / Madre, ¿debería
presentarme a presidente?”, pregunta Waters con tono irónico,
y los silbidos generalizados son una clara y terminante respuesta.
La primera
parte del show se centraría en una hora y media de recolección
de grandes éxitos más un tema nuevo llamado “Leaving Beirut”.
La pantalla central comienza a tomar protagonismo (que tendrá su cresta
en las partes más psicodélicas del “lado oscuro”),
y el despliegue audiovisual pasa a ser una de las estrellas de toda la noche
(con fuegos artificiales que acaloraron a todo el estadio) junto al excelente
sonido cuadrafónico que otorgaba sorpresas enriquecedoras desde cualquier
parte del estadio (bombas y más bombas retumbaban en “Sheep”
por un lado, y por el otro, las risas desde los costados en “Brain damage”
resultaron estremecedoras).
“Shine
on you crazy diamond” resulta sencillamente conmovedora. Las imágenes
aportan aun más, mostrando a la banda en tiempos gloriosos, y más
que nada a aquel diamante loco llamado Syd Barret. “Wish you where here”
le otorga el broche de oro.
Sobre
el cierre de la primera etapa llegaría un bloque con letras politizadas:
“Southampton Dock”, “The Fletcher memorial home”,
“Sheep” y “Leaving Beirut”. La primera y la segunda
con ruidos y efectos marítimos y bélicos referentes a la guerra
de Malvinas e imágenes de los nefastos Galtieri, Reagan y Tatcher;
la tercera con cerdo inflable incluido sobrevolando el estadio con inscripciones
que para algunos pueden resultar un tanto demagógicas como “¿dónde
está Julio López?”, “encierren a Bush antes de que
nos mate a todos” o “nunca más”; y la cuarta basada
en un viaje de Waters a medio oriente a los 17 años, con la letra redactada
en la pantalla central, la cual gozaba de una altísima definición.
Dark
side of the moon
La luna
en la pantalla se agranda cada vez. Los ruidos se hacen más familiares.
La piel se eriza cada vez más. El sueño de muchos se hace realidad.
Son cuarenta y pico de minutos que hacen sumergir a todos dentro de aquel
inoxidable y magnífico álbum. Todo muy cuidado, ni una nota
parece escaparse de aquel sonido original. No hay lugar aquí para la
improvisación. Todos parecen estar escuchando el disco tal cual era,
pero lo están viendo, y las psicodélicas imágenes que
acompañan a las canciones provocan la mejor combustión.
El guitarrista
Dave Kilminster se encargó de cantar correctamente “Breath”
y “Money”. La cantante Carol Kenyon se lució con su voz
en "Great Gig In The Sky", y el otro guitarrista, John Carin, tomó
el lugar de David Gilmour en “Us and Them”.
Los relojes
de “Time” rechinaban en los cuatro costados y el final fue impactante
con la excelente “Brain Damage” y “Eclypse”. El famoso
prisma comienza a girar y la luz, blanca por un lado y multicolor por el otro,
alumbra el estadio y maravilla a todos. La frase “¡es histórico,
es histórico!”, se sigue escuchando por doquier. Todos felices.
El
final
Un poco
más faltaba, una pequeña parte de otra obra cumbre de la vieja
banda: “The Wall” (1979) para completar las casi tres horas de
show.
Un grupo
de adolescentes del colegio River Plate con remeras que llevaban la leyenda
“El miedo construye paredes”, subió al escenario para tener
una dudosa participación en “Another brick in the wall”
(único tema en toda la noche que tuvo un pequeño pogo). Al terminar,
uno por uno saludó al músico, que se muestra ahora mucho más
agradable y amistoso con sus fans y con el mundo masivo. Siguieron “Vera”,
"Bring the Boys Back Home", y llegó el final preciado. Un
momento inigualable y emocionante como pocos. Sensaciones entremezcladas que
alcanzaron ese brillo en el alma de todos los presentes. “Confortably
numb” fue el cierre perfecto.
Roger
Waters agradeció una y mil veces, le dijo al público que era
maravilloso y saludó una vez más. Atrás quedó
que el escenario esté tan bajo que pareció diseñado solo
para la gente del campo vip. Grandes y chicos vivieron tres horas inolvidable
y por un momento hasta se sintieron muy cerca de aquella vieja y revolucionaria
banda. La voz del bajista de Pink Floyd aun se mantiene a la altura de las
circunstancias y su banda acompaña con una performance más que
aceptable siguiendo al pie de la letra las notas y los acordes. El sonido
envuelve y brilla. La pantalla y los efectos maravillan. Y todos juntos llevaron
el fin de semana a cien mil personas a un viaje sin igual.
20/3/2007
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