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Ron Carter, por segunda vez en el Teatro Coliseo

Improvisación sin pausas

Por Mariano García
@solesdigital

La cita anterior del legendario contrabajista de jazz Ron Carter con el público porteño había sido exactamente hace tres años. En el mismo mes, abril; en el mismo teatro, el Coliseo; con los mismos músicos en su cuarteto; y hasta con el mismo invitado, Adrián Iaies y su trío. Aparte de que llegó con un nuevo disco (“Stardust”), ¿se podía esperar algo diferente?

Para sorpresa y agrado de quienes el domingo 13 de abril concurrieron a su concierto, la respuesta a la pregunta anterior fue afirmativa. Porque a cargo del show estuvo un maestro del género, que entiende los standards de jazz de modo libre y desestructurado; y por lo tanto las posibilidades de caer en reiteraciones fueron mínimas.

Desde el inicio del recital, y durante una hora exacta, Carter y su banda tocaron sin hacer pausas, ni anunciar los nombres de los temas, ni saludar; apenas cada uno se tomaba un descanso mientras algún otro se encargaba de un solo. A los oídos del público, fueron 60 minutos corridos de improvisación sobre composiciones propias y standards de jazz, donde no importaron los títulos, autores o los discos en los que se incluían las canciones. Sólo música, en un continuum de brillantes interpretaciones y notable entendimiento de conjunto.

La percusión de Steven Kroon se encargó de colorear el ambiente con distintos matices y detalles étnicos, mientras que el piano de Stephen Scott agregaba con su toque clásico vuelo y dinámica durante las largas improvisaciones. Ambos coinciden en un coqueteo con la bossa nova, y es uno de los momentos más deliciosos de la noche. Y Ron Carter sienta las bases sonoras, dirige, ordena y orienta el talento de sus compañeros; apoyado en un excelente dominio de la técnica del walking bass. Desde su logilínea figura, que se complementa armónicamente con la de su contrabajo, demuestra la gran concentración y experiencia que son necesarias para dirigir una hora ininterrumpida de improvisaciones.

Los temas se suceden uno tras otro, y dentro de ellos los solos pasan por todos los instrumentos. Carter es generoso con el espacio que les da a sus acompañantes, y todos comparten aplausos. Luego de cincuenta minutos, el clásico de Miles Davis “All Blues” es reconocido de inmediato por la audiencia, y despierta una ovación contenida dentro de la seguidilla de standards. Se cierra el largo set, Ron Carter presenta tímidamente a sus músicos y se despide con el tema “Blues in the closet”, del disco “Bass and I”.

A la hora de los bises, se repite el ritual de la vez anterior. El público pide más; el cuarteto vuelve y regala cinco minutos adicionales. Al finalizar las luces se prenden, algunos desprevenidos ya se retiran; y Carter y compañía regresan por segunda vez, tomando a muchos por sorpresa en los pasillos del teatro. Y se agregan otro quince minutos, ya totalmente fuera de programa, por el solo gusto de tocar.

Adrián Iaies, un viejo conocido

El destacado pianista argentino Adrián Iaies tuvo el privilegio de ser por segunda vez el número de apertura de Ron Carter (a quien reconoció como gran influencia). Se presentó junto a su trío, compuesto por Fernando Martínez en batería y Arturo Puertas en contrabajo. Con su ya conocido y aclamado cruce de tango y jazz, interpretó dos temas del disco “Las cosas tienen movimiento”, “Volver” y “Caminito”. Luego un tango compuesto para su hija, “Valcesito para una rubia tremenda”, y cerró con un arreglo de “Caríssimo” de Ástor Piazzolla; ante una excelente respuesta del público.

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