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Monsters Metal Rock
Monstruosa
agresividad
Por
Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Sábado
13 de enero. Presentación de Sepultura junto a Skin Culture, Ian, Renacer,
Razones Conscientes, Bruthal6, Shannon’s Dead, Brocken. Mega Estadio
Argentinos Juniors, Guttemberg 350, Capital Federal.
El Monsters
Metal Rock fue rápido, fuerte y demoledor. El paso de una
banda a otra era tan veloz como la propia música que tocaban y la estridencia
del sonido era tan pesada como el propio público.
Unas
tres horas antes de la apertura los primeros esbirros del heavy metal, ya
se aproximaban al Mega Estadio Argentinos Juniors. Pocos pero fieles, soportaron
al calor de la tarde el retraso de al menos una hora y media, que tuvo el
comienzo del encuentro. Finalmente cuando el estruendo de poder metalero fue
iniciado parecía nunca detenerse.
Primeras armas
El primer
ataque vino de la mano de las desafinadas estridencias de Shannon´s
Dead. Con muy poca audiencia el grupo hizo lo que pudo por dar una
acertada apertura al recital. Tocaron un par covers como "Pet Sematary"
(Ramones, Brain Drain, 1989) para tratar de levantar al público,
que seguía llegando pero que nunca terminaría de llenar el estadio.
Así
se dio paso a la siguiente formación. Brocken presentaba
algunos arreglos básicos en una música muy cercana al puro ruido.
El vocalista se entusiasmaba y trataba de contagiar al resto de sus congéneres
metaleros, pero para el estallido aún faltaba tiempo. “Hay un
montón de gente” se gritaba desde el escenario, pero debajo solo
había unos pocos y apostados en las gradas otros tantos. Igualmente
ya había ánimos de pogo.
Hasta
aquí se podría entender que el heavy metal es una música
poco elaborada sostenida en distorsiones forzadas y voces ásperas.
Pero esto es tan solo lo que estas primeras bandas parecieran entender por
trash metal. En la misma línea cae Bruthal6. La puesta
en escena es lo más llamativo de esta agrupación. Rostros maquillados,
vestuario de gladiadores futuristas y coordinación coreográfica.
¿Su música? Bien gracias. Su versión de “Smell
like teen spirit” (Nirvana, Nevermind, 1991) si bien es una
degradación del clásico, también puede tomarse como un
homenaje al sonido que ha inspirado a este tipo de bandas a forjar sus primeras
armas en el fuego del metal.
Marcadas
las 19.30 no se ven aún verdaderos monstruos en el escenario. Solo
unos aprendices de warlock que con esfuerzo llegaran a bestias. Por lo pronto
les falta evolución artística.
Descontrol
La tarde
va dando paso a la oscuridad de la noche y con ella cae uno de los primeros
verdaderos monstruos. Skin Culture arranca con un ritmo más
elaborado. El vocalista Shucky Miranda hace sus propios coros impostando la
voz y se ocupa de agradecer continuamente la invitación al encuentro.
Temas como “Evolution” y “Faith” sacuden al futuro
campo de batalla, que espera por el evento principal.
A las
20.20 hace su entrada Renacer y un duro poder es descargado
sobre la audiencia. “Hoy como ayer” hace que una parte adormecida
del público se ponga de pie y con "La espada sagrada" (Riff,
VII, 1985) el monstruo renace. No se ve un estadio lleno, pero ya no somos
pocos.
Las pesadas
falanges del metal más reciben y más esperan. Ian se hace escuchar
fuerte y claro apenas llegadas las 20.50. No se trata ya de voces tan forzadamente
toscas como incomprensibles. La buena vocalización de la banda demuestra
que no es necesario romperse la garganta a gritos para ser pesado. El grupo
se arriesga introduciendo en uno de sus temas un sacramental canto gregoriano,
asentando así su estilo lírico de temáticas míticas
y ritmo arrollador. “Héroes sin nombre” se destaca entre
el repertorio elegido para esta presentación. “Bajo Control”
(Rata Blanca, Entre El Cielo Y El Infierno, 1994) descontrola por
primera vez al Mega Estadio, haciendo sentir el aguante del público.
Razones
Concientes se presenta a las 21.40. Se afianza el estilo que conjuga
a los monstruos. A pura velocidad sonora esta banda independiente levanta
a quienes llama “esa tribu”, para que pogueen anticipando el agresivo
show que ya no podía demorarse más.
Violenta Sepultura
Alrededor
de las 22.00, desenfundada su guitarra en mano, hace su aparición Andreas
Kisser y el campo estalla. Se acomoda Jean Dolabella en la percusión,
Paulo Jr. en el bajo y cerrando filas Derrick Green avanza al frente. Entonces, Sepultura arremete con furia a la masa multiforme de cuerpos
descontrolados, que golpean unos contra otros. El pogo recibe el calor del
grupo y lo devuelve hecho fuego.
La actitud
de Green sobre el escenario es imponente y su voz es fuerte sin necesidad
de agravarla o impostarla para darle rudeza. La batería de Dolabella
parte la nuca, cada golpe parece querer desgarrar los cimientos del estadio.
El bajo de Paulo es un instrumento lacerante que sigue dando más y
más. En tanto que Kisser es imparable. Hace arder cada acorde transmitiendo
una energía que vitaliza a sus desenfrenados sicarios. Les da tanto
poder que no pueden evitar desbordar en saltos, gritos y golpes para acompañar
cada fogonazo sepulturero.
Suenan
los nuevos temas de Dante XXI, el último trabajo de Sepultura. Estas
nuevas líricas inspiradas en la Divina Comedia y en la propia vida
de su autor Dante Alighieri, (1265-1321), retumban en la audiencia, que les
da su beneplácito. Sin defraudar a los “Sepultura’s old
school fans” como los llama Green, se ejecutan clásicos tales
como “Territory“, con los que es imposible evitar rememorar épocas
pasadas que ya no vuelven. Aquellos años en los que dos Cavalera
se juntaban y Sepultura era otra banda.
Cerca
de las 23.00 se da la estocada final. Es ahora o nunca. Si algo estaba por
ser, es hora que sea. Pogo a full. Después, de esto ya no habrá
nada. “Roots Bloody Roots” es elegido para acabar una contienda
rítmica entre público y bandas, que se entrelazan en la música
y se vuelven una misma arma despiadada de heavy metal.
Abandonando
el Mega Estadio la noche se ofrece como refresco. La tribu ya tuvo su encuentro.
Ahora dispersándose cientos de remeras negras se reintegran de a poco
al pulso ciudadano. Mañana nacerá otro día, pero hoy
se le dio Sepultura.
17/1/2007
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