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Shalil Shankar junto a Luis Salinas en el ND/Ateneo

Una jam session multicultural

Por Mariano García
@solesdigital

Shalil Shankar

Género puro o fusión, esa fue la cuestión de la noche del sábado 5 de junio en el teatro ND Ateneo, cuando el prestigioso músico Shalil Shankar se presentó por tercera vez en Buenos Aires.

Un recital que en realidad fueron dos. El primer set, de música clásica de la india, con cuatro composiciones tradicionales que se extendieron por una hora. Junto a su compatriota Mohinder Singh en tabla y el argentino Adrián Cainzos en tempura, el la sitar de Shankar ofreció las características ragas indias en estado puro, con sus hipnóticos y sugerentes colores. Música desestructurada, etérea, difícil de aprehender para el oído occidental no familiarizado. La figura de Shankar y su sítar dominaron en esta primera parte el escenario, con Cainzos acompañando respetuosamente y Mohinder Singh entrando en calor para la segunda del espectáculo, que lo tuvo como gran protagonista.

Luego de la primera hora, Shankar se dirigió al público en un esforzado inglés que casi todos entendieron, para introducir al invitado de la noche, el guitarrista Luis Salinas. Una presentación larga y afectuosa, en la que el ilustre indio aclaró que nunca habían tocado juntos. Es más, explicó que era la primera vez que tocaría junto a una guitarra de jazz, por lo que lo que estaban por hacer era nada más y nada menos que improvisación, una jam session multicultural. O como lo bautizó Shankar, el “Experimento Indiatina”

Y entró Salinas con su guitarra acústica. El primer entendimiento, y el más fructífero de la noche, se dio entre el guitarrista argentino y Mohinder Singh. Empezaron “zapando” ellos dos solos. Salinas proponía, Singh traducía a su propio lenguaje musical, y Shankar los estudiaba; en silencio al principio, para luego sumarse a la propuesta planteada por los dos primeros. Los mundos de Shankar y Salinas comenzaron entonces a cruzarse, gracias a un atributo fundamental que tienen en común: Shankar se relaciona con las cuerdas de su instrumento mediante la espiritualidad, no el virtuosismo o habilidades estridentes; cualidad compartida por el autodidacta Salinas.

“No puedo tocar mejor porque no traje turbante”, dijo el guitarrista experto en fusiones luego de la primera ovación que generó este experimento, en alusión al atuendo característico de su compinche musical Mohinder. Las tablas fueron también el puente para que ingresara Alejandro Tula con su bombo, y agregar el folklore argentino a lo que hasta entonces eran ragas jazzeadas. El espíritu de la Telesita y algo de candombe surgieron de las improvisaciones de Tula y Salinas, para que las aguas sagradas del Ganges desembocaran definitivamente en el Río de la Plata.

En la primera hora, se vio la ortodoxia musical india y Shalil Shankar fue el protagonista indiscutido. No todos pudieron comprender las sutilezas planteadas y algunos hicieron muestra de cierto aburrimiento. Con Luis Salinas llegó la acertada “contaminación” genérica y estilística, y entonces fueron unos pocos puristas los que se retiraron de la sala. Y como pivote de la fusión las tablas del talentoso Mohinder Singh, quizás quien mejor comprendió la unión entre dos culturas que a partir de esa noche no están tan alejadas.

11/6/2004

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