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Wayne
Shorter Quartet en el Gran Rex
Un genio de
la alquimia jazzística
Texto
y fotos: Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Cuando
hace más de un mes anunciamos en Soles Digital la llegada de Wayne
Shorter y su cuarteto a Buenos Aires (ver
nota), anticipamos que además de esperar a un Shorter
más jazzístico, había que estar dispuestos a ser sorprendidos.
Por suerte,
eso fue lo que pasó el pasado miércoles 28 en el Gran Rex. Con
ese plusvalor que sólo tienen unos pocos elegidos, a los 71 años
esta leyenda del saxo se las sigue ingeniando para ofrecer propuestas vanguardistas
y renovadoras dentro de un género donde, si no fuera por genios como
él, todo parecería ya haberse inventado.
Como
respaldo, el saxofonista llegó con un disco reciente, “Beyond
the sound barrier” (Verbe, 2005), en el cual podría preverse
la calidad de la propuesta. Pero lo que era absolutamente impredecible era
cómo esas composiciones iban a ser presentadas para el público
en vivo. Gracias a una dinámica de improvisación en conjunto
aceitada a la perfección, el saxo tenor fue una pieza más dentro
de la máquina sonora ideada por Shorter, que se completa con Danilo
Pérez en piano, el inefable John Patitucci al bajo, y la sorprendente
batería de Brian Blade.
Poco importó
si los temas eran nuevos o viejos. De hecho, en ningún momento se anunciaron
las piezas interpretadas. No hubo ni explicaciones ni presentaciones, de hecho
las palabras no intermediaron en ningún momento entre los artistas
y la audiencia. Sólo el universal lenguaje de la música para
comunicarse entre ambos.
Los que
estén más familiarizados con el repertorio de Shorter, habrán
identificado con mucho esfuerzo algunas de las piezas, como la que da nombre
al último CD; o versiones acústicas más ajustadas de
temas del disco “High life” (que tenía un sonido funk/fusión
típico de los ’90, bajo la impronta de la producción de
Marcus Miller).
En
todo caso, los temas eran simples motivos sobre los cuales llevar a cabo la
verdadera intención del cuarteto, que fue la de desarrollar un concepto
de improvisación nuevo, basado en el entendimiento del conjunto más
que en la alternancia de solos y virtuosismos. Una forma distinta de hacer
free jazz, donde la melodía y los solos no sobrevuelan las bases rítmicas,
sino que encajan a la perfección unos con otros. Esto, gracias a dos
factores fundamentales: el desprendimiento y humildad de Shorter como líder,
que da espacio a sus compañeros para crear en el momento; y como complemento,
la gran versatilidad y talento de los demás.
El centro
de la maquinaria lo ocupa el carismático Patitucci. Con sus sonrisas
y sus miradas, pivotea entre el cálido piano de Pérez y la arriesgada
batería de Blade, otorgando unidad al conjunto. Shorter cada tanto
da un paso al costado, se recuesta sobre el piano a observar el diálogo
que le propone Pérez, se hace cargo del desafío y encara con
su saxo. No hay palabras entre ellos, la comunión se logra mediante
gestos, miradas, y sobre todo sonidos.

Antes
del show, teníamos referencias que hablaban del Wayne Shorter Quartet
como uno de los mejores, sino el mejor, de la actualidad. Haberlos vistos
en vivo es prueba suficiente de que aquello es verdad.
En la
actualidad, Shorter no encara el desafío de la renovación del
jazz por el lado de la tecnología, ni de las fusiones (caminos válidos,
pero que también tienden a angostarse cada vez más). Con una
formación clásica, los instrumentos de siempre, y sin gestos
artificiales, logra hacer verdadera magia. Una alquimia cuyo mérito
es hacernos oír siempre algo nuevo a partir de lo que se supone conocido.
28/10/2005
www.solesdigital.com.ar
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