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Snakeoil: la sugestión de un jazz revulsivo

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Fotos: Mariano García / Photosniper

¿Qué trae entre manos el jazz alternativo contemporáneo? Mucha improvisación, recursos tonales por demás explosivos, usos poco convencionales de los instrumentos -rayano con aquellos de la música experimental-, y todo bajo las ropas de una banda acústica. Aunque a decir verdad, esto no se corresponde con el jazz contemporáneo; sino que se trata de la propuesta de Snakeoil.

El paso del cuarteto liderado por el saxofonista estadounidense Tim Berne por nuestras tierras fue un gusto que la agenda porteña tuvo casi de rebote. Bajaron desde San Pablo gracias al apoyo y la pericia de la Biblioteca Nacional y la Embajada de los Estados Unidos en Argentina, para poner al alcance de la mano, oídos y bolsillos (se trató de un evento gratuito) artistas de primerísimo orden (musical).  

Snakeoil debe su nombre al término que en inglés se utiliza para referirse a aquellos productos medicinales de dudosa procedencia y cuyos efectos son más producto de la sugestión que de la ciencia. Y vaya si la sugestión está presente cada vez que este cuarteto –carente de contrabajo- toma el escenario. Los por momentos frenéticos ritmos del free-jazz (jazz libre) sugieren al público que lo que allí presencian son verdaderos diálogos, por momentos discusiones pasionales. Músicos que hablan entre sí y por medio de sus instrumentos, y que claman porque la audiencia también se adentre en las fauces de ese intrigante y nuevo idioma que se les presenta.

Además, es de valorar lo que Berne define como las ansias del proyecto por “ser libres y no tocar libre”, lo cual se concreta al encontrarse con mareas de acordes que no han sido acordados previamente. Así, el saxo alto de Berne es interpelado por el clarinete de Oscar Noriega (quien no reniega de su sangre latina), el piano de Matt Mitchell y la batería, percusión y vibráfono de Ches Smith quien se vale incluso de materiales que encuentra a su alrededor para dar rienda suelta a su arte. 

 

Con todos al servicio de la música, Berne no se impone como figura grandilocuente, y sobre el escenario queda en claro que se trata de la comunión de cuatro virtuosos sin otra pretensión más que divertirse y pasar una velada más con los muchachos o salir a armar “un lindo gig”, como el propio Mitchell nos contó. A esto debemos agregar que en el caso de Snakeoil, divertimento y profesionalismo van de la mano y no quedan dudas de porqué el jazz nació en los Estados Unidos y cuan verdadera es la máxima “la práctica hace al maestro”.

Un jazz de izquierda, revulsivo y dispuesto a romper con las dulces melodías del mainstream para mostrarnos el mundo tal cual es: rugoso, ruidoso, aparatoso y al mismo tiempo bello. Un viaje hasta las profundidades laboriosas de la música y los aún más densos mundos de las brillantes mentes musicales. Todo eso es Snakeoil y en Buenos Aires pudimos espiar, y de reojo, esa trastienda del jazz alternativo y que tanto contribuye a la democratización no sólo del género sino de mentes precolonizadas.

7/4/2015

www.solesdigital.com.ar

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