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Vernon Reid: un paso adelante de las fronteras del rock

Por Julián Melone
julianyelotro@gmail.com

Fotos: Mariano García
@solesdigital
/ Photosniper

Con una relación con el público porteño que ya supera las dos décadas y lo vio una decena de veces en Buenos Aires, Vernon Reid volvió a presentarse en la ciudad para hacer un repaso de su repertorio solista, esta vez con dos debutantes dando forma a su nuevo trío: el baterista Dana Hawkins y el bajista Steve Jenkins.

Dueño de un estilo muy personal y de una carrera solista igualmente ecléctica, su show del sábado 18 de abril en el ND Teatro fue un repaso de su stock de canciones que nos permitió recordar lo polivalente y talentoso que es como compositor, sin hacer mucho hincapié por su faceta ligada al free-jazz, sino explotando el lado más rockero y funk, debido a las características de su trío, con temas de los tres discos que grabó junto a su banda Masque (Mistaken Identity, Know Unknown y Other True Self).

El arranque fue con “Mistaken Identity”, canción emblema con la que dio comienzo a su carrera solista en 1996. Desde el inicio se vio una banda ajustada, con un Jenkins displicente pero efectivo, de precisión milimétrica a la hora de sostener los grooves; y Hawkins golpeando furiosamente su instrumento durante toda la noche, desquiciándose violentamente con semifusas inhumanas y acentos en lugares imposibles, con un impresionante manejo de las ghost notes (y una sonrisa imborrable durante todo el setlist). Pero más allá del desempeño de banda, no deja de ser el “Vernon Reid Trío”, y la figura fue indiscutible.

Siguió con el cover de Hendrix “Are you experienced”, y a continuación dos hermosas piezas de su autoría, “Afrerika” y “Strange Blessing” seguida por la juguetona “The Slouch”. Los solos de Vernon hacen recordar a los vientos jazzísticos de Ornette Coleman, Charlie Parker y John Coltrane, interpretados sincréticamente con el poder de Jimi Hendrix, David Fiuczynski y Jimmy Page. Su frenesí rítmico y armónico da la sensación de que, a pesar de estar sometido a la espiritualidad del momento, controla milimétricamente cada nota que suena. Su velocidad a la hora de ejecutar solos y riffs (de una manera particular: casi todas las notas son atacadas y no utiliza ligados en dinámicas fuertes, lo que le da un ataque feroz a los momentos más veloces) lo separa de los clásicos guitar-heroes del metal, gracias a su enorme creatividad. Hizo gritar con trémolos y vibratos a la guitarra palanca mediante, y cuando se combinaba con el slide, variaba de escalas con naturalidad y dinamismo.

Entre la cambiante dinámica “Mind of My Mind” y el blues de "Time", demostró que uno de sus fuertes es la contraposición de texturas. Cuando las escalas disminuidas y aumentadas se superponen sobre las melodías mayores con blue notes (y a veces al revés) con bemoles y sostenidos a los que pocos rockeros se aventuran, es donde se vio más cómoda a la banda y a Vernon mismo. Atacando con acordes disonantes que emergían como gritos de horror entre patrones imposibles de bajo, mientras el baterista enfurecía en algo que parecía no ser la misma canción pero que así se sentía, en los momentos más caóticos del show.

 

Pero no todo fue furia y violencia, Vernon y Jenkins hicieron uso de la tecnología con octavadores, wahs y delays que alteraban frecuencias, con espontáneos loops que se grababan en el momento para rellenar la condición de trío. Vernon dispone casi de su propia oficina sobre el escenario, repleto de pedales, computadoras y aparatos que ayudan a la creación de sus climas. Pero también se sometieron a la artesanalidad de la guitarra limpia, donde desplegó un impecable buen gusto a la hora de armonías y expresividad. La mejor muestra de esto fue la balada “G”, con la cual confirmó el dicho que dice que “se sabe quien toca en serio cuando toca lento y bajito”, y la banda pasó con mención honorífica la prueba. Jenkins sostuvo mucho mejor las bases, y Hawkins pudo desplegar mejor su abanico de recursos e imaginación para los cortes, ya que a veces la velocidad restringe la posibilidad de creación: el groove sacó lo más creativo de los artistas.

Con “The Projects” llegó el momento más funk de la noche, con el argentino Fernando Kabusaki como guitarrista invitado. El sonido no le hizo justicia, en una aparición que se vio distorsionada por un overdrive saturado y entre el ruido se perdió la mitad de lo que quiso contarnos.

La versión instrumental de “Enjoy The Silence” de Depeche Mode cerró la noche ya en el momento de los bises, mostrando una banda siempre pendiente de los que hacía el otro entre abruptos cambios y variaciones dentro de las canciones. El talento de Vernon Reid nos enseña, una vez más, que las fronteras del rock pueden expandirse siempre, y que todo es combinable mientras tengamos la cabeza abierta.

19/4/2015

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