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El oso y el cocodrilo
(Nº 5, Septiembre/Octubre 2005)
Por
Yesica Daiana Ibáñez y Jesica Daiana Valenzuela (6º B)
Dibujos: Melisa Sánchez (7º C)
Un
día a la mañana, el oso salía de su cueva a buscar alimento.
Allí se encontró con su amigo el cocodrilo, que le dijo:
-Ven a mi cueva para que veamos la televisión de madera hecha por mi tío cuando yo era chiquito.
-Bueno, ¡vamos! -respondió el oso.
Llegaron, y el cocodrilo fue a la cocina por un poco de pochoclo y bebidas. El oso se acomodó como si estuviera en su cueva.
-¿Qué querés ver? -le preguntó el cocodrilo.
-Lo que vos quieras -le contestó el oso.
Después
el cocodrilo se encontró con su tía la abeja, y se la presentó
a su amigo el oso. El cocodrilo le dijo si le podía hacer un lugar
en su cueva a su tía la abeja, porque se iba a quedar por un tiempo.
El oso le dijo que con mucho gusto, y se despidieron.
Pero el oso, al caminar por el bosque, se encontró con una hermosa osa, y desde ese día la amistad entre el oso y el cocodrilo cambió para siempre.
Dos años después, el oso había entendido que nunca hay que cambiar a una osa por un amigo, pero ya era muy tarde porque su amigo el cocodrilo había muerto en un accidente de cacería.
Desde ese día, el oso pensó más en sus amistades.

