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La mente humana en jaque
Garry Kasparov Deep Blue

Por Verónica Stewart
@verostewart

De un lado del ring tenemos al ser humano, el único animal racional en la faz de la tierra. Para el ajedrez, tiene la capacidad de, a través del poder de la lógica, deducir y anticipar la jugada del oponente, y así decidir cuál es la mejor estrategia de juego. Del otro lado se encuentra la máquina. Objeto inanimado creado por los más brillantes programadores, posee una capacidad de cálculo infinito. En palabras del presidente del Club Argentino de Ajedrez, Claudio Javier Gonçalves, “la computadora no se casa, no se distrae, no va a jugar pensando en sus problemas familiares.” El resultado es una batalla épica y muy controversial.

La primera contienda que realmente puso al tema del ajedrez electrónico en el mapa fue la de Deep Blue, máquina desarrollada por IBM, y el campeón mundial de ajedrez del momento, Garry Kasparov. La computadora podía explorar hasta 200 millones de posiciones posibles por segundo, por lo cual no resulta sorpresivo saber que, luego de 6 partidas que se desarrollaron a lo largo de varios días, finalmente Deep Blue salió victoriosa. Había sido derrotada por Kasparov el año anterior, y ahora, por primera vez, una computadora le había ganado a un hombre. Esto representaba tal cambio en la eterna batalla del hombre contra la máquina que el partido recibió una cobertura mediática notable: las partidas fueron televisadas y vistas por millones. Deep Blue ahora descansa en el Museo Smithsonian en Washington DC, pero el desarrollo de máquinas, y con él el debate, sigue bien despierto.

Hace tan poco como el pasado 19 de mayo, se jugó el partido por el título de Campeón Mundial de robots de ajedrez en Rusia. KUKA Monstr, creada por la compañía alemana KUKA Robotics, nada más ni nada menos que la más grande fabricante de robots industriales del mundo, se enfrentó a CHESSka. Este último robot, creado por el entrnador ruso Konstantin Kostnink, fue el primero en vencer a grandes maestros del ajedrez en la modalidad blizt. Luego de una partida entre KUKA y Alexander Griuschuk, ex campeón mundial de blizt, en la que la inteligencia artificial probó ser mayor que la humana, el robot ruso venció al alemán. “El match fue emocionante, tanto para los espectadores como para los participantes, y en el futuro, tenemos planeado realizar similares eventos anualmente”, dijo el creador de CHESSka.

Pero, ¿representa este desarrollo realmente un progreso en la calidad del juego? Las opiniones de algunos profesionales que no están en las grandes ligas y por lo tanto están en contacto con el ajedrez electrónico desde las computadoras cotidianas, disienten mucho de la de los programadores en este sentido.

 “Yo le aconsejo a mis alumnos que no jueguen contra las máquinas” explica Martín Pires, profesor de ajedrez en colegios desde hace más de 10 años. “¿Vos jugarías con una calculadora un campeonato de multiplicaciones? Para mí, las computadoras han dañado mucho a la práctica del ajedrez.” Su posición en este tema está atravesada por la idea de que la esencia de este deporte es otra y necesita de dos seres humanos. “Odio las máquinas en el ajedrez. A mí no me causa gracia ver a mis ídolos retorcerse ante unos procesadores superpotentes. Además, no tiene sentido jugar contra ellas porque no tienen emociones y el ajedrez es pura emoción. No tiene gracia jugar contra un aparato que lo único que hace es calcular variantes, lo lindo es ver cómo dos estilos de jugadores se enfrentan. La lucha humana es lo esencial de este deporte.”

Claudio Javier Gonçalves, presidente del Club Argentino, opina desde la misma línea de pensamiento que Pires. Fue presidente de la Liga Argentina de Ajedrez por correspondencia, en la cual cada jugada era igual a una carta. Esta modalidad se vio muy debilitada ante la aparición del e-mail y aún más afectada cuando se desarrollaron los programas con los cuales se pueden jugar partidos por Internet. Ahora, el juego se ha trasladado tanto a las máquinas que en la Federación Internacional de Ajedrez, compuesta por 70 países, hay muchas ligas que están desapareciendo.

 “A mi me interesa el ajedrez cuando es hombre contra hombre. El aspecto deportivo es uno más: el ajedrez es deporte pero también es cultura, es arte, es pedagogía. Detiene el deterioro del aparato cognitivo, tanto así que no se conocen ajedrecistas con Alzheimer. En resumidas cuentas, el ajedrez es como la cultura: penetra”. La evidencia de ello abunda incluso en la política internacional: el actual presidente de Armenia fue presidente de la Federación de Ajedrez, y en Estonia, el rostro en el billete de cinco coronas es el del jugador Paul Keres.

 “Hay una cuestión social que la da la relación con otros, la vida del club”, agrega Gonçalves. “A veces pienso que mis bisnietos van a decir «mi abuelo iba a un lugar a jugar con otros hombres que se llamaba club donde los hombres se juntaban». Espero que eso no pase, pero ahora hay menos gente en el club porque desde tu casa podés jugar en pijama y cerca de la familia, la tele y la heladera. La vida del club te da amigos, risas, peleas, cosas que no te da la computadora, y que enriquecen.”

En lo que a la estrategia se refiere, tanto Pires como Norberto Rial, encargado de Relaciones Públicas y profesor en el Club Argentino de Ajedrez, coinciden en que ésta cambia mucho cuando el hombre se enfrenta a la máquina. “Por ahora la máquina no tiene lógica, no puede deducir pero tiene un poder de cálculo matemático fundamental, entonces hay que cambiar la estrategia”, cuenta Rial. “No hay que tener teoría, hay que hacer hasta jugadas tontas para ver si se equivoca”.

Martín Pires, por su parte, asegura que “la única forma de luchar contra una máquina es tratar de hacer valer la estrategia, porque en el cálculo te destruyen en pocas jugadas. Contra un humano, se debe jugar de una manera, y contra las máquinas hay que sacarlas del libreto”.

Las máquinas y la pedagogía

Numerosos estudios han demostrado que el ajedrez es uno de los deportes más útiles para el desarrollo de las tareas cognitivas en niños, y la práctica lo demuestra.

 “El ajedrez mejora la concentración, la capacidad para tomar decisiones adecuadas, la aplicación de conceptos lógicos y, sobre todo, mejora mucho la abstracción”, cuenta Martín Pires. Como si fueran pocas, la lista de habilidades que se ejercitan mediante este juego incluye también la memoria, el planeamiento y la estrategia.

A pesar de que todos estos beneficios siguen existiendo cuando un niño se enfrenta a una máquina, la situación de aprendizaje es otra. Lo explica la psicopedagoga y psicóloga Margarita Silberleib: “si bien ambas formas de juego desarrollan las mismas funciones cognitivas, considero que la diferencia fundamental está dada por el impacto emocional que significa el jugar con otro. El vínculo es distinto, la sensación de tener al otro enfrente genera una adrenalina diferente. Se siente su respiración, su nerviosismo, y esto también forma parte del juego. La presencia del otro siempre hace del aprendizaje un momento único y diferente. En muchas escuelas se enseña ajedrez desde muy chiquitos, se aprende a esperar al otro, a pensar como pensaría el otro. Así, también se aprende a competir desde el pensamiento”.

Sin embargo, Silberleib no descarta la importancia de las máquinas, y asegura que sirven como ejercicio y como una manera de adquirir habilidad, práctica y entrenamiento.
           
Claro está, entonces, que cada vez son más las máquinas que pueden derrotar a los grandes campeones del ajedrez y que sus capacidades de cálculo mejoran a pasos agigantados. Pero también parece claro que en lo referido a la pedagogía, la cultura y más que nada, la pasión por el juego y su aspecto social, es el hombre quien gana por knock out. Después de todo, el amor y la pasión por el deporte es algo que ninguna computadora puede experimentar.

26/6/2012

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