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Diálogo en la oscuridad

Aprendiendo en penumbras

Por Andrés Enriquez Dibós
Colaboración especial: Débora Epifanio

La profunda e infinita oscuridad parece ser territorio impenetrable, desconcierta e intimida. Los bastones blancos no son más que una ayuda para evitar que el reino de las penumbras se deleite ante nuestra impericia. La voz del guía actúa como un Dios que nos enseña el camino y nos consulta ante cada cambio de escenario. Los olores son intensos, los ruidos se multiplican y nuestro tacto acaricia las formas. Los sentidos toman ese rol protagónico que suele llevarse la vista. En pocos minutos, uno toma conciencia de que, en esta época en la que hoy muchos han de llamar la “era o cultura de la imagen”, resulta casi impensable recorrer una sola vereda sin hacer uso de nuestro órgano visual.

Justamente de eso se encarga Diálogo en la oscuridad, cuyo eje principal está en potenciar el resto de nuestros sentidos en un recorrido ilusorio que nos hace sumergir en otra realidad, vivenciar la cotidianidad desde otra perspectiva y, sobre todo, comprender las dificultades que diariamente debe sortear una persona no vidente en un mundo poco pensado para las minorías.

Diálogo en la oscuridad, si bien debuta en la Argentina, no es una exhibición nueva, sino que nace por primera vez en Frankfurt, Alemania, en vísperas del fin de la Guerra Fría, más precisamente en 1988. La propuesta consiste en circular privado de la vista por las distintas postales que puede ofrecer Buenos Aires, como una ruidosa calle, una sosegada plaza o hasta un auténtico bar donde se puede experimentar una cata a ciegas de vinos y quesos, luego de casi una hora de caminar a oscuras, con la sola ayuda de un bastón blanco y un guía ciego.

Patricio Defelippe, ciego de nacimiento por una enfermedad llamada retinopatía del prematuro, tiene 31 años, es periodista y hoy forma parte del equipo de guías de la exhibición. Según él, la esencia de Diálogo en la oscuridad consiste “en demostrar que no todo termina en la vista y que a través de los demás sentidos uno puede ir descubriendo cosas o sensaciones que, quizás por priorizar muchas veces la vista, uno las deja de lado".
 
Sarmiento describía en su libro Facundo, a personajes gauchos de La Pampa, como “El Baqueano” o “El Rastreador”, cuyos órganos sensoriales estaban notoriamente más desarrollados que un hombre común de ciudad. Mediante la exhaustiva búsqueda de índices y el pleno uso de todos sus sentidos, podían fácilmente orientarse en el medio de la inconmensurable oscuridad de la noche pampeana o perseguir huellas por kilómetros para atrapar a un ladrón o a un asesino. Aquí, no se trata de emular a estos legendarios personajes, pero sí de forzar los sentidos al máximo como aquellos, dejando de lado la vista o “la reina de los sentidos”, como le gusta decir a Patricio, quien asegura “que hay muchas cosas por descubrir detrás de la oscuridad, de la ceguera” y que “la idea es tratar de que los demás sentidos trabajen.”

Por eso mismo, desde el momento en que uno ingresa a bucear cuidadosamente en la oscuridad perpetua hasta que concluye  la exhibición, el guía interactúa constantemente con los participantes, quienes transitan a paso tímido el sendero para palpar, oler y escuchar ese mundo cotidiano que se revela como misterioso, inquietante y desconocido.

La novedosa experiencia finaliza con una cata a ciegas guiada por una sommelier para darle un matiz distinto al recorrido. Nos da la oportunidad de explorar un sinfín de sensaciones en boca y olfato. La cata no consiste solamente en degustar, sino en participar entre todos y  percibir los  diversos componentes, aromas y texturas que presentan las cepas. A su vez, Dialogo en la oscuridad ofrece un maridaje con diferentes quesos, tratando de buscar que cada uno de los paladares encuentre el mejor acuerdo entre lo que se come y se bebe. Entre las risas y ocurrencias de los participantes, se aprende desempolvando nuestra memoria sensorial. Ya sea para neófitos o expertos del atrapante mundo de los vinos, se trata de una propuesta distinta y original que no hace más que continuar con la esencia de la exhibición.

 Diálogo en la oscuridad sorprende e interpela a observar la vida desde otro ángulo. Conjuga inteligentemente vivencia y diversión, con el firme propósito de derribar prejuicios y concientizar acerca de la falta de empatía hacia la diversidad que forma parte de nuestro paisaje diario. Juega a cambiar los roles, a ponernos en el papel de ciegos para golpearnos de frente con la realidad. Y nos hace reflexionar acerca de lo enriquecedor que puede resultar una integración social. 

5/2/2012

www.solesdigital.com.ar 

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