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Desmitificar el estrés

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Desmitificar el estrés


La investigadora Ludmila Budziñski, trabajando en su laboratorio

Por Mariano García
@solesdigital

Ludmila Budziñski, becaria doctoral del CONICET que investiga en el Instituto Max Planck de Psiquiatría de Munich, sostiene que el estrés “es un proceso completamente normal y adaptativo que nos permite responder adecuadamente ante una situación que percibimos como amenazante”.

Para la joven investigadora, que se encuentra hace 5 meses en Alemania completando su proyecto doctoral como parte del convenio del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires con el Instituto Max Planck de ese país, “el estrés tiene mala fama, pero hay que desmitificarlo”.

Según el enfoque desarrollado por Budziñski, el estrés “es un sistema de alarma muy útil para combatir una situación anormal y que requiere de una reacción diferente y energéticamente muy demandante”. Desde el punto de vista biológico, esta respuesta se da a partir de la acción del receptor de glucocorticoides, que es “una proteína que a fines prácticos podemos pensarla como un traductor o intérprete, que le va permitir a una célula comprender lo que ocurre en el exterior para que sea capaz de responder ante un estímulo”.

La liberación de glucocorticoides al torrente sanguíneo es entonces la respuesta que genera el cuerpo ante una situación amenazante, y dispara el estado de alerta. “Estas hormonas tienen acceso a cada tejido y cada órgano de nuestro cuerpo, y a cada célula que lo compone; frente a una situación de estrés, no hay prácticamente un sólo órgano o tejido que le resulte indiferente, que no reaccione”, explicó Budziñski a Télam Radio.

Esta reacción a nivel celular produce un aumento de la actividad cardíaca y la presión arterial, al tiempo que los músculos reciben más energía, como si el cuerpo instintivamente se preparara para escapar o defenderse. En términos coloquiales, “es como una alarma contra incendios que se enciende cuando el ambiente se llena de humo, eso está muy bien porque nos incita a salir del edificio, a correr y a resguardar nuestras vidas”, ejemplificó la bióloga.

Sin embargo, los cuadros patológicos aparecen cuando el cuerpo no es capaz de “apagar” el estado de alerta una vez que el peligro desaparece. “Tratemos de pensar cómo sería nuestra vida si esa alarma estuviera prendida constantemente, si tuviéramos que comer, dormir, hacer nuestras actividades normales con eso prendido todo el tiempo, nos volvemos locos”, agregó.

Este mecanismo, que permite resolver las situaciones de conflicto a corto plazo, si se mantiene activo puede generar patologías psicosomáticas asociadas al estrés crónico como problemas cardíacos, infecciones, alergias, ansiedad o depresión.
Aunque Budziñski enfoca su estudio del estrés desde el punto de vista biológico, reconoce además el componente psicológico y sociocultural de este cuadro: “Lo que percibimos como una situación de amenaza, podría no ser un peligro real, sin embargo el individuo lo interpreta como tal y el cuerpo reacciona de la misma forma”, detalló.

Por lo tanto, su investigación se orienta a saber si existen pacientes que están predispuestos genéticamente a tener una respuesta inadecuada al estrés y a enfermedades neuropsiquiátricas: “A nivel molecular podemos comprender de manera muy puntual y estudiar de forma detallada a todos los protagonistas de estas reacciones, y llegar a comprender por qué una respuesta no se está dando de manera correcta”, concluyó.

20/1/2018

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