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Extreme selfies

 

Extreme selfies

El gasto improductivo de la fotografía

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

“El fotógrafo ruso Kirill Oreshkin desafía las alturas de los rascacielos sólo para tomarse autofotos. Entre las fotografías que ha tomado Oreshkin se encuentran "selfies" desde lo más alto de edificios, colgándose con sus manos y retratando a otras personas que, al igual que él, arriesgan su vida a cientos de metros de altura. "Comencé hacerlo porque me gustan las vistas", dijo Oreshkin ante la consulta de la prensa”.

Este es un extracto de un artículo del diario digital The Huffington Post. En él se da cuenta de un sub producto o nueva corriente del fenómeno de las autofotos o ‘selfies’ (por su término en inglés), que son las “selfies extremas”.

Georges Bataille acuñó el concepto de “gasto improductivo”; lo hizo en su escrito La Noción de Gasto. Para entender este concepto, dicho autor explica, primeramente, que el conocimiento es un trabajo y una actividad productiva a la cual el hombre se somete. Está pensado en términos económicos, apuntado a la producción, al consumo productivo; y dejando el placer a un lado o, en todo caso, como una concesión. La variante ‘selfie extrema’; parece ser un buen ejemplo de la noción de “gasto improductivo”. A su vez, y como contracara, Bataille sumó el concepto de “pensamiento soberano”, que es aquel alejado de las actividades utilitarias y del saber como herramienta de eficacia. En el pensamiento soberano se renuncia a todo resultado práctico relacionado a la producción y a las necesidades de conservación del hombre. La soberanía, explicará Bataille, es poder enfrentarse a la finitud del hombre, desafiar a la muerte.

La noción de soberanía es lo que nos permite ‘ser’, diríamos evocando a Martin Heidegger, quien consideraba que para existir, el ser humano tiene que hacerse cargo de un dato fundamental, y es que, tarde o temprano, nos vamos a morir. Por eso, Bataille plantea que la vida del hombre no puede estar abocada exclusivamente a los procesos de producción y conservación. Más aún, da cuenta de que existen dos tipos de consumición de la vida. Una abarca el uso de los individuos para garantizar la continuidad de la vida y las actividades productivas. Mientras que la otra son los “gastos improductivos”: esas actividades que implican pérdida y que tienen su fin en sí mismas. Estos gastos implican el derroche, los lujos, el sexo sin fines reproductivos, experiencias de dolor y alegría, de amor y muerte.

Esta situación de experiencias extremas son las que vive el fotógrafo que sube a lo alto de un rascacielos para conseguir la tan anhelada ‘selfie’. Nos quiere demostrar su indiferencia para con la muerte y la superioridad de la subjetividad del hombre. Es un gasto improductivo que lo pone al borde de la soberanía. Aunque habría que preguntarse por qué lo hace, ¿será en pos del pensamiento soberano, la gloria, el placer, o acaso por la obtención de réditos económicos? Lo que sí sabemos es que la soberanía es también el lugar de la ruina, la destrucción y la perdición. Algo que seguramente el fotógrafo extremo entiende. Es que, como explicamos, en el “gasto improductivo” el énfasis está en la pérdida, la cual debe ser lo más grande y extrema posible para que adquiera su verdadero sentido. Y vaya si la pérdida es grande en el caso de las ‘selfies extremas’, si lo que se arriesga es la vida misma. Esto, tal vez, se puede explicar porque en el gasto improductivo no se planifica el futuro, sino que prevalece la experiencia y afirmación del presente. Ahora bien, ¿qué es útil y qué no?; para Bataille no existe ningún medio que permita definir lo que es útil a los hombres. Sin embargo, en las sociedades la preocupación por la conservación se impone sobre el gasto improductivo (no por nada son pocos aquellos que practican esta modalidad tan particular de la autofoto). Heidegger refería a que la modernidad se rige por la utilidad material de cada acción. Y en un mundo en el cual el placer se da a partir del consumismo y su vasta parafernalia de entretenimiento, este joven fotógrafo se nos revela como un recurso, un engranaje más del sistema de producción. Él es su propia empresa, es mercancía que cuelga en lo alto de los cielos moscovitas y no en los escaparates de almacenes. Es funcional al sistema productivo. Sin embargo, y de la mano de Bataille, hemos visto como los gastos improductivos parecieran no responder a la razón, con lo cual el hombre no tiene que probar la utilidad de sus acciones ni justificarlas. 

El gran Bataille también nos enseñó que la poesía representa el sacrificio, el estado de pérdida. La poesía es sinónimo de gasto; en ella se crea por medio de la pérdida. Y el poeta es alguien que queda casi recluido en un gasto improductivo permanente, ya que al comprometerse a la creatividad, está comprometiendo su vida misma y se ve expuesto al aislamiento social y a la miseria. Podría decirse que cada vez que el fotógrafo trepa las alturas para retratarse con una cámara, está acercándose a un acto poético o, a lo sumo, constituyéndose como un elemento residual de la poesía. Al colocar al gasto en primer plano y entregarse a él sin reservas, se está donando y entregando la propia vida, sea en la escritura de una cuarteta o a 300 metros de altura.  

 

5/10/2016

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