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Recordamos a Fontanarrosa

Que lo parió

Por Mariano García
@solesdigital

Fotos: Gisela Grunin

Fontanarrosa

Cómo duele que alguien que nos hizo reír por tantos años, ahora nos arranque lágrimas cuando menos lo esperamos. Qué lo parió, qué difícil es tratar de escribir sobre la ausencia de alguien al que siempre sentimos tan cerca, tan presente.

Roberto Fontanarrosa murió en la tarde de ayer, a los 62 años. Con su partida, queda un vacío inmenso, una incomodísima sensación de saber que ya no tenemos entre nosotros a un genio irrepetible, tanto por su obra como por su persona.

Intelectual, popular... profundo y divertido

Ni la cultura popular, ni la letrada, serán lo mismo luego de la obra de Fontanarrosa. Hoy, los periodistas deportivos se animan a escribir cuentos de fútbol, los sociólogos lo tienen como objeto de estudio; pero también los hinchas leen cuentos y novelas en el colectivo o en sus vacaciones, compartiendo esos momentos privilegiados de lectura con el suplemento deportivo del diario.

Mucho antes que la sociología y los estudios culturales posaran su análisis en el fútbol y sus hinchas, el Negro los retrataba magistralmente como parte ineludible de la sociedad. Gracias a él, artistas e intelectuales pueden admitir sin reparos su pasión futbolera. Por virtud de sus irresistibles relatos, muchos entendieron que el fútbol es algo más que el moderno pan y circo, o un nuevo opio de los pueblos.

Cuando los Simpsons todavía no habían exportado hacia el mundo la fórmula para combinar humor fácil y crítica cultural, Fontanarrosa mezclaba puteadas con agudas parodias y citas a la literatura y el cine; chistes tan básicos como divertidos, con profundos comentarios y guiños.

Mediante sus relatos y descripciones de las rondas de cafés entre amigos en un bar, uno puede leer el pensamiento de las clases medias urbanas, con sus anhelos, temores, prejuicios y valores. Relató mejor que nadie la dinámica de las charlas masculinas, sin por eso ofender ni menospreciar a las mujeres.

Fontanarrosa supo además tener un gran éxito comercial, sin tener que venderse a sí mismo. Y nos deja como legado una obra que es a la vez popular, masiva, y no por eso chabacana o demagoga. Entendió mejor que nadie que la risa es el primer paso hacia la reflexión, y que la inteligencia se disfruta más con humor que con arrogancia.

El Negro supo defender ante las máximas autoridades de la Lengua Española el valor de las puteadas (y no "malas palabras"), que con tanta precisión utilizan sus personajes de ficción, y que todos usamos en nuestro lenguaje cotidiano pero nunca nos animamos a reivindicar. Porque los personajes de Fontanarrosa putean como nosotros. En esa naturalidad para captar el lenguaje coloquial sin artificios, está la clave de una puteada divertida (como en el cuento "Palabras iniciales", del libro El Rey de la Milonga), distinta a aquellos ridículos insultos que generan vergüenza ajena, de esos que el cine nacional nos tiene mal acostumbrados (¿alguien dijo alguna vez seriamente, "la puta, que vale la pena estar vivo"?).

Será por eso que cada vez son más las obras de teatro y ciclos de TV basados en sus obras. Porque con sus novelas, cuentos, tiras cómicas y viñetas diarias, Fontanarrosa fue el gran observador y comentarista de la Argentina de las últimas tres décadas. No de los grandes sucesos, sino de lo cotidiano, de las formas de ser y de hablar, de pensar y sentir. De ese pulso diario que medía con precisión inigualable.

A pesar de su popularidad, Fontanarrosa mantuvo siempre la humildad del tipo de barrio que no le niega unas palabras cordiales o una sonrisa a nadie. O que le da una entrevista a un periodista que recién comienza su carrera en una revista de reducida tirada, con la misma calidez y profesionalismo que lo haría frente a un medio masivo o un cronista estrella (gesto al cual siempre le estaremos agradecidos en Soles).

Se fue el Negro, y sin él nos quedamos sin un hombre querible, y un autor inigualable en la cultura argentina. Pero nos queda su obra, que no abandonó hasta último momento. Y a la que podremos volver una y mil veces para recordarlo; para pensar y reflexionar. Y sobre todo, para cagarnos de la risa.

Fontanarrosa: Inodoro Pereyra y Mendieta

Notas relacionadas:

Informe especial: Fontanarrosa

20/7/2007

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