| Recordamos
a Fontanarrosa
Que
lo parió
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos:
Gisela Grunin

Cómo
duele que alguien que nos hizo reír por tantos años, ahora nos
arranque lágrimas cuando menos lo esperamos. Qué lo parió,
qué difícil es tratar de escribir sobre la ausencia de alguien
al que siempre sentimos tan cerca, tan presente.
Roberto
Fontanarrosa murió en la tarde de ayer, a los 62 años. Con su
partida, queda un vacío inmenso, una incomodísima sensación
de saber que ya no tenemos entre nosotros a un genio irrepetible, tanto por
su obra como por su persona.
Intelectual,
popular... profundo y divertido
Ni la
cultura popular, ni la letrada, serán lo mismo luego de la obra de
Fontanarrosa. Hoy, los periodistas deportivos se animan a escribir cuentos
de fútbol, los sociólogos lo tienen como objeto de estudio;
pero también los hinchas leen cuentos y novelas en el colectivo o en
sus vacaciones, compartiendo esos momentos privilegiados de lectura con el
suplemento deportivo del diario.
Mucho
antes que la sociología y los estudios culturales posaran su análisis
en el fútbol y sus hinchas, el Negro los retrataba magistralmente como
parte ineludible de la sociedad. Gracias a él, artistas e intelectuales
pueden admitir sin reparos su pasión futbolera. Por virtud de sus irresistibles
relatos, muchos entendieron que el fútbol es algo más que el
moderno pan y circo, o un nuevo opio de los pueblos.
Cuando
los Simpsons todavía no habían exportado hacia el mundo la fórmula
para combinar humor fácil y crítica cultural, Fontanarrosa mezclaba
puteadas con agudas parodias y citas a la literatura y el cine; chistes tan
básicos como divertidos, con profundos comentarios y guiños.
Mediante
sus relatos y descripciones de las rondas de cafés entre amigos en
un bar, uno puede leer el pensamiento de las clases medias urbanas, con sus
anhelos, temores, prejuicios y valores. Relató mejor que nadie la dinámica
de las charlas masculinas, sin por eso ofender ni menospreciar a las mujeres.
Fontanarrosa
supo además tener un gran éxito comercial, sin tener que venderse
a sí mismo. Y nos deja como legado una obra que es a la vez popular,
masiva, y no por eso chabacana o demagoga. Entendió mejor que nadie
que la risa es el primer paso hacia la reflexión, y que la inteligencia
se disfruta más con humor que con arrogancia.
El Negro
supo defender ante las máximas autoridades de la Lengua Española
el valor de las puteadas (y no "malas palabras"), que con tanta
precisión utilizan sus personajes de ficción, y que todos usamos
en nuestro lenguaje cotidiano pero nunca nos animamos a reivindicar. Porque
los personajes de Fontanarrosa putean como nosotros. En esa naturalidad para
captar el lenguaje coloquial sin artificios, está la clave de una puteada
divertida (como en el cuento "Palabras iniciales", del libro El
Rey de la Milonga), distinta a aquellos ridículos insultos que generan
vergüenza ajena, de esos que el cine nacional nos tiene mal acostumbrados
(¿alguien dijo alguna vez seriamente, "la puta, que vale la pena
estar vivo"?).
Será
por eso que cada vez son más las obras de teatro y ciclos de TV basados
en sus obras. Porque con sus novelas, cuentos, tiras cómicas y viñetas
diarias, Fontanarrosa fue el gran observador y comentarista de la Argentina
de las últimas tres décadas. No de los grandes sucesos, sino
de lo cotidiano, de las formas de ser y de hablar, de pensar y sentir. De
ese pulso diario que medía con precisión inigualable.
A pesar
de su popularidad, Fontanarrosa mantuvo siempre la humildad del tipo de barrio
que no le niega unas palabras cordiales o una sonrisa a nadie. O que le da
una entrevista a un periodista que recién comienza su carrera en una
revista de reducida tirada, con la misma calidez y profesionalismo que lo
haría frente a un medio masivo o un cronista estrella (gesto al cual
siempre le estaremos agradecidos en Soles).
Se fue
el Negro, y sin él nos quedamos sin un hombre querible, y un autor
inigualable en la cultura argentina. Pero nos queda su obra, que no abandonó
hasta último momento. Y a la que podremos volver una y mil veces para
recordarlo; para pensar y reflexionar. Y sobre todo, para cagarnos de la risa.

Notas relacionadas:
Informe
especial: Fontanarrosa
20/7/2007
www.solesdigital.com.ar
|