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Historia de las villas miseria en Buenos Aires - Parte 3 (*)

El inicio de las políticas de eliminación

Texto y Fotos: Mariano García
@solesdigital

Ciudad Oculta
Ciudad Oculta, 2007 (Foto: Mariano García)

En su discurso ante la Asamblea Constituyente de 1949, Perón ya se había referido al problema de la vivienda expresando que “es ya intolerable soportar la miseria en medio de la abundancia. A esta cuestión hay que ponerle término de una vez(1). Como en tantas otras cuestiones, los golpistas del ’55 fueron en contra del sentido de las políticas peronistas. Para ellos también era intolerable la miseria en medio de la abundancia, pero en el sentido inverso. En lugar de construir viviendas para los pobres, decidieron erradicarlos de la ciudad.

En 1955, las villas miseria se encontraban en permanente crecimiento. “Hacia 1955, año de la Revolución Libertadora, a las villas de Retiro, Bajo Belgrano y Lugano había que sumar una larga serie de nuevos núcleos villeros, algunos bautizados con nombres picarescos o maliciosos que quedarían incorporados en ciertos lugares ambiguos de la cultura popular: Villa Fátima, Villa Piolín, Villa Medio Caño, Villa Tachito, Villa 9 de Julio(2).

Al año siguiente, se creó la Comisión Nacional de la Vivienda, cuya primera misión fue censar a la población de la ciudad. En un primer informe elevado al Poder Ejecutivo, se informó que en la ciudad existían 21 villas, habitadas por 33.920 personas. Para el área metropolitana, la población villera alcanzaba la cifra de 78.430.

Cuantificar la población villera significaba, por primera vez y en el mismo acto, asumir el tema de las villas como «problema». A renglón seguido, la solución ideada, por entonces original, era la de la erradicación(3).

Pero aquellas primeras políticas de vivienda referidas a las villas de la ciudad no contemplaban únicamente la erradicación forzosa. También intentaron dar algún tipo de respuesta, ofrecer una mejor opción a los erradicados, conjuntos de viviendas quizás inspirados en los construidos en la década anterior, pero sin la fuerte carga simbólica y política de los llamados “barrios peronistas”. En los siete años siguientes, el plan elaborado por la CNV apenas si llegó a construir 214 viviendas que dieron alojamiento a 1.284 personas, sobre un total de 34.000 pobladores de villas.

Los resultados estuvieron muy lejos de los obtenidos años antes por el “régimen depuesto”. Si en el período 1948-1954, el promedio anual de viviendas sociales construidas por el Estado ascendió a 840, entre 1956 y 1963 fue solamente de 30,5. El Estado no podía dar respuesta a los problemas de las villas, y con su flamante política de erradicación fue convirtiéndose de a poco en un enemigo para sus pobladores. Esta avanzada erradicadora tuvo su contrapartida en 1958, cuando se constituyó la primera Federación de Barrios y Villas de Emergencia, que articuló las comisiones vecinales de diversas villas porteñas.

Eduardo Blaustein, en su libro “Prohibido vivir aquí” editado por la propia CMV, hace el siguiente balance de estos primeros intentos fallidos de erradicación:

En el fracaso del primer intento erradicador no sólo hay un revés «de gestión» o «cuantitativo» sino el asomo de nuevos desafíos a ser tenidos en cuenta, ligados a la articulación entre las instituciones y los villeros como actores sociales y a las mediaciones que deben establecerse. Lo que comienza a perfilarse en ese primer fracaso es una historia pendular en la que el Estado pasa de aceptar amistosamente o a regañadientes a las organizaciones villeras como interlocutoras, a intentar cooptarlas o a pasar por encima de ellas destruyéndolas y a menudo creando otras nuevas, funcionales a sus necesidades. O en los casos más extremos de las experiencias golpistas de 1966 y 1976, a pasarles por encima con topadora y tanqueta.” (4)

El panorama de fines de los ’50 y principios de los ’60, estará marcado entonces por la creciente presión erradicadora por parte del Estado, y como contracara, la mayor organización y politización de la población villera. Durante los gobiernos de Frondizi y Guido, los planes de viviendas provisorias fueron un fracaso, al tiempo que el gobierno municipal a través de la Comisión Municipal de la Vivienda reconocía a la Federación de Villas de Emergencia como un interlocutor legítimo. Para 1963, existían en la ciudad un total de 33 asentamientos precarios, con una población aproximada de 42.462 habitantes.

Si bien la figura del Padre Carlos Mugica se asocia a la década de los ’70, ya desde 1961 el cura tercermundista estaba instalado en la Villa 31 de Retiro. También en esos años, los barrios Comunicaciones e YPF de esa villa comenzaron a desarrollar organizaciones asistenciales y educativas.

Con el transcurrir de la década, las políticas estatales fueron endureciéndose. En agosto de 1963, la Federación de Villas de Emergencia entregó al presidente Illia un pliego de reivindicaciones, orientadas al mejoramiento de la calidad de vida de la población villera y al reconocimiento oficial de la Federación. El gobierno aceptó las demandas, y en agosto de 1964 se aprobó la ley 16.601 de construcción de viviendas, con la finalidad de erradicar las villas de emergencia.

Una vez más, los planes se cumplieron sólo en forma parcial, hasta quedar interrumpidos por la llegada al gobierno de Juan Carlos Onganía, por la vía del golpe. Fue entonces, que los representantes políticos de las villas reforzaron su identificación con el peronismo.

En un marco de crisis política –el peronismo, proscripto en las elecciones presidenciales, triunfó en los comicios que se realizaron en el '65– las relaciones entre la Federación de Villas y las autoridades volvieron a agriarse, en el habitual marco de amenazas de desalojos, de incendios intencionales, pero también, de la articulación endurecida entre representantes villeros y sectores del peronismo (…) El acercamiento entre el incipiente movimiento villero, los partidos y diversos sectores del peronismo fue importante en la obtención de conquistas y para engendrar un cierto nivel de combatividad(5).

Combatividad, palabra clave que concentra el espíritu del período que se iniciaba en 1966.

Experimento NHT

En lo que refiere a barrios de emergencia, su trazado y ubicación urbana, la llamada “Revolución Argentina” dejó una impronta que se mantiene imborrable hasta el día de hoy. Un experimento que sólo pudo llevarse a cabo gracias a una inédita cuota de autoritarismo y presupuestos cuasi científicos de una incoherencia que todavía sorprenden. Se trata de los Núcleos Habitacionales Transitorios, o NHT.

Desde mediados de los ’60, la población villera del país comenzó a crecer a una tasa del 15% anual. En 1968, el Ministerio de Bienestar Social se hizo cargo del problema habitacional, al publicar su “Plan de erradicación de las villas de emergencia de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires”. Las acciones planificadas, preveían la erradicación y “alojamiento transitorio”. Blaustein describe al plan de esta manera:

El megaplan diseñado por los equipos técnicos del Onganiato (…) era el más forzudo intento de erradicación jamás conocido hasta entonces. Su meta: dar vivienda a 70.000 villeros de la Capital Federal y a otros 210 mil del conurbano. Total: 280.000 erradicaciones y realojamientos. Aquí no se trataba de dar pasos intermedios, ni de mejorar las condiciones de las villas, sino simple y llanamente de erradicarlas mediante un despliegue formidable de recursos humanos, técnicos y financieros(6).

Para otorgar alojamiento a semejante cantidad de personas en situación precaria, se preveía la construcción de 8.000 viviendas. Una cifra que debería opacar a los históricos planes de vivienda de los primeros gobiernos peronistas. Debería, porque en vez de casas dignas, lo que se construyó fueron reductos intencionalmente inhabitables, como parte de la experimentación en cuestiones urbanismo y política habitacional.

Fue así que nacieron 17 Núcleos Habitacionales Transitorios, con unidades de apenas 13,3 metros cuadrados para cada familia.

Se suponía que los villeros debían (…) "readaptarse", antes de ser trasladados como gente civilizada a sus nuevas viviendas. Expertos sociales serían los encargados de «motivar» a los villeros para dejar atrás sus pésimos códigos de conducta. La idea de que los Núcleos Habitacionales Transitorios (NHT) fueran levemente estrechos (…), el que fueran de una pésima calidad constructiva y el que se prohibiera expresamente a sus pobladores efectuar en ellos cualquier tipo de mejoras (desde poner un toldo a pintar un marco de ventana, tener coche o perro), respondía a una idea sagaz: al verse obligados a vivir en condiciones tan espantosas, los villeros, como perros de Pavlov bien adiestrados, se verían inundados por ansias de superación y, entonces sí, desearían esforzarse para mejorar, cosa que a ellos nunca se les hubiera ocurrido(7).

El plan se cumplió sólo en parte. Miles de personas fueron reubicadas a partir de 1969 en los NHT, pero el carácter transitorio se fue haciendo cada vez más permanente. Cinco años después del golpe de 1966, ninguna de las viviendas “definitivas” (las que debían ocupar los reubicados luego de su paso por los NHT) había sido construida. En la actualidad, los NHT siguen dando alojamiento a numerosas familias, como un apéndice de las villas de emergencia, con el mismo hacinamiento y en las mismas condiciones de pobreza.

La idea de la supuesta función “civilizadora” y “reeducadora” de los NHT continuó hasta los últimos días de los gobiernos militares. Testimonio de ello da Mary Burgos, vicepresidenta de la Comisión Vecinal del NHT “Eva Perón” ubicado junto a Ciudad Oculta. Mary provenía de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores, donde vivía con su madre desde los 8 años, y fue una de las “beneficiarias” de los planes NHT:

El proceso militar nos trasladó acá como parte de las erradicaciones de villas de la Capital Federal. No debían existir las villas, entonces se los llamó Núcleo Habitacional Transitorio. Estos barrios eran «para educar a los villeros», para después pasar a una vivienda propia, una vivienda digna. Vinimos acá en el ´80. Cuando llegamos nos encontramos con dos piecitas, de 4 por 4, un baño sin terminar, los pisos sin mosaicos, había letrina. Yo en la villa tenía inodoro, tenía mi piso de cerámica, así que no entendía si me iban a educar o iba en retroceso(8).

Se ve entonces cómo el Estado, ante la cada vez más dificultosa erradicación de las villas de emergencia, resolvió el problema haciendo uso de un curioso recurso semántico, que dio un nuevo nombre técnico al viejo problema de los asentamientos precarios. Con una particularidad que no puede pasarse por alto: con la construcción de los NHT, el Estado creó una nueva categoría de vivienda: la vivienda precaria construida por el Estado.

El rol del Estado históricamente fue el de construir barrios obreros (con una amplia variedad de opciones utilizadas, desde los monoblocks hasta los chalets de tipo californiano) para dar vivienda a los habitantes con menos posibilidades económicas. Con el proyecto de los NHT, las autoridades gubernamentales realizaron una acción imposible de categorizar. Optaron por diseñar trazados urbanos tan intrincados y angostos como los de un asentamiento espontáneo, muchas veces con instalaciones más precarias que las casillas hechas de chapa y cartón, con la sospechosa esperanza de que ello despertara en sus habitantes el ánimo de superación y decidieran por si mismos (finalmente) vivir en barrios “decentes”.

Este proyecto conductista no sólo fue un fracaso, sino que generó un efecto opuesto al deseado por el gobierno militar. En vez de dispersarse en barrios formales en busca de acceder a un status más cercano a la clase media-baja obrera, la población villera se organizó cada vez más.

12/5/2008

Ver Parte 1 - Ver Parte 2

Notas:

1) Citado por Aboy, op. cit., p. 43.

2) Blaustein, Eduardo; op. cit., p. 16.

3) Idem.

4) Idem, p. 17.

5) Blaustein, Eduardo; op. cit., p. 23.

6) Idem, p. 29.

7) Idem, pp. 29-31.

8) Entrevista a Mary Burgos, realizada en Ciudad Oculta en enero de 2004.

(*) Fragmento de la tesina de grado "La villa en los medios y los medios de la villa", Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2007.

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