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La impresora de Dios

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Ilustraciones: Robert Morris, "Body, Space, Motion, Things".
Fotos de Mariano García para Photosniper
www.photosniper.com.ar

La biotecnología hace rato que dejó de ser una elucubración de ciencia ficción para convertirse en una realidad. Y uno de los procesos biotecnológicos emergente es el de la impresión 3D. Se trata de utilizar modelos digitales creados por computadora para crear objetos reales. Al principió se produjeron desde juguetes hasta joyas e incluso comida. Sin embargo, ahora los científicos han logrado imprimir algo mucho más complejo y controversial: órganos humanos.

La bioimpresión funciona así: se cosechan células humanas de biopsias o células madre, para después permitir que se multipliquen. La mezcla resultante, una clase de tinta biológica, se introduce a la impresora 3D que, a su vez, es programada para acomodar diferentes tipos de células junto con otros materiales no humanos en figuras precisas de tres dimensiones. Doctores esperan que cuando una de estas piezas se introduzca al cuerpo, las células impresas 3D se integren a los tejidos existentes.

Los avances no se detienen y científicos de la universidad china Hangzhou Dianzi crearon la impresora Regenovo que, en agosto de 2013, imprimió un riñón humano en total funcionamiento. El modelo logró vivir cuatro meses.

La idea de imprimir un riñón o hígado humano en un laboratorio puede parecer incomprensible, incluso aterrador. Por eso, el debate ético está servido y muchos miembros del mundo científico disparan infinidad de preguntas. ¿Qué pasa cuando órganos complejos y mejorados con células no humanas son creados? ¿Quién los reciba, seguirá siendo humano? ¿Estamos jugando a ser Dios?

En su trabajo Las biotecnologías y el poder sobre la vida, Marcela Iacub hecha luz sobre estos temas para mostrar como el cuerpo ha dejado de ser el objetivo de la ciencia y las nuevas corrientes biotecnológicas ahora se centran en el material humano (en este caso, las células madre). Pareciera así que aquello que Michel Foucault llamó la biopolítica presenta un poder cada vez más micro y capilar y el cual ahora llega a nuestra propias células en su afán de tomar poder sobre la vida.

Iacub explica que las leyes bioéticas consideran que “el material que se extrae de un humano permitirá curar y volver a dar vida, crear individuos e incluso inventar nuevas formas de lo humano”. Estos órganos impresos podrían utilizarse para pruebas de medicamentos o vacunas, liberar a los investigadores de métodos menos precisos como pruebas en animales o en modelos sintéticos. Los objetivos establecidos son que las impresoras 3D puedan, algún día, producir órganos muy necesitados para trasplantes. El proceso ya está viendo algo de éxito y el año pasado, una niña de dos años y oriunda de Illinois, EE.UU., que nació sin tráquea recibió un sustituto hecho a partir de sus propias células madre.

Queda claro que si a partir de nuestras células seremos capaces de crear nueva vida, además de valor de uso, la vida de cada individuo también tendrá valor de cesión. Entonces: ¿qué somos o en qué nos convertiremos? Iacub explica que bajo las leyes de la bioética, el hombre dejará de ser un “ser humano” para convertirse en material humano. Información genética andante. Así, llegará el momento en que por ley tengamos que entregar nuestro código más íntimo -el genético-, que pasará a ser de libre circulación, y el cuerpo es lo único que quedará como intransferible. 

Ante este panorama y a pesar de tener un cuerpo, cabe preguntar: ¿perdurará algo de lo humano en el hombre? El filósofo alemán Peter Sloterdijk considera que ya no puede hablarse de lo humano como antaño y define al humano como un cyborg; es decir un híbrido hecho a partir de reemplazos y que se constituye con elementos que antes le eran externos. Entonces ya no puede distinguirse qué es humano y qué no. La figura humana se ha transformado a partir de la biogenética dado que las biotecnologías han llegado para cambiar ontológicamente lo que somos. 

Sin embargo, sospecho que la hibridación no será cosa de todos y que el día en que los órganos humanos bio-impresos estén disponibles, serán muy costosos y fuera del alcance de todos salvo de los pacientes más ricos. Con lo que también se dará lugar a un debate complejo que implicará una gran cantidad de intereses políticos y financieros: es decir que el biopoder estará más presente que nunca. Y, como siempre, quedará expuesto el carácter autoritario de la gestión de la vida por la biotecnología; cuestión a la que muchos refieren como un ejemplo más de la explotación del hombre por el hombre. Los humanistas parecieran adoptar esta última postura al pensar al mundo y la técnica moderna en términos binarios (mundo/sujeto o amo/esclavo). Sin embargo Sloterdijk los critica al igual que a su utopía de sociedad humanizada y ejemplo de civilidad burguesa. Es que según el pensador alemán, el humanismo constituye en sí mismo la historia de la dominación del hombre por el hombre, ya que ha construido los Estados a través de lecturas y relatos obligatorios que la clase dominante ha impuesto para decirnos lo que debemos pensar y cómo debe ser pensado. Así, considera que este sistema autoexplicativo y embebido en el humanismo ha sido bajo el cual se han cometido las peores atrocidades en la historia de la humanidad.

Sloterdijk nos revela que hemos entrado en la era del post-humanismo y que el concepto de subjetividad no funciona ya que existe una indistinción total entre qué hay afuera y adentro del sujeto. Ya no se piensa en términos binarios, sino en términos de materia informada e información debido a que el ser humano ha pasado a ser una hibridación y que el dominio del hombre sobre la materia viviente provoca esta circulación de datos que nos fusiona. Seres capaces de intercambiarse órganos como zapatos, o incluso ir de compras tras el último y más vital par de pulmones salidos al mercado.

Pero a pesar de su postura por la cual la tecnología es la que nos transforma en humanos una vez que salimos al mundo -incluso plantea que la tecnología siempre fue la productora de seres humanos- Sloterdijk entiende y comparte con Iacub que hay que tender al equilibrio y saber administrar positivamente este nuevo poder. Imaginemos en lo que podría convertirse el comercio de órganos bio-impresos. ¿Quién controlará la habilidad para producirlos? ¿Quién asegurará la calidad de estos productos? ¿Tendrán fecha de caducidad con lo cual se obligaría al recambio constante? Ante estos interrogantes, Sloterdijk respondería que es fundamental pensar una ética de las antropotécnicas para justamente establecer los límites entre la legítima optimización genético-médica para el individuo y la ilegítima biopolítica para los grupos.

Jurgen Habermas es otro autor que se plantea los límites morales de los avances de la medicina y del biopoder. Para ello, cita a la socióloga, filósofa y psicóloga alemana Elisabeth Beck-Gernsheim, quien reflexionó acerca del proceso por el cual se imponen en la opinión pública las nuevas técnicas de medicina genética. La investigadora suscribe que las nuevas ofertas afectan manifiestamente el interés de los consumidores y este interés puede superar las consideraciones morales que puedan llegar a funcionar como límite. Es decir que tras la inicial indignación moral, viene la normalización. Y Habermas sigue esta línea y explica cómo los intereses “se imponen con más rapidez cuanto más débiles son las objeciones morales que los deben contener”.

Durante una emisión de Telenoticias, informativo de la TV de República Dominicana, se pudo observar cómo el periodista especializado en ciencias y tecnologías, promocionaba positivamente a las bio-impresoras. Manifestaba que en un futuro cercano podremos recurrir a estas para curar heridas, moldear partes de cuerpos que queramos embellecer (cirugías estéticas) u obtener órganos sanos. Y todos sabemos que la prolongación de la vida es algo que tiene muy buena publicidad, con lo cual los cuestionamientos morales serían fácilmente omitidos. Ante este temor es que Habermas también toma sus recaudos y considera que el hombre no puede hacer lo que se le venga en ganas con estos nuevos mecanismos. Para él, la biotecnología no puede escapar de las consideraciones morales. Imaginen que esta tecnología avanzara tanto que pudiera imprimir ya no órganos sino humanos enteros, clones mejorados. Dado el caso, Habermas ve que la relación entre un clon con su creador es similar a la del amo y el esclavo. Una relación que rechaza de cuajo diciendo que “ninguna persona tiene derecho a disponer de otra y a controlar sus posibilidades de acción de tal modo que a la persona dependiente le sea sustraída una parte esencial de su libertad. Esta condición es vulnerada cuando alguien decide sobre el programa genético de otra persona”.

Estudiosos como Héctor Schmucler y Hans Jonas, también observaron este panorama en el cual el dominio sobre el futuro es rey. Es que ahora el tiempo es atravesado por el dominio. El humano cree que puede dominarlo todo, incluso el futuro, ya que la técnica moderna hace que éste sea previsible. Y mecanismos como el de la bio-impresión muestran la hilacha de lo que actualmente el poder discute: la creación de una humanidad perfecta. La eugenesia: esta “industria de lo humano” dictada por la política y las ciencias; intenta modificar las bases de la vida. En diversos trabajos, Schmucler explica cómo y porqué considera al ser humano como materia prima para la producción del propio ser humano. Esto infringe la naturaleza humana, a la cual Schmucler destaca por dos propiedades fundamentales: lo azaroso y lo imprevisible. En concordancia, Jonas advierte de las consecuencias futuras inesperadas que este atentado contra natura puede ocasionar, además de recordarnos que estamos ingresando a una era en la que, más que nunca, el ser humano está construyendo artificialmente aquello que la naturaleza produce en forma espontánea y a través de las mutaciones. Parecería que estamos buscando crear una raza de superhombres en la que no habrá lugar para los débiles.

¿Pero quiénes serán estos superhombres y a quiénes responderán? Al buscar hacer de la vida y del mundo algo por demás previsible y salido de una línea de montaje, se revela la idea de la homogeneización de lo humano y de un mundo que, a pesar de sus avances y supuestos grandes logros, seguirá fundado en las relaciones entre amos y esclavos.

 

26/8/2016

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