Sociedad

NovedadesArchivo

   
2° Feria Iberoamericana de Gastronomía

Cuando San Valentín necesita un traductor

Extreme selfies

 

Moda, historia y sociedad

No solo un vestido bonito

Vogue cover, by Dali

Por Nadia Sapollnik
nadia.sapollnik@hotmail.com

La moda nos representa a todos y a cada uno. Su absurdo reside por un lado en impulsarnos al deseo de inclusión, mientras que por otro nos inspira a la diferenciación. Sin que sea una simple casualidad, la modernidad alberga en sus bases la misma incongruencia. Nos encamina hacia una utópica felicidad universal basada en la futura libertad para cada individuo particular.

Contextualizando la moda entres periodos, el Art-à-Porter, el Pret-à-Porter y el Net-à-Porter, podremos observar como esta se ha anticipado a las contingencias históricas, amoldándose a la modernidad. Su realidad cambiante parece tan inalcanzable como la felicidad moderna.

El Art-à-Porter se sitúa desde la Revolución Francesa hasta cuartos del siglo XX. Allí encontramos a los “sans culottes” como los referentes de la primera utilización contestataria de la indumentaria. Estos trabajadores fueron los principales protagonistas en la escena política revolucionaria. Su calificativo deviene de la falta de calzones o calzas comunes en las clases burguesas y nobles los cuales eran suplantados por pantalones largos.

Durante el siglo XIX escritores y teóricos combinan los conceptos de moda y arte concluyendo en que la mujer necesita a la moda para ser arte. Ambos poseían la característica artesanal que las resguardaba de la reproducción, las tendencias se podían imitar pero las prendas mismas eran consideradas piezas de arte.

En el año 1830 Balzac escribe el libro “La Mode”, en el cual la moda y el arreglo personal se paralelizan con la expresión social. En 1863 Baudelaire escribe “El pintor de la vida moderna” en donde describe la moda como el artificio que transformara la naturaleza para hacerla arte.

“… ¿Qué poeta osaría, al pintar el placer causado por la aparición de una belleza, separar a la mujer de su vestido?...”

Por último, las vanguardias del siglo XX incursionaron en el mundo del arte (por lo tanto también en el de la moda) haciéndose cargo de su función política de manera integral. Las formas se separaron de los contenidos, pero estos estaban llenos de significados.

A partir de 1950 surge el Pret-à-Porter como un sistema que permite la mecanización de los diseños. Esto, a simple vista, permitía una mayor democratización. Pero solo llega a serlo por el ascenso democrático de las acciones colectivas, sustituyendo la innovación estética por la reproducción mimética.

Este período se caracterizó por una comunicación unidireccional y analógica. El cine y la TV comenzaron a ser plagadas de iconos estéticos impuestos por diseñadores y vestuaristas.

A partir de 1990 el mundo digital pasa a ser el nuevo universo mediático. Nace así el Net-à-Porter. Este nuevo mundo de redes tiene la posibilidad de albegar una polifonía. Las prescripciones drásticas de la moda se borran; en esta nueva distribución de discursos lo nuevo no desacredita lo antiguo.

Los principios de democratización se afirman en la yuxtaposición de códigos heterogéneos, ahora el sistema de la moda es polimorfo. Los cool hunters (cazadores de tendencias) son los nuevos personajes en el periodismo moda. Por medio de blogs, y a partir de un balance entre las pasarelas de las grandes marcas y las encuestas callejeras, proponen nuevas tendencias. La universalidad y la atemporalidad que permite Internet nos deja encontrar elementos que antes hubiésemos considerados incombinables. El sujeto virtual es efímero pero es lo único permanente en nuestra sociedad.

Sin embargo este nuevo universo complejo se ve empatado con la difusión de grandes cadenas moda. Monopolios empresariales de la producción de tendencias que acarrean una política anti-comunicativa en la falta de significado entre los individuos y su vestimenta. El sistema comunicacional trabaja con discursos por lo tanto, la sociedad juzga por el aspecto externo. Depende de nuestra vestimenta la manera en que somos clasificados.

Es así que la indumentaria tiene como función primaria la comunicación. Deja de ser un objeto exclusivamente para cubrirse y pasa a ser una identidad.

18/9/2009

Notas relacionadas:

Moda y deporte: Yo quiero verme como Mike

La moda se mete en política

www.solesdigital.com.ar 

Lo más visto de Sociedad
Historia de las Villas Miseria Florencio Molina Campos El peronismo en fotos