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Especial
Florencio Molina Campos (Parte 3)
Gauchos
grotescos
Por
Cecilia Grolero
cegrolero@hotmail.com

Un aspecto
importante a analizar en el trabajo de Molina Campos es el estilo grotesco
de sus obras. En un acto de rebelión contra esa importación
de la cultura, el artista destruye un estereotipo de gaucho e impone su libertad
con la introducción del estilo caricaturesco y grotesco.
Este argentino
representó a sus personajes como hijo de lo grotesco, “pero los
concibió en su realidad social, como criaturas resultantes de un cóctel
racial y cultural” (1).
Resulta
interesante observar como ese estilo de descripción grotesca de los
personajes cumple dos funciones que se contraponen a la vez que se complementan.
Por un lado lo caricaturesco y esa forma grotesca es lo que diferencia al
gaucho de Molina Campos de cualquier otro en el imaginario colectivo, ya se
trate de los mismos pobladores rurales o de las elites del arte; por otro
lado es ese aspecto que lo diferencia el que a la vez lo acerca a una sociedad
hasta el momento desinteresada del tema. La ama de casa, el dueño del
comercio y cada uno de los pobladores de la ciudad ahora encuentran en las
obras de Molina Campos algo diferente pero que atrae, algo que llama la atención.
Mijail
Bakhtin, en su trabajo “La cultura popular en la Edad Media y en el
Renacimiento”, afirma que lo grotesco responde a un gusto propio de
la cultura popular cómica de la Edad Media. Para este autor lo grotesco
no responde a una exageración caricaturesca de un elemento negativo,
sino que está relacionado con el sistema de imágenes de la fiesta
popular.
Los personajes
de Florencio Molina Campos llaman la atención por sus grandes dentaduras,
sus enormes narices y sus ojos saltones. Según Bakhtin ”entre
los rasgos del rostro humano, solamente la boca y la nariz (esta última
como sustituto del falo) desempeñan un rol importante en la imagen
grotesca del cuerpo” (2).
Este estilo
se interesa por todo lo que desborda el cuerpo, es como si las partes quisieran
escapar de él. Esa forma de concebirlo, en oposición a una concepción
naturalista o clásica del organismo, está directamente relacionada
con la carnavalización, con la forma como se describían los
cuerpos humanos en el lenguaje no oficial de los pueblos.
A diferencia
del cuerpo europeo, de tipo individual y cerrado, que no se funde con otros,
los de la fiesta popular, los de descripción grotesca, rebasan sus
propios límites y activan la formación de un segundo cuerpo
que nace independientemente.
No es
casualidad que en la década del treinta, momento en que las obras de
Molina Campos comienzan a publicarse en los almanaques Alpargatas, en el Río
de la Plata se respirase un movimiento cultural de algunos artistas que buscaban
la aproximación a la temática social y popular de los países
latinoamericanos. “La bohemia de artistas que durante los años
treinta y cuarenta poblaron las tertulias de café, pendulaba entre
un culto incondicional a lo europeo y un gusto insobornable por la parafernalia
carnavalesca de origen popular” (3).
Los trabajos
de Molina Campos nacen en un período que se caracteriza por una “imaginería
del grotesco popular, propia de las ferias y los carnavales orilleros”
(4), y es justamente en este contexto donde el espectador y el protagonista
se acercan, o como explica Emir Rodríguez Monegal, es propio de la
carnavalización “que la separación entre los actores y
los espectadores está eliminada” (5).
Para Bakhtin
“la concepción grotesca del cuerpo constituye así una
parte integrante e inseparable” (6) del sistema de imágenes de
la fiesta popular. Esto lleva a que el pueblo comparta una sensación
de inmortalidad histórica colectiva, gracias a la concepción
de un organismo que está en continuo cambio, que muere y nace nuevamente.
Típico
de este estilo son los ojos desorbitados, muchas veces representados en los
gauchos del artista argentino. Sus bocas abiertas, enormes, y hasta cierto
grado desproporcionadas con respecto al resto de la cara, son fieles representaciones
de la fisonomía cómica propia del carnaval. Esto explica los
medios tradicionales utilizados el la fiesta popular como lo son las máscaras
de bocas grandes.
Esta misma
característica Bakhtin la vincula con la garganta, la bebida y la afonía
que sigue al exceso de bebida. No es necesario explicar que cuando se piensa
en la diversión del gaucho inmediatamente se lo ubica en el contexto
de la pulpería bajo el efecto de una ginebra o una grapa.
“Atracaus
al mostrador” y “Viva yo y el que me fía” son algunas
de las obras que muestran al gaucho en el mundo de aquella pulpería.
Se podía ver a un hombre “enjaulado” que detrás
de unas rejas llenaba vasos que repartía muchas veces sin preguntar
a quienes se le acercaban. A su espalda se veían unos estantes medio
vacíos que contenían desde latas de yerba hasta cortes de tela.
A ese lugar concurría un paisanaje de fiesta que intercambiaba bromas
y se reía entre el humo de los cigarrillos.
Pero no
sólo los paisanos de Molina Campos reflejan estas características
propias del estilo grotesco. Los caballos, fieles compañeros de sus
dueños, ocupan un lugar preponderante en la obra del artista y son
también representados con este estilo particular. Sus ojos son siempre
saltones y desorbitados, sus dentaduras evocan al mismo tiempo el hambre,
la risa y la voracidad.
Esos caballos
se parecen a sus dueños, y es así como Molina Campos los crea.
Hay tan poca sociedad en los hombres de la pampa que los equinos son parte
de su familia. Incluso el hombre y este animal comparten un detalle que llama
la atención en las pinturas del costumbrista. El paisano tiene enormes
pies; el caballo enormes vasos. Tanto los cascos como los pies con bota de
potro o alpargatas, constituyen una base sólida y afirman la pertenencia
a la tierra. Podemos pensar que Molina Campos nos revela una metáfora
del sentido de pertenencia, de la importancia de las raíces nacionales.
A pesar
de las distancias que separan al argentino Florencio Molina Campos y al ruso
Mijail Bakhtin, podemos considerar que ambos comparten la manera de abordar
el lenguaje no oficial de los pueblos y la forma como sus aportes ayudaron
a “cuestionar el logocentrismo europeo u occidental” (7).
La leyenda

Cada uno
de los trabajos de Molina Campos, que durante doce años se difundieron
en los almanaques de la reconocida fábrica de calzado argentino, venían
provistos de refranes y leyendas. Es que la filosofía del gaucho era
”simple ciencia de vida, formulada en abundantes sentencias y refranes” (8).
La soledad
en la que vive el gaucho, donde sólo la pampa desierta, el caballo
y su perro lo acompañan, lo convierten en un hombre introvertido y
le proporciona el tiempo libre y necesario para pensar.
Los descansos
entre un trabajo y otro, los tiempos que la naturaleza le obliga a tomarse,
le permiten dar rienda suelta a su imaginación. De esta forma nacen
los refranes.
Podemos
decir que esta leyenda está relacionada con el concepto de Gerard Genette
de “paratexto”, entendido como un modo de trascendencia del texto,
es decir “la manera que tiene un texto - o que se le pueda dar –
de evadirse de sí mismo, al encuentro o a la búsqueda de otra
cosa” (9).
Ese paratexto,
esa leyenda, le permite al autor transformar su pintura en algo más,
en algo que trasciende lo allí representado. Por un lado condiciona
la lectura que se hace de esa imagen; por otro acerca la obra al público,
tiene un “lugar privilegiado de su relación con el público
y, por su intermedio con el mundo” (10).
Tal cuál
lo afirma Genette, ese paratexto, esa leyenda en nuestro caso, logra “una
presencia muy activa alrededor del texto” (11) que en los trabajos de
Molina Campos se traducen en la comunicación de la propia oralidad
de los paisanos. El autor escribe como se habla, respeta la misma ortografía
de los hombres que despertaron las primeras letras de la poesía gauchesca.
A su vez
esa leyenda también fortalece el mismo juego paródico que explicábamos
anteriormente. Nos dice que tenemos que leer en esa imagen con humor, nos
explica en cierta medida el chiste e incluso nos acerca aún más
al personaje.
Pareciera
que el mismo gaucho que aceptó sacarse la fotografía nos la
estuviera mostrando reproduciendo verbalmente ese comentario. Esa leyenda
es la voz del protagonista, son las frases que provocaron la imagen, porque
“Se vino” L pampero!” y hay que juntar el cojinillo y la
ropa antes que caigan las primeras gotas; porque “Se puso fiero...!”
y hay que volver al rancho antes de que la noche lo sorprenda; porque también
el “pingo” que lo acompaña “Ej una luz!".
Sólo
un hombre que conoce y que ha visto con sus propios ojos la vida de los pueblos
rurales del interior como Molina Campos, puede entender como viste, calza
y se mueve un paisano “Endomingau”.
Otra lectura
que se puede hacer, que no contradice lo anterior, es la intención
del autor de difundir el lenguaje gauchesco tal cual es, como factor nacionalizante,
queriendo que se conozca la naturaleza del hombre de campo, sus dichos, su
terminología, su rústico y pintoresco lenguaje.
A
modo de conclusión
Una de
las intenciones de este trabajo es aportar un nuevo punto de vista. Hay otra
forma de ver lo estipulado, podemos, si queremos, indagar aquello que en nuestras
mentes parece fosilizado. ¿Acaso no es ser críticos más
que una tarea, una obligación en los tiempos que vivimos?
De pronto,
y con la ayuda de Florencio Molina Campos, algo tan “arraigado”
en nuestra cultura como es la figura del gaucho toma otro lugar. Nos olvidamos
del Martín Fierro y empezamos a ver por sobre todas las cosas a la
esencia humana del hombre rural.
A pesar
de que el buey se transformó en tractor, la pulpería en almacén
y el rancho en vivienda de ladrillo, todavía hoy lo caricaturesco nos
acerca a un diario vivir y sobre todo una eterna forma de ser. Las “gracias”
se la debemos al humor, porque por él se acercan dos mundos, porque
nos da otra mirada de la realidad.
21/11/2008
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Parte 1 - Ver
Parte 2
Notas:
1) Op. Cit., Peluffo, pág. 22.
2)
Bakhtin, Mijail. La Cultura popular en la Edad Media y en el Renacimento,
El Constexto de François Rabelais. Alianza Editorial S.A, Madrid, 1987,
pág. 285.
3)
Op.Cit., Peluffo, pág. 24.
4)
Op. Cit., Peluffo, pág. 25.
5) Rodríguez Monegal, Emir. Carnaval, Antropofagia, Parodia, Revista Iberoamericana.
Vól.45, Nº 108-109, julio-diciembre 1979.
6)
Op. Cit., Bakhtin, pág. 292.
7)
Op. Cit., Rodríguez Monegal.
8)
Bunge, Carlos. O. La Cultura Argentina, La Literatura Gauchesca. Buenos Aires,
1915, pág.11.
9)
Genette, Gerard. El Texto según Gerard Genette. Revista Maldoror, Montevideo,
1985, pág. 56.
10)
Ibíd.. pág.56.
11)
Ibíd.. pág.56.
Ilustraciones
pertenencientes al catálogo de la Fundación Florencio Molina
Campos: www.molinacampos.org
www.solesdigital.com.ar
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