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Museo Mitre

Un viaje al pasado en pleno microcentro

Texto y fotos: Jules Aymale

Museo Mitre

En pleno bullicio urbano, rodeada de bancos, multinacionales, ruidos de autos y colectivos, se encuentra la emblemática casona colonial, hoy museo, donde vivió la familia Mitre desde 1860 hasta 1906. De fachada sencilla y baja, es fácil pasarle por delante sin caer en la cuenta del Monumento Histórico Nacional que se tiene enfrente.

Pero al adentrarse, enseguida los años de historia caen a la cuenta. Se conservan, si bien no de la mejor manera posible, la disposición de las salas y el mobiliario isabelino digno de la época. Pueden conocerse la biblioteca personal del General (con más de 70.000 volúmenes que datan del siglo XVI especializados en geografía e historia aún consultados por los especialistas), su salón de conferencias, su comedor completamente amueblado y salón de billar, así también como su dormitorio personal con el mobiliario y decoración propios, sus dos patios internos con aljibe incluido, y hasta sus baños.

En la Sala Moores de exposiciones temporarias, ubicada en el primer piso y cuya construcción data de 1902, se exhibe actualmente una muestra de avisos publicitarios publicados en revistas argentinas de fines del siglo XIX y principios del XX. Una selección de rarezas publicitarias, más de 70 piezas, que muestran las brechas comunicacionales de la época con nuestras maneras actuales de leer la publicidad.

Haciendo un recorrido por las diferentes categorías de producto, se pueden observar repetidamente slogans relacionados con los beneficios para la salud en toda clase de productos. Las aguas de colonia se lucían por su condición antiséptica, la levadura de fruta estaba orgullosa de mejorar la belleza del cutis en grandes y niños, y las bebidas alcohólicas no solo fomentaban el usa familiar, sino que se valían de prolongar la vida, ser el mejor estomacal o un eficaz fortificante y estimulante.

Con bajadas sumamente descriptivas, párrafos enteros de una página que describían los beneficios y usos del producto, no le tenían miedo al lector fugaz. Cuanta más información mejor, así parecía ser el lema de los anunciantes del momento. Lejos de asemejarse a la actualidad, donde la publicidad gráfica se vale más de imágenes provocativas y marcas fuertes a  palabras o descripciones extensas. Otras de las diferencias que llaman la atención del visitante son las recurrentes comparaciones con la competencia que solían utilizar las marcas. Con slogans tan simples y claros como: “Iguales a los de mayor precio”, eran sumamente contundentes a la hora de hacer entender al consumidor su mensaje. Con dibujos a mano alzada y burbujas de precio incluido,  muchos de estos anuncios servían a modo de catálogos de compra, fácil de entender para una época en donde los medios audiovisuales y la internet nada tenían que ver.

Y entonces, ¿por qué no hacer un parate a la hora del almuerzo, dejar la modernidad por un rato y dedicarle un recorrido a este museo histórico y a su exhibición que trasladan al pasado a sus visitantes con bastante facilidad?

Información:“La publicidad de nuestros bisabuelos: avisos en revistas argentinas de 1881-1920”. Museo Mitre, Sala Moores: San Martín 336, Buenos Aires. Del 11 de enero de 2012 al 31 de mayo de 2012. Lunes a viernes de 13 a 17,30 hs.

7/3/2012

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