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Pinélides
Aristóbulo Fusco
Historia
gráfica del peronismo
Por
Catalina
Pantuso
catalina@octubre.org.ar
Como
movimiento, el peronismo excede largamente el ámbito partidario y la
política electoral, siendo el fenómeno social y cultural que
mayores adhesiones y oposición ha tenido la Argentina del siglo XX.
Uno de los de artífices de la cultura peronista fue Pinélides
Aristóbulo Fusco, el fotógrafo que documentó
los principales hechos históricos de los dos primeros gobiernos de
Juan Domingo Perón y capturó muchas de las imágenes que
aún hoy se reproducen en libros, diarios y revistas sin hacer ninguna
mención al autor.
A pesar
de que sus fotos fueron reproducidas infinidad de veces, poco se ha escrito
sobre la vida de este amante de la filosofía, de la historia, de la
literatura y del tango interpretado por el bandoneón de Aníbal
Troilo.
El reportero
gráfico que buscaba el instante, encuadraba la escena, medía
la luz y trabajaba en el laboratorio, para documentar el período más
importante de la historia argentina del siglo XX, nació el 26 de diciembre
de 1913 en la ciudad de Buenos Aires. Era hijo de María Elena y de
Américo, un militante socialista oriundo del sur de Italia (Avellino),
que trabajó como empleado en el Correo y participó activamente
en los sucesos de la Semana Trágica. Su nombre fue producto de un accidente,
ya que su padre —recordando la mitología griega—quiso llamarlo
Pílades pero, por uno de esos errores que se cometían en el
Registro Civil, fue anotado con este nombre único y desconocido: Pinélides.
Sus amigos y familiares prefirieron llamarlo “Pinucho”.
Cursó
sus estudios primarios y secundarios en el Normal de Profesores Mariano Acosta,
de donde egresó con el título de maestro normal, primero, y
Profesor en Letras dos años más tarde. Su carrera docente se
inició a los 17 años, en la escuela Estanislao Zeballos de La
Boca. Sus alumnos fueron los trabajadores adultos que cursaban los estudios
primarios en el turno noche. Desde ese momento nunca dejó de enseñar
y finalmente se jubiló como rector del Nacional San Martín de
la Ciudad de Buenos Aires.
Inquieto
y estudioso, Fusco era también profesor de piano y cursó estudios
de artes plásticas en la Asociación Estímulo Bellas Artes.
Fue un gran lector tanto de historia y filosofía como de ficción
y poesía. Su primera formación política fue marxista
y llegó a ser director de la biblioteca del Partido Socialista. Sin
embargo, a partir de su contacto con el Revisionismo Histórico, especialmente
con la historia de José María Rosa, fue acercándose al
Pensamiento Nacional.
Fotoperiodismo
político

Sus primeros
trabajos como periodista y reportero gráfico los hizo en la Editorial
Julio Korn, que editaba las revistas Vosotras, Radiolandia y Labores. Su vida
cambió cuando, un domingo de 1948, recibió un mensaje indicándole
que debía presentarse en la quinta de San Vicente, para fotografiar
a Perón y a Evita. A la mañana del día siguiente el trabajo
estaba terminado. Una vez demostrada su calidad profesional se le ofreció
el ingreso a la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia,
como personal contratado.
Desde
ese momento, y hasta el golpe de estado de 1955, Fusco daba clases por la
mañana y por las tardes cubría los diferentes eventos oficiales
o retrataba en la intimidad al matrimonio presidencial. Su sólida formación
cultural hizo que se le encomendaran trabajos en los cuales se debían
cumplir con las estrictas normas del protocolo, como por ejemplo los actos
en el Teatro Colón, o la firma de convenios internacionales.
Fue testigo
privilegiado de varios momentos históricos. El 11 de marzo de 1949,
cuando el general Perón juró la nueva Constitución Nacional,
Fusco utilizó por primera vez, en un acto oficial, la película
fotocolor. Registró las escenas del renunciamiento de Eva Perón como candidata a la vicepresidencia de la Nación, el 22 de agosto de
1951 —con la emblemática imagen del abrazo ganó el Primer
Premio de Fotografía— y de la emisión de su voto desde
la cama, poco tiempo antes de morir.
También
fue uno de los tres cronistas acreditados que pudieron fotografiar a los cientos
de víctimas civiles que produjo el levantamiento militar del 16 de
junio de 1955. Hay muy pocos retratos de Perón en los que no aparezca
sonriente; por lo que constituye un verdadero hallazgo el registro del rostro
crispado del General, vestido con su uniforme militar, después de ese
sangriento episodio cuando arengó al pueblo reunido en la Plaza diciendo:
“por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de
ellos”.
No sólo
registraba los actos oficiales, sino que también captaba momentos íntimos
o informales donde, tanto Perón como Eva, aparecen de un modo espontáneo
atendiendo a la gente, saludando a los chicos o trabajando en sus despachos.
La Revolución
Libertadora de 1955 puso fin a su carrera de fotoperiodismo político.
Según el relato de su hijo Edgardo, Fusco logró rescatar todo
el material fotográfico y, a pesar de la prohibición vigente,
atesoró los negativos en su casa. No obstante, después del fusilamiento
del General Juan José Valle (9 de junio de 1956), cuando se acrecentó
el temor a las represalias, fue su hermano socialista, Dagoberto Arístides,
quien se ocupó de esconder todo el archivo.
El
fotógrafo profesional
Si
bien gran parte de su actividad estuvo directamente ligada al peronismo, también
retrató a muchos de los actores de los Estudios San Miguel, entre ellos
figuras como Alberto Closas, Mirta Legrand, Fanny Navarro, Zully Moreno, Alfredo
Alcón.
Integró,
en 1953, el primer grupo independiente de la fotografía argentina,
conocido como La Carpeta de los diez. Participaban allí notables retratistas,
como a Annemarie Heinrich, Anatole Saderman, Hans Mann, José Malandrina
y Max Jacoby. Este emprendimiento cambió sustancialmente el modo de
relacionarse entre los fotógrafos de nuestro país. Todos se
encontraban en un ámbito solidario con el objeto de apuntalarse unos
a otros; se alentaban, analizaban las obras y generaban nuevas propuestas
al margen del sistema de concursos que, hasta entonces, era hegemónico.
Después
del golpe militar del ‘55 Fusco articuló el trabajo docente con
la tarea artística. Su condición de peronista le dificultó
el acceso a diversos ambientes culturales pero, gracias a la intervención
directa de Sameer Makarius, pudo formar parte del Grupo Forum que éste
había creado en 1956. De este modo, la fotografía superaba el
estrecho marco de lo social o documental y se convertía en una expresión
artística. La primera exposición se llevó a cabo en el
Museo Eduardo Sívori. En su presentación, Aldo Pellegrini escribió
un texto donde reivindicaba a la fotografía como un medio autónomo,
señalando que pretendía "reflejar nítida y simbólicamente
nuestra forma de vivir, de sentir y de pensar, fijándola con claridad
e inequívocamente por medio de la fotografía..."
Como un
profesional ya experimentado comenzó a trabajar en la agencia de publicidad
Ricardo De Luca, y también incursionó en la fotografía
industrial. Su vida transcurrió junto a su esposa y sus tres hijos,
pasando las mismas peripecias que soportó el pueblo peronista, pero
totalmente alejado de la actividad política.
Algunas
productoras internacionales y nacionales quisieron adquirir las fotos de Evita.
Pero Fusco, fiel a sus principios, nunca quiso comercializar el material que
ya le habían pagado. En 1976, decidió hacer desaparecer todo
el archivo correspondiente a los bombardeos de la Plaza de Mayo del 16 de
junio de 1955. ¿Fue, tal vez, por lealtad a Perón, quien no
quiso darlas a conocer en su momento para no exacerbar aún más
la indignación popular?
El peronismo
actual es una parte sustancial de la cultura de todos los argentinos. Lejos
quedaron los debates intelectuales sobre si el movimiento popular tenía
o no una ideología, y a casi nadie se le ocurriría seguir afirmando
que la llegada de los trabajadores a la Plaza de Mayo el 17 de octubre de
1945 fue la irrupción del aluvión zoológico.
Hoy las
fotos de Pinélides Fusco, gracias al empeño de su familia, forman
parte de la historia gráfica del peronismo. Ellas ilustran los relatos
de millones de actores que vivieron personalmente esas historias. Sólo
faltan las palabras de Pinucho, quien nunca quiso escribir sus anécdotas,
recuerdos y opiniones. Tal vez sabía que ninguna palabra puede agregarse
a una imagen, cuando ésta es una obra de arte.
10/11/2008
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