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Racismo
Mundial
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos:
Sitio oficial de la FIFA / AP
Antes
del inicio de cada partido del Mundial de Fútbol de Alemania, en el
centro del campo de juego, un cartel circular anuncia “Say no to
racism” (decile no al racismo). Como complemento a las acciones
que la FIFA suele emprender para promover el juego limpio entre los jugadores,
la campaña contra el racismo apunta principalmente a combatir las manifestaciones
xenófobas que cada vez son más habituales entre jugadores e
hinchas de toda Europa, y que manchan a las ligas más importantes del
Viejo Continente.
Mientras
tanto, en Argentina, el clima festivo de los mundiales de fútbol es
una vez más un momento privilegiado para que los prejuicios, la ignorancia
y el racismo afloren sin máscaras ni eufemismos. Gran parte de la opinión
pública, conductores de televisión, comentaristas de radio y
opinadores ad hoc, descubren cada cuatro años gracias al fútbol
que existe algo en el mapa que se llama África, tierra habitado por
exóticos hombres de piel oscura de indudable superioridad física
(e implícitamente, carentes de otro tipo de valores como el razonamiento,
la inteligencia o la belleza).
Un breve
repaso de algunos comentarios públicos aparecidos en los medios argentinos
en esta primera semana mundialista, da cuenta de que los prejuicios más
rancios hacia los negros no desaparecieron, solamente estaban ausentes acompañando
la falta habitual de noticias sobre África que no sean sobre hechos
violentos (guerras civiles, golpes de Estado...)
De pronto,
los argentinos se encuentran compitiendo en un mismo torneo con países
de los cuales nada sabe, a no ser por el fútbol: Costa de Marfil,
Ghana, Togo, Angola, Túnez (antes fueron Camerún y Nigeria). Que esta aparición de lo africano
en nuestras noticias diarias sea gracias a un evento deportivo, refuerza uno
de los prejuicios raciales más arraigados en las sociedades occidentales:
el de la superioridad física del negro.
El debut
del seleccionado de José Pekerman ante su par de Costa
de Marfil, dio lugar una vez más a que numerosos analistas deportivos
reflotaran el mito de la superioridad física de “los africanos”;
eufemismo políticamente correcto con el que los comentaristas se cuidan
para no decir el más sospechable de racismo “negro”,
aunque sea “negro” a lo que se refieren, pues nunca se
habla de la capacidad atlética de tunecinos, marroquíes o egipcios,
también ellos africanos pero étnicamente semitas.
Algún
“bienintencionado” podrá objetar que destacar la superioridad
física de los negros no constituye un acto racista, pues se los está
exaltando en vez de denigrarlos. Pero sobredimensionar las cualidades físicas
de los africanos subsaharianos (forma más correcta, por si alguien
quiere tomar nota, de referirse a las poblaciones de raza negra que habitan
debajo del gran desierto africano, para diferenciarlos de sus vecinos magrebíes)
implica otras operaciones discriminatorias silenciadas. Al hacerlo, se les
niegan atributos positivos que suponemos característicos de nuestra
idiosincrasia (no solo futbolística), como la habilidad, la inteligencia,
la viveza.
El
deporte, lo biológico y la sexualidad

El notable
psiquiatra martiniqués Frantz Fanon, uno de los teóricos
más lúcidos en el análisis de las complejas relaciones
raciales del mundo post-colonial, demostró cómo el mito de la
superioridad atlética del negro proviene de otro prejuicio perversamente
instalado en las sociedades blancas: el de la potencia sexual casi animal
de los hombres de color.
Ambos
están íntimamente relacionados, ya que nuevamente podría
argumentarse que esta superioridad sexual no es discriminatoria hacia el negro,
sino todo lo contrario. Fanon dice al respecto: “En el supuesto
de un ideal de virilidad absoluta, ¿no deberíamos hablar de
un fenómeno de disminución respecto del negro, percibido este
último como símbolo fálico?” (Fanon, “Piel
negra, máscaras blancas”, 1973, p. 131).
En investigaciones
realizadas durante cuatro años con unas quinientos personas de raza
blanca (franceses, alemanes, ingleses e italianos), Fanon estableció
que en un 60% de los casos, la palabra “negro”
era asociada a “biológico”, “sexo”, “fuerte”,
“potente”, “boxeador”, “Joe Louis”, “Jesse
Owens”, “tiradores senegaleses”, “salvaje”,
“animal”, “diablo”, “pecado”. (Fanon,
idem, p. 137).
Vemos
entonces como la violencia, lo biológico, lo animal, lo salvaje y el
sexo, aparecen en una cadena de sentido que es atravesada por el deporte (en
el caso de los años '60, por el boxeo y el atletismo, pero lo mismo
podríamos decir hoy con la NBA o el fútbol) y termina en lo
diabólico y lo pecaminoso. Es decir, en lo prohibido.
Una visión
alucinada, temerosa y neurótica de aquello que se desconoce (el hombre
negro); presente en el discurso racista que en la actualidad, Mundial de Fútbol
mediante, volvemos a ver en forma naturalizada. Con la claridad de pensamiento
que nos legó Fanon, pasemos entonces a las oscuras realidades discursivas
que encontramos en la última semana en los medios y la opinión
pública.
Gigantes
imaginarios
Que
el seleccionado de Costa de Marfil es físicamente superior al argentino,
se convirtió en un lugar común en la previa, el desarrollo y
los comentarios posteriores a la victoria argentina del sábado 10 de
junio. Como Don Quijote frente a los molinos de viento, se ven gigantes en
jugadores que en ningún caso superan el metro noventa, ni siquiera
el gran delantero Didier Drogba (que en la más generosa
de las fichas técnicas acusa 1.88, y en la página oficial del
mundial figura con 1.80).
Fanon
cuenta cómo estudios científicos sobre la longitud media del
pene de los africanos, que aportaban datos similares a las proporciones entre
los europeos, no le servían en absoluto para refutar la idea del negro
como bestia sexual, y el mito de su enorme miembro viril.
De la misma
manera, podemos recurrir a las estadísticas oficiales, y ver que entre
los 10 jugadores más altos del Mundial, no hay ningún africano.
La lista está dominada por checos, holandeses, y demás europeos;
y sólo aparece un negro, el triniteño Dennis Lawrence.
En cambio, en la lista de los 10 más bajos encontramos a dos jugadores
de Costa de Marfil (Bakary Kone y Arthur Boka),
acompañados por Yao Junior Senaya, de Togo, entre
otros jugadores de todos los continentes y razas.
(lista completa en http://fifaworldcup.yahoo.com/06/es/w/stats/top10.html)
No hay
fundamentos para hablar de preponderancia física o genética
por parte de los africanos. En todo caso, podemos hablar de elecciones de
cada técnico, de predilección por seleccionar jugadores con
más capacidad física en unos casos, o más talento con
el balón en otros.
Que el
seleccionador Argentino no quiera disponer en cancha del metro noventa de
Julio Cruz, o haya dejado afuera del equipo al boquense Daniel
Bilos con su 1.95 a cuestas, y se haya decidido por los no tan imponentes
físicamente Saviola, Tévez,
Messi, Palacio o Aimar,
responde más a una cuestión de paladar futbolístico argentino.
Una cuestión de gusto que hace que de Hernán Crespo (1.84 de
altura) se destaque su habilidad como delantero, y no su importante presencia
física en el área.
Habrá
que hacerse cargo de las decisiones y elecciones tomadas, en vez de seguir
viendo gigantes donde hay atletas de estatura promedio, que sólo tienen
la piel más oscura que los nuestros. Más melanina en las células
de la epidermis no es una ventaja física demasiado considerable.
El
racismo como forma de entretenimiento
El catálogo
de prejuicios sobre los negros se completó en la televisión
de esta semana, a medida que se fueron presentando las demás selecciones
africanas. El lunes 12 de junio, las pantallas argentinas estuvieron poblada
de comentarios racistas, dominados por el omnipresente Diego Maradona,
que a pesar de opinar positivamente de los capitaneados por Drogba, los llamaba
continuamente “los morochos”, hasta que se cansó
de eufemismos y despectivamente aclaró: “bah, los negritos”.
Pero no
fue en los programas deportivos, sino en los de entretenimiento e interés
general, donde se vieron las expresiones más groseras de racismo.
Un caso
tristemente ejemplificador fue el ránking de jugadores más atractivos
que presentó Laura Oliva, en su nuevo rol de conducción
de “Fuga Mundial” (versión mundialista
de “Fuga a la medianoche”, América, 12 de junio a las 22.30
hs.). Allí, la producción le armó a la única mujer
del programa un Top 5, que incluyó a los rubios Crespo (Argentina),
Beckham (Inglaterra), Ljungberg (Suecia) y al italiano Cannavaro.
El
remate supuestamente cómico, fue la inclusión en el primer lugar
del ghanés Michael Essien (foto), lo que despertó
la risa burlona de todos en el piso. Luis Rubio, caracterizado
en su personaje de Heber Ludueña, le recriminó: “Ese
es el eslabón perdido, es un mono”. La respuesta de Oliva
fue tan previsible como racista: “Ya sé que es feo, que es
negro, pero lo elijo por lo que hay del cuello para abajo”, dijo,
mientras se veía una foto del rostro de Essien.
De este
modo, en un gag humorístico se resumieron las asociaciones
discriminatorias más habituales hacia los negros: salvajismo, fealdad,
sexualidad animal.
Al día
siguiente, en el mismo canal, el programa "Resumen de los medios"
que conduce Mariana Fabbiani (América, 21 hs.), continuó
la idea de hacer rankings "graciosos", esta vez yendo directamente
al grano: elijieron a los cinco más feos del Mundial. Tres africanos,
el coreano Lee Chun Soo y el mestizo Ronaldo (Brasil), fueron el objeto de
las burlas del programa.
El humor
libera prejuicios, permite decir con una sonrisa lo que seriamente nadie se
animaría a afirmar, pero que por lo bajo todos saben que es cierto.
Para nuestra sociedad, lo negro, lo oscuro, lo mestizo y lo oriental son sinónimos
de fealdad; mientras que "blanco" y "rubio" continuan
siendo los ideales de belleza.
Todo esto,
en sólo una semana de Mundial. Una época la cual detrás
de la alegría y la pasión, asoman los viejos fantasmas del racismo.
14/6/2006
Bibliografía
consultada:
Fanon,
Frantz; "Piel negra, máscaras blancas", Editorial Abraxas,
Buenos Aires, 1973.
Datos
oficiales de la FIFA en http://fifaworldcup.yahoo.com
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