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Censuras, Tinelli y rock & roll

Por Andrés Enriquez Dibós

Marcelo Tinelli

Sandro apenas tenía diecinueve años cuando fue suspendido en su debut en el show de Pipo Mancera que se emitía por Canal 13, allá por 1964. Los electrizantes movimientos del “Elvis criollo” causaron estupor en los directivos del canal, quienes los consideraron como excesivos para Sábados Circulares, uno de los programas más vistos de aquellos tiempos por la familia argentina. La historia culminó con el pobre Sandro pidiendo disculpas a la audiencia y a sus fans por la exuberancia de sus movimientos.

La semana pasada, Tinelli regresó a la pantalla de Canal 13 para que, un año más, ¿la familia argentina? se entretenga con sus zonzeras y el incesante desfile de narcisismos de famosos y mediáticos. Desde hace tiempo, el baile es una excusa para el show, más allá de la etiqueta de “Bailando por…”. El coctel de controversia y morbo es el mejor guión argumental del programa. No obstante, el excéntrico jurado exige a las famosas de ocasión que tengan una actitud “más perra” o que sus movimientos sean más sensuales. Lo primordial es mostrar. Será bienvenido un desborde de sexualidad en la pantalla (si se escapa una lola, mejor) que decante en una ola de polémicas y rating, re-alimentando así al aceitado engranaje de Marcelo y sus programas satélites.

La historiadora Valeria Manzano relata un curioso hecho en su destacado trabajo “Ha llegado la nueva ola”. El estreno en la Argentina de la película norteamericana Celos y Revuelos (Don't Knock the Rock), donde aparecían Bill Haley y Little Richard, dos de las columnas fundacionales del rock & roll, coincidió con el decreto de la Ciudad de Buenos Aires que prohibía las danzas del rock en 1957. En el largometraje, un conjunto de jóvenes gana la pulseada ante grupos conservadores que censuraban al género musical en cuestión. Al término del film, un grupo de chicos fue a bailar al Obelisco con el fin de desafiar la decisión del gobierno porteño. La policía no tardó en llegar para apresar a dos docenas de “rebeldes”. En aquel entonces, los sectores más reaccionarios estigmatizaban esta música como “inmoral” e “indecente” ya que la veían como una amenaza para la sexualidad juvenil y el orden público.

Hace poco más de una semana finalizó el festival gratuito “Ciudad Emergente”, cuyo leitmotiv fue el encuentro de la cultura rock, a cargo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Alrededor de 250.000 personas disfrutaron bailando y saltando al compás de las bandas. Los jóvenes que asistieron al evento no se toparon ni con censuras ni con cuestionamientos de ningún sector social. El único problema fue el gélido clima, algo infrecuente para otoño. Desde hace décadas que el rock (y su negocio) aparece legitimado, más aún si se tiene en cuenta que el gobierno de Macri será el encargado de organizar “Rock in Río 2013”, uno de los festivales más importantes a nivel mundial.

De Sandro a Tinelli. De Bill Haley a Macri. De la puja por un cuerpo disciplinado de los años sesenta al cuerpo exhibicionista y libre del siglo XXI. El rock y el baile como articuladores de dos sociedades separadas por el tiempo y los valores. Una curiosidad generada por la antinomia de dos momentos de la cultura argentina.

20/6/2012

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