|
La Resistible
Ascensión de Arturo Ui
En
un mundo de sociedades apologistas
Por
Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Autor:
Bertolt Brecht. Traducción de Nicolás Costa y Norberto Silvetti
Paz. Elenco: Fabián Vena, Roberto Carnaghi, Jean Pierre
Reguerraz, Gustavo Böhm, Marcelo Subiotto, Ricardo Merkin, Claudio Da
Passano, Malena Figó, Ricardo Díaz Mourelle, Tony Lestingi,
Marcelo Nacci, Gerardo Serre, Cacha Ferreira, Néstor Sánchez,
Jorge Ochoa, Pablo Mariuzzi, Enrique Latorre, Gabriel Conlazo, Gonzalo Costa,
Sebastián Suñé y Mariel Fernández. Música:
Hans Dieter Hosalla. Música incidental: Giya Kancheli. Dramaturgia
y dirección: Robert Sturua.
Sala Martín Coronado del Teatro San Martín.
Av. Corrientes 1530. Miércoles a domingos a las 20.30. Platea $12,
pullman $10, miércoles entrada $6. Duración:
120 minutos.
Bajo la
dirección del georgiano Robert Sturua (que una vez más regresa
a nuestro país), “La Resistible Ascensión de Arturo Ui”
de Bertolt Brecht (1898-1956) se presenta en la sala más grande de
Latinoamérica.
La obra
de Brecht, escrita en colaboración con Margarette Steffin en 1941 durante
su exilio del nazismo en Finlandia, fue mentada para reflejar la llegada de
Adolf Hitler a la cúpula del poder durante la Alemania del II Reich.
Sin embargo, Brecht pensó contextualizar la obra en la ciudad de Chicago
durante la gran crisis de 1929, tal vez queriendo reflejar que personajes
como Ui pueden instalarse en cualquier época y lugar.
Dentro
de este panorama, en el cual el poder del vil metal se representa a través
de los empresarios de la Trust de la Coliflor que atraviesan una fuerte crisis
en el mercado de los vegetales, podemos encontrar a los personajes principales
de esta obra. Fabián Vena encarna a Arturo Ui, un gangster sediento
de poder, en representación del líder nazi; y Roberto Carnaghi,
que con toda su maestría elabora el papel del viejo Dogsborough, que
emula a quien fuese el presidente de la República de Weimar, Paul Von
Hindenburg, a quien Hitler, aprovechándose de su honestidad y ancianidad,
sacó del poder. Lo mismo hará el personaje de Vena.
“Los
grandes delincuentes políticos deben quedar totalmente al descubierto
y, con preferencia, expuestos al ridículo”, supo decir Brecht
acerca de su obra. Pues así acontece en “La resistible …”
en la cual Sturua hace base en una gran puesta escenográfica móvil,
con chatarras apiladas junto a trastos, archivos y muebles que muestran como
entre tanta decadencia y objetos corroídos surgen personajes como Ui,
calañas de primer grado, ratas en un basural.
Tampoco
hay que olvidarse de la música, que en todo momento de la obra disipa
al espectador de prejuicios enfundados en lo que se observa y lo hace cambiar
radicalmente de emociones, pasando de lo trágico a lo cómico
y viceversa. Las cortinas musicales y la obra transcurren entre la ultra violencia
y el humor, a veces absurdo y otras por demás inteligente. Se puede
plantear aquí una analogía con La naranja Mecánica de
Stanley Kubrick que nos hacia vivir ese rush de pavor de la mano de su protagonista,
Alex DeLarge.
La obra,
que está abreviada y hay partes del texto original que fueron descartadas,
se desarrolla a partir de las telarañas que tejen la política,
el poder económico y los tiranos como Ui, que deben no sólo
valerse de si mismos para conseguir sus objetivos sino en complicidad de otros.
Hay 23 actores en escena y el ida y vuelta constante, muchos de ellos interpretando
a más de un personaje, pone en evidencia la falsedad con la que se
manejan funcionarios y como se traman los oscuros manejos del poder instalando
en lo más alto, sin importar los medios, a la peor de las escorias
con tal de seguir engrosando cuentas. Sin dudas nuestra sociedad no es ajena
a dichos conflictos.
El elegido
aquí es Ui, quien aprovecha el reclamo y la hambruna de un pueblo para
reclamar un lugar en lo más alto a través de la extorsión,
los puños de sus secuaces y hasta la traición de sus compinches.
De carácter frágil, amanerado, paranoico, depresivo y resentido,
la figura de Ui, emula la de grandes cínicos de la historia, Hitler
entre ellos. Nos es la primera vez que Vena interpreta a un pseudo político
corrupto. Lleva el personaje con gran histrionismo, aunque por momentos su
oralidad, de una cadencia lenta y remarcada, se pueda tornar tediosa. Pero
a no dudar que los diversos estados y matices que le impone al personaje hacen
de este un crisol de sensaciones encontradas. Así es como en Ui podemos
ver desde el más grande de los perversos hasta aquel dictador desaliñado
y locuaz que tan bien encarnaba Alberto Olmedo.
Un concepto
interesante de Brecht era que apañar a estos pillos es permitirles
conquistar nuestra visión de la historia, y muchos dicen que la historia
hace al presente. Si a esto último nos remitimos seguramente encontraremos
el porqué de nuestra clase política. Actualmente transitamos
entre el oprobio y la ignominia. Somos actores de sociedades amansadas por
la ambición y la escoria corrupta. El poder a como dé lugar
es el slogan en boga. Y qué mejor que este escenario para la ascensión
de personajes como Ui que se arman del engaño, la traición,
el terror y la violencia ¿Acaso las sociedades modernas apañan
el ascenso de hombres como Ui?
Por supuesto
que está obra no hará reflexionar a una clase política
hace tiempo infestada de manzanas podridas, pero sería interesante
que generase algún debate entre los intelectuales argentinos.
Para Brecht
el monstruo sigue vivo, el útero de donde salió ese monstruo
es aún fecundo. ¿Qué nos quiso decir? ¿Surgirá
otro personaje o grupos de tendencias similares? Y vaya si le siguieron a
Hitler, vaya si lo sabremos en Latinoamérica. Tantas dictaduras, tanta
crueldad, tal vez la más ensañada fue la de Rafael Leónidas
Trujillo en la República Dominicana, intentando cierta analogía
con el régimen nazi. Y que hay de esa Europa muerta y estancada que
intenta despertar o vivir de fantasmas del ayer y vuelca, impensadamente,
gran cantidad de votos hacia la ultra derecha.
Todas
grandes cuestiones que se revelan ante nosotros como si Brecht instalase a
Mnemosine frente a cada uno de los espectadores a fin de recordarles que muchas
veces fuimos nosotros quienes apadrinamos a funestos personajes, y peor aún,
lo seguimos haciendo.
Analfabetismo
según Brecht
“El peor analfabeto es el analfabeto político. El que no
ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. El que
no sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pescado, la harina,
del alquiler o de su remedio, dependen de decisiones políticas. El
analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho
diciendo que odia la política. No sabe, el imbécil, que de su
ignorancia nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor
de los bandidos que es el político corrupto y el lacayo de las empresas
nacionales y multinacionales” Bertolt Brecht
5/10/2005.
www.solesdigital.com.ar
|