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Avenida Q

Acidez disfrazada de ingenuidad

Por Agostina Dattilo
agostinadattilo@hotmail.com

Avenida Q

Libro original: Jeff Whitty. Música original: Robert Lopez, Jeff Marx. Dirección: Natalia del Castillo, Santiago "Tato" Fernández. Intérpretes: Mariano Chiesa, Melania Lenoir, Patricia Lorca, Micaela Pierani Méndez, Federico Salles Gribado, Silvana Tome, Germán Tripel, Manuel Victoria. Músicos: Pablo Gandolfo, Guillermina Gesualdi, Patricia Lorca, Micaela Pierani Méndez.
Paseo La Plaza, Sala Pablo Neruda. Corrientes 1660. Funciones: Miércoles y jueves 20:15 hs, Viernes y sábado 21 hs y domingos 20 hs. Entradas desde $80.

El célebre musical que surgió del off Broadway hace casi una década, se presenta hoy en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza con una adaptación soberbia. Considerado por la crítica internacional como uno de los mejores espectáculos en su género en los últimos años, fue un éxito donde se presentó —desde Londres hasta Israel, pasando por México, Australia y Filipinas—; y hoy Buenos Aires lo recibe de pie.

En la historia Avenida Q es un vecindario, dos o tres edificios uno junto al otro. Es una cortada donde se puede conseguir a buen precio una vivienda. Es un sitio, algún rincón de algún suburbio. Allí conviven marionetas con monstruos y seres humanos, entre ellos un personaje que representa a Gary Coleman (si, Gary, el querido “Arnold” de Blanco y Negro, ese que después de repetir incansablemente su latiguillo “¿De qué estás hablando Willis?” cayó en las oscuras aguas del anonimato y falleció recientemente).  

Todo será, entonces, disparatado y provocativo. Osos cariñosos desde la dulzura de su voz incitan a los personajes a cometer actos malos, convirtiéndose en la voz mala de la conciencia. Su cometido durante toda la historia será generar caos y confusión en momentos de vulnerabilidad. Allí llegará Princeton, un joven perdido en busca de su meta (con clara alusión a los mensajes que inundan nuestro correo electrónico entre frases hechas y sueños posibles) que no sabe bien qué hacer con su título universitario. Los vecinos lo recibirán con sus propias frustraciones y problemas, hasta competir (una de las mejores canciones, “It sucks to be me” en el original) por quién tiene la vida más triste, quien de todos ellos, es el más perdedor.

Avenida Q es una especie de Plaza Sésamo para adultos, con grandes debates sobre la homosexualidad, el racismo, el alcohol, el sexo y la pornografía; la desocupación, el amor y la amistad. Desde la impunidad ― dada por la apariencia tierna e infantil de las criaturas en escena y las melodías didácticas materializan sus ideas― suelta un mensaje políticamente incorrecto acerca de estos grandes tópicos que atraviesan la cotidianeidad de sus vidas, pero sobre todo, a nuestra sociedad.

Hay seres humanos y títeres (algunos más parecidos a las personas, otros monstruitos) que se burlan de ellos y de los otros. El burlesco libro original de Jeff Whitty, adaptado con precisión y creatividad humorística “argentina”, es una ironía, una sátira y un manto de sarcasmo volcado sobre los valores y preceptos que rigen a la sociedad moderna.

El trabajo de adaptación del guión y las canciones es magistral. El resultado: un espectáculo tan divertido como original, acido, irreverente (como ellos mismos se definen) y creativo.

El número musical “The Internet is for porn”, además de ser uno de los momentos más divertidos de la obra, sacude con un realismo ácido a todos: “En los mercados financieros, la única inversión estable es la pornografía…” sentencia Trekky Monster, el rico entre los pobres y fracasados. Un fanático del sexo y la perversión.

Bajo la dirección de Natalia del Castillo —talentosa directora que realizó, entre otras, la adaptación del exitoso musical Despertar de Primavera— y Santiago “Tato” Fernández —formó parte de las grandes producciones que realiza siempre Cris Morena— sobresale el trabajo en escena de Mariano Chiesa, un joven talento de la locución y el doblaje de nuestro país (supo ser la voz de las famosas cucarachas de CQC, los bichos rebeldes de los famosos comerciales de cucarachicidas y derivados, o el intolerante pajarito de las galletitas que tortura a una mujer para que haga dieta). Director de voces y actor, Chiesa fue la voz de personajes como Patoruzito, el ratón Pérez o Garfield es sus versiones nacionales, y hoy se luce en el escenario dando vida —y voz— a dos de los personajes más importantes —y muy diferentes entre sí— de Avenida Q. Canta, baila y se mueve de una manera excepcional. Chapeaux ante semejante desparramo de talento.

Coreográfica y escenográficamente el espectáculo es de calidad. A diferencia de los tradicionales espectáculos titiriteros, los actores en escena manejan sus marionetas como una extensión de su propio cuerpo. Las piernas humanas y los brazos de peluche se fusionan con suave naturalidad, incluso a la hora de los movimientos más groseros, como cuando en unos de los puntos más disparatados donde las carcajadas enfurecen, Kate Monster y Princeton tienen sexo. Lo anticipa el afiche, "full puppet nudity" (nudismo completo de marionetas). Brillante.

El mundo tiene miserias que en general aparecen y nos golpean en el transe hacia la adultez. Al crecer aparecen los desencantos y las revelaciones. Los problemas y las decisiones. Así lo simplifica su director: “La Avenida no tiene lugar en el mundo. Más que un lugar es como un momento de transición: cuando tenés que tomar las riendas de tu vida”. Después de que la vida les enseñe una lección, y con algunas de las cuestiones resueltas, los entrañables vecinos de Avenida Q nos despiden cantando y bailando, con una canción tan pegadiza como incisiva: “Es solo por hoy… es solo por hoy…”. Punto final y aplausos de pie para una gran producción.

18/9/2010

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