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Chúmbale
Revolución
de a uno
Por
Claudia Rojas
claudiarojas2309@gmail.com
Autor:
Oscar Viale. Dirección: Santiago Doria. Intérpretes:
Alejo García Pintos, Eleonora Wexler, Marcelo Mininno, Graciela Pal,
Roly Serrano y Silvina Bosco. Música: Gabriel Goldman.
Iluminación: Roberto Traferri. Escenografía
y vestuario: René Diviú.
Teatro Nacional Cervantes, Sala Orestes Caviglia. Av. Córdoba
1155, Buenos Aires. Jueves, viernes y sábados a las 21.30 horas
y los domingos a las 21 horas. Entrada $20.
Una
revolución encabezada y seguida por una onerosa multitud de…
uno. En Chúmbale, Oscar Viale presenta un Enzo determinado
a marcar territorio en la casa de la familia de su esposa, Mecha. Ante la
insistencia de establecer giros de izquierda este pobre antihéroe termina
dando vueltas en un mismo eje cómico.
Santiago
Doria propone desenvolver este sainete de alta comicidad bajando sus paredes
ante el público. Un espacio escénico avanza hacia el mismo para
que nuestra mirada no se limite a los ecos de su estreno en los años
70, sino más bien aprovechar la sonoridad de los mismos para recordar
que el cuadro escénico de marco recortado podía ocurrir en cualquier
ámbito temporal.
A no cruzarse
por la puerta sin golpear, sino uno podría verlo desvestido (y tal
vez desnudo de paso). La frustración de Enzo ante la invasiva y constante
intromisión de la familia de su esposa lleva a que el pobre vendedor
de café encuentre liberación en un pequeño tarro de pintura,
objeto sobre el cual revuelve todo el caos de la obra. ¿Cómo
justificar este acto de osadía? “Venga un marido de ideas para
la tarada” lamenta Mecha.
La revolución
en contra de Don Roque (padre de familia) se divide en dos bandos no siempre
claros del todo: padres e hijos, demostrando un clivaje generacional importante.
Una generación joven que desconoce el orden legitimado de la autoridad,
pero que tiene ese mismo reinado inestable ante sus ideas versus una generación
mayor que sólo busca paz en la rutina del día a día y
es relegado en autoridad al control de su propiedad.
Esto bien
podría transferirse a nivel político a una Argentina durante
los años 70. Más que nada con la presencia del hermano de Mecha
en la obra, quién vestido de policía atraviesa muchos excesos
que son cubiertos, ignorados y escondidos en un oscuro silencio. Hoy en día
esta idea sigue siendo vigente, aunque el público podría encontrar
similitudes diferentes con los distintos personajes, o reírse fuertemente
de los malentendidos y la dinámica familiar: una juventud enérgica,
dramática, entusiasta y una generación mayor que advierte: “ojo
que esta renga no está para el paso doble”.
Las ideas
y la falta de comunicación y entendimiento de las mismas son un gran
eje argumentativo y temático de la obra. El pobre conocimiento del
socialismo de segunda mano lleva a uno de los nudos de malentendidos más
grandes y cómicos de la obra. Uno de los puntos más brillantes
de estos argumentes con tangentes temáticos y incoherencia divertida
se advierte en la dirección de Doria al ubicar sus personajes en diagonales
como un argumento que se va por las ramas. Cuando el ciclo de caos llega a
un pequeño enfriamiento los actores se barajan en el escenario para
reanudar el juego nuevamente.
En esta
obra nos encontramos ante la rebeldía del hombre común, que
bajo la dirección brillante de Doria nos recuerda el caos que toma
“ir con los zapatos con todo lo que se debe caminar” solo.
24/6/2008
www.solesdigital.com.ar
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