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La
Noche / La Nuit
Presencias

¿Acaso
alguna vez nos detuvimos a experimentar la marginalidad? Refiriéndome
no solo a escuchar su discurso sino también a envestirnos de su experiencia.
Bernard – Marie Koltès nos invita en “La noche justo antes
de los bosques” a ese mundo de los seres segregados. Este emblemático
dramaturgo francés, a través de todas sus obras, buscó
radiografiar el diálogo sordo en que se ha convertido el choque de
civilizaciones y la marginalidad a la que se puede someter a los hombres considerados
diferentes. Denunciando al mismo tiempo la alienación de la sociedad
francesa.
En “La Noche – Nuit,” Rolf Abderhalden y Michel Didym, comprendiendo
esto, retoman el texto de Koltès en una lectura bilingüe (francés
y español). En ella nos enfrentamos a dos cuerpos expresando al unísono
una misma angustia, cada uno atravesando la marginalidad desde su lengua.
No terminará por quedar claro si ellos son un mismo hombre doblegado
o son dos hombres uniendo su discurso sin escucharse. Perdidos en una ciudad
en descomposición, poco a poco comienzan a notar que hay otro cuerpo
en ese espacio en donde son extranjeros, en esa noche, en ese universo en
decadencia.
Su sordera es tan aguda que, en algunos momentos, parecerían no percibir
el estar acompañados; aunque en otros momentos, manifiestan ser conscientes
no sólo de de la presencia del público sino también de
la de su compañero. Por más que puedan entrar en contacto, no
lograrán establecer un diálogo, no por hablar diferentes lenguas,
sino porque no se detienen e intentan comprender lo que el otro está
queriendo decir. Parecería no interesarles percibir al otro, sino que
el otro los comprenda a ellos.
Mas allá de que no se escuchen es imposible pensar que no estén
afectándose mutuamente, tanto los personajes como los actores. Por
lo tanto la estructura de la obra nos hace dudar de la posibilidad de separar
a estos dos hombres. ¿No forman acaso parte del mismo discurso? Sus
voces son una única voz. “La Noche – Nuit” tiene
una composición musical, los actores compaginan de forma polifónica
sus textos. Como una misma melodía puede ser interpretada de formas
tan disímiles, un mismo discurso puede ser expresado de muchas maneras
pero siempre estará hablando de una experiencia común al ser
humano. Sus discursos no son separables, uno no sería el mismo sin
el otro, no significarían lo mismo.
Las actuaciones nos llevan también a esta unión, uno de ellos
absolutamente dinámico, trabaja con su pequeño cuerpo muchos
niveles, por momentos nos hace reír; mientras que el otro, rígido
(no por esto menos expresivo) maneja la vehemencia a través del rostro,
hasta que repentinamente toda esa energía contenida es descargada de
forma violenta. Así, cada uno de ellos es espejo no mimético
del otro, como si reflejara el arquetipo del ser humano y no la superficialidad.
Esos espejos, que plantea Koltès y que llevan a escena Abderhalden
y Didym, no captan ni reflejan lo que está a simple vista, la diferencia,
sino que muestran las similitudes, la marginalidad y la necesidad de sentirnos
en casa, en nuestro universo.
¿Quiénes
son extranjeros? Todos lo somos fuera de nuestro pequeño universo,
no necesariamente debemos viajar a otro país, para experimentar el
ser percibido como diferente en un lugar que no nos es común. “…no
me gusta lo que te recuerda que eres extranjero, a pesar de todo, lo soy un
poco, supongo que se nota, no soy del todo de por aquí…”
(“La noche justo antes de los bosques”).
Lix
26/11/2004
www.solesdigital.com.ar
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