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Las boludas
La
seducción como cacería
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Autor:
Dalmiro Sáenz. Dirección: Guillermo Ascencio.
Protagonistas: Fernando Sureda, Viviana Conti. Voz
en off: Dalmiro Sáenz. Arte: Diego Fasoleetti.
Horario: Viernes a las 22.45 hs. Teatro del Nudo, Av.
Corrientes 1551 (Librería Gandhi). Reservas: 4373-9899.
Un escritor
se lanza a la caza de personajes en una noche junto a su amante, bonita pero
muy escasa en ideas. Un militar retirado del siglo XIX que solía perseguir
desertores del ejército, despunta el vicio con presas animales, o femeninas,
a quienes equipara. Un torturador de la dictadura entabla una relación
enfermiza con una masoquista detenida, que desea ser sometida.
En “Las
boludas”, obra de Dalmiro Sáenz estrenada el pasado viernes en
el Teatro del Nudo, se parte de cierto machismo con ribetes humorísticos
acerca de la boludez de algunas mujeres frívolas, para terminar en
una profunda reflexión sobre las relaciones de pareja, la sexualidad
y la violencia. Los mundos masculinos y femeninos se enfrentan, se acechan,
como presa y cazador, en relaciones furtivas donde la mujer termina por tener
la última palabra, a pesar de su estupidez inicial.
Caso particular
en esta obra, en la que el autor comparte el protagonismo con los actores.
La voz en off de Sáenz da inicio a la acción, con un relato
en primera persona sobre la experiencia de la caza. Luego, la escena será
ocupada por los dos protagonistas, Fernando Sureda y Viviana Conti, que con
mucho dinamismo irán saltando por situaciones y personajes diversos
a través de cambios en el vestuario, de la entonación, de la
escenografía.
El gran
entendimiento entre ellos sostiene situaciones complejas, pasan del a2mor
a la violencia con vértigo y descomprimen las situaciones más
angustiantes con acertado humor.
La dinámica
de la obra requiere mucha atención por parte del espectador, lo involucra
y lo incluye como interpretante de la acción. Los personajes no tienen
nombre ni apellido, no se los identifica en tanto individualidades, sino como
representantes arquetípicos de lo femenino y lo masculino. Pero también
de lo dominante y lo dominado, lo hegemónico y lo subalterno, la izquierda
y la derecha. Tropos comunes que orientan el conflicto.
Como guiño
cómplice al espectador, el personaje central de la obra es una extensión
hacia el escenario del propio Dalmiro. Uno escucha en boca de Sureda las propias
palabras de Sáenz, y es ahí donde la obra se torna autobiográfica,
en una metanarrativa en la cual la obra habla sobre su propio proceso de creación.
Es así como “Las boludas” pasa a ser al mismo tiempo la
representación en escena del propio autor en su labor narrativa, incorporándose
entonces como un personaje más de la historia. El único personaje
que uno puede identificar con nombre y apellido; como el gran protagonista.
21/3/2006
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