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Nuevas
Directivas para Tiempos de Paz
¿El show debe continuar?
Autor: Bosco Brasil. Versión y dirección: Victor
García Peralta. Iluminación: Ariel Del Mastro. Intérpretes: Arturo Bonín y Norberto Díaz.
Funciones: Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1054) . Jueves - Viernes
y Sábados 21:00 Hs Domingos 20:30 hs.
Localidades: $ 15 y $ 20.-
¿Por qué, para qué el teatro? ¿Por qué
aplaudimos y a qué? ¿Tiene el escenario un verdadero puesto
en nuestras vidas? ¿Qué función puede tener? ¿A
qué podría ser útil? Eran las reflexiones que planteaba
Peter Brook allá por 1968.
2004,
la muletilla preferida de la prensa desde el atentado a las torres, para todo
producto cultural que retome el tema del horror y la violencia a escala mundial
es denominarlo “post 11 de septiembre”.
En este
contexto, Bosco Brasil desempolva las viejas preguntas de Brook que alguna
vez también fueron combustible del teatro de Brecht, y crea esta fábula
(como él gusta llamarla) de exquisita poesía, cargada de tristeza
y de cierta desesperanza (aunque a veces sus personajes digan lo contrario).
Para ello sirven de disparador la burocracia de los estados, los destinos
personales y sus decisiones más íntimas en un juego pendular
que va de la fatalidad a la toma de conciencia social.
El escenario
elegido aquí, en la versión argentina dirigida con notable acierto
en las decisiones de puesta por Victor Garcia Peralta, es el fin de la Segunda
Guerra Mundial, en una oficina de aduanas argentina. Allí se encuentran
el empleado del estado y el inmigrante, el interrogador y el interrogado,
dos pasados, dos culturas diferentes, y no tanto. A través de estos
dos individuos y de la necesidad de uno de ellos por escapar del horror de
la Guerra y empezar todo de nuevo en un nuevo lugar, es que los interrogantes
del principio se van formulando. Este hombre que irónicamente se llama
Clausewitz (como el General prusiano y teórico de guerra, autor de
De la Guerra) debe someterse a la realidad que se le impone: para ingresar
al país y poder lograr su objetivo de comenzar de nuevo, incluso con
su profesión (era actor y ahora quiere ser granjero), debe ser aprobado
por la persona que está al frente de la oficina de aduanas, porque
aunque la guerra en Europa ya terminó las normativas vigentes en Argentina
son las de tiempos de guerra (recordemos que el país se sumó
a los aliados días antes del fin de la guerra) y en tanto no lleguen
las nuevas normativas para tiempos de paz, todo queda en manos de una persona.
De ahí en adelante, lo fundamental de la obra es que logra plantear
las preguntas, eso sí, a diferencia del teatro de Brecht, aquí
no hay respuestas (estamos en la época del vaciamiento ideológico
dirán con toda razón algunos) y no las habrá. Pero el
planteo está hecho y realmente eso es valido.
Norberto
Díaz y Arturo Bonin llenan de humanidad y de profesionalidad a estos
dos discursos de Bosco, en medio de una sobriedad generalizada, estética
y escénicamente.
El único
punto que la obra en sí no logra articular es el de la violencia a
la luz del 11 Septiembre (que es uno de los objetivos que se había
planteado el autor), no reactualiza la violencia del Estado y su biopoder,
todo esto queda como engarzado por la distancia histórica en la que
se cuenta la obra. No obstante, serán los medios masivos los que, en
todo caso, tendrán problemas a la hora de poner una etiqueta a ésta
y a toda obra que genuinamente se planteen el estado de las cosas, sobre todo
si esa cosa es el teatro. Y eso esta bien.
Sergio Pratt
23/2/2004
www.solesdigital.com.ar
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