|
La Señora
Macbeth
Fugitiva de sí misma
Autora:
Griselda Gambaro. Dirección: Pompeyo Audivert. Intérpretes: Cristina Banegas, Fernanda Pérez
Bodria, Corina Romero, Silvia Hilario, Damián
Moroni.
Dentro
de enormes paredes negras, se recrea la oscuridad de la mente humana, traspasada
por un pasillo de luz entrando a lo lejos desde la izquierda, atravesada
por una pequeña conexión con la realidad. A medida que nos
dejamos absorber por la representación nos encontramos dentro de
una mente perturbada e inquietante, Cristina Banegas nos baña con
la lucha interna que atraviesa Lady Macbeth; mostrándonos cómo
las problemáticas del medio se tornan conflictos propios. Toda la
puesta gira en torno a esto, Griselda Gambaro en el texto le permite a Lady
Macbeth una expresión sincera que va más allá del aspecto
formal y Pompeyo Audivert la sitúa dentro de su mente.
Gambaro
toma un texto base, “Macbeth” de Shakespeare, del que parecería
girar el foco de atención, lo mueve de Macbeth a Lady Macbeth y modifica
con esto el conflicto. El texto original se concentra en la lucha de Macbeth
por el poder, mientras que en el de Gambaro, ella pelea entre ser aparentemente
fuerte y el estar enferma y perturbada. Es en este segundo conflicto en
donde reside la riqueza de este texto, de esta puesta. A medida que la Señora
Macbeth y su problemática van ocupando más espacio, los acontecimientos
exteriores pierden importancia.
Macbeth
es un arquetipo, tenemos su problemática completamente instaurada
en nuestro conocimiento colectivo, por lo tanto no hay la necesidad de introducir
al personaje; por lo menos no para el del público que acude a ver
la obra. Es por eso que, al volver una y otra vez al texto de Shakespeare,
el de Gámbaro se torna explicativo y repetitivo, entrando en una
dinámica de dependencia de esa referencia de la cual no logra salir.
De todas maneras, la riqueza de la puesta, de la actuación y la fuerza
del conflicto de la Señora Macbeth, se sobreponen a las limitaciones
del texto.
Es
Pompeyo Audivert quien lleva hasta el extremo la creación mental
de Lady Macbeth, dándole existencia en una puesta que nos recuerda
visualmente al expresionismo alemán: el maquillaje exagerado y distorsionado
de la Señora Macbeth, la transformación y estilización
del espacio por la luz que atraviesa el escenario en diagonal desde el fondo,
marcando los límites espaciales de la acción al tiempo que
generando sombras duras y alargadas. La luz cumple un papel expresivo fundamental
y funcional a la puesta, generando el clima que nos lleva al mundo onírico
en el que vive el conflicto de la Señora Macbeth. Los objetos que
componen el espacio tienen funciones precisas. Por un lado las tres sillas,
que servirán por momentos para que se sienten las tres brujas, por
momentos para sentarla a la Señora en su trono y por momentos para
castigarla mostrándole la realidad de la que quiere escapar. Por
otro lado, la corona de metal con su complejo valor simbólico, que
nos plantea si portar esa corona es un castigo, una burla o un honor, tal
como lo hace el apellido, ¿qué es lo que representa llevarla?
La
expresividad del tratamiento visual está en consonancia entonces
con la mirada que nos ofrece Gambaro de La Señora Macbeth - una mujer
plagada de miedos y su constante debate entre la honestidad y el pecado
– así como con la actuación de Cristina Banegas. Presenciamos
así, el debate mas íntimo, más personal, de la Señora
Macbeth. Ahora bien ¿ella pertenece a ese lugar o ese espacio le
pertenece a ella? Reformulo mi pregunta ¿ella es dominada o dominante?
Porque es allí donde ella lucha contra su propio ser, busca una liberación
que le será negada y a la que sólo accederá a través
de la muerte. Inicialmente, ella es emperadora, pero poco a poco comienza
a desmoronarse (como dice Harold Bloom en “Shakespeare, La invención
de lo humano”). No es el medio el que la persigue sino su mente, perturbada
por ser algo de lo que no puede escapar: ser la señora de Macbeth.
Es
improbable que ella pueda huir de su propio pensamiento, ese debate mental
se torna una lucha corporal, que Banegas logra llevar a su cuerpo de manera
espeluznante. El deleite de esa lucha es un placer visual, carnal, corporal,
ya no se necesita del texto porque las palabras no hacen falta. Sus movimientos
se tornan palabras en nuestra mente.
Lix
www.solesdigital.com.ar
23/7/2004
www.solesdigital.com.ar
|