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La Tierra Baldía

La oscura marea del tiempo

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Texto: Pablo Ramírez. Dirección: Silvina Duna, Pablo Ramírez. Actúan: Estefania Daicz, Debora Longobardi, Juan Carlos Rivera, Marina Sarmiento.
Teatro: Silencio de Negras. Luis Sáenz Peña 663, Buenos Aires. Tel.: 4381-1445. Funciones: viernes a las 21.15 hs. Hasta el 18 de junio. Entrada: $25 y $15. Web: http://www.latierrabaldia.bligoo.com

La Tierra BaldíaQuizás se pueda pensar que la inspiración tomada del poema, "The waste land" (Thomas Stearns Eliot, 1922) evita que La tierra baldía, se convierta en un desafío a la capacidad interpretativa del espectador. Sin embargo, es justamente por tomar al poema de Eliot como referente, que la obra de Silvina Duna y Pablo Ramírez navega el turbulento y difícil mar de la hermenéutica.

La obra, discurre por el mundo, el tiempo, la vida y sus misterios. Tópicos extremadamente amplios e inabarcables, que tratados desde el poema de T.S. Eliot, se traducen en referencias a un ciclo de perpetua y necesaria transformación. Así, los recuerdos se convierten en predicciones, y el pasado construido por una cultura, en el destino al que está condenada por su historia.

La intrigante puesta, se compone en una casona antigua del barrio de Monserrat. A las 21 en esta oscura zona, esperamos que nos permitan ingresar al espacio teatral. A las 21.15 se abren las puertas, y unas escaleras nos conducen al primer piso de la casa.

Nos acomodamos en unas gradas que enfrentan la escalera de balaustres de madera. Esperamos un instante la oscuridad total. Luego, una luz tenue y un sonido entre funesto, monótono y siniestro, comienzan a preparar el ambiente.

Entonces, una mujer vestida de hombre que sube y baja la escalera, desde el segundo piso, a la planta baja, y desde la planta baja al segundo piso, inaugura las referencias cíclicas. De a poco, el sonido, la luz y la acción, van sugestionando al espectador. Entonces, el siguiente actor en escena, nos recuerda las convenciones del teatro.

Se nos invita a olvidar el afuera, pero también el adentro, el instante, el pasado y el futuro. Así, la propuesta no es solo olvidar el artificio, si no también olvidar al olvido mismo, sin recordar. Así, la obra busca la paradoja, que la definirá como una tautología, desde su mismo planteo inicial.

Durante 55 minutos, La tierra baldía se alejará sutilmente y se volverá a acercar al poema de Eliot, como el constante movimiento de la marea. Justamente un punto de contacto esta en “La muerte por agua”. El ciclo del agua, el agua como vida y como muerte, principio y fin. La idea de una tierra baldía, parece sugerir que ese ciclo fue interrumpido, y se debería buscar restaurarlo.

Las capacidades actorales están bien aprovechadas. Los actores logran una puesta prolija y sugestiva. Su agilidad y condición física, les permite el atlético deambular por la escena, y la sentida fuerza que saben darle a la interpretación de los textos, permite una sentida llegada al público.

Una pequeña parte de la rica acción de la obra se desarrolla en puntos ciegos al espectador. Sin embargo, esto no es en desmedro de la obra. Quizás se pueda lograr una mejor observación, pero el espectador puede resignar un punto de vista de cuarta pared omnividente, por un interesante planteo temático y una entretenida y sugestionadora propuesta escénica.

17/4/2010

www.solesdigital.com.ar

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