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Historia,
arte y deporte en la
montaña de Montjuïc
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Con
sus 173 metros de altura, la montaña de Montjuïc y sus alrededores
es uno de los paseos más recomendables de Barcelona. Al transitar sus
calles, silenciosas y rodeadas de verde, pueden satisfacerse todo tipo de
inquietudes y gustos, desde la historia y el arte hasta el deporte o el urbanismo
moderno. Para comenzar el recorrido, nada mejor que un salto al pasado medieval
de la ciudad.
El
Castillo de Montjuïc
La posición
estratégica de la montaña, que domina la ciudad hasta las zonas
de las desembocaduras de los ríos Llobregat y el Besòs, hizo
que desde la alta edad media tuviera una función militar. Inicialmente
albergó al Castell del Port, y desde mediados del siglo XVIII la gran
mole en piedra del Castillo de Montjuïc.
De
forma estrellada, con amplios fosos, baluartes y fortines, ofrece una inmejorable
vista del mar Mediterráneo y el puerto barcelonés. Fue durante
muchos años prisión militar y símbolo de represión,
hasta que en 1960 fue cedido a la ciudad. Hoy alberga al Museo Militar.
Para
quienes gusten de caminar, los senderos ondulantes que suben hasta la fortificación
son una atracción por sí mismos. Los que prefieran guardar sus
energías para más tarde, pueden ascender por teleférico
y disfrutar de una hermosa vista aérea.
El
Anillo Olímpico

Al salir
del Castillo, lo mejor es descender en dirección sudoeste, y desde
la calle Doctor Font i Quer llegar al Anillo Olímpico,
construido para los Juegos de 1992.
La montaña
de Montjuïc se vio muy beneficiada con las reformas urbanísticas
de los Juegos Olímpicos del ’92. Fueron mejorados los accesos, se creó
el Parc del Migdia y se consiguió la integración de la montaña
con el Poble-sec y la Zona Franca. Pero lo más relevante fue el Anillo
Olímpico.
El Estadio
Olímpico, donde actualmente juega de local el Espanyol de Barcelona,
mantiene la imponente fachada de 1929, pero su interior fue completamente
remodelado por el equipo Gregotti, Correa, Milà, Margarit i Buixadé.
Dentro de sus instalaciones se encuentra el Museo Olímpico.
El Palau
San Jordi, estadio cubierto por una estructura metálica, es una original
construcción del arquitecto japonés Arata Isozaki, apto para
todo tipo de disciplinas, desde básquetbol y handbol hasta motociclismo.
Otras obras de interés son el pabellón del INEFC, la Universidad
del Deporte (edificio diseñado por el taller de Ricard Bofill) o la
gran torre de comunicaciones, en forma de aguja, obra de Santiago Calatrava.
Los
museos

Finalizada
la “etapa deportiva” del paseo, hay también lugar para el arte antiguo,
medieval y moderno. Pueden visitarse entonces los museos Arqueológico
y Etnológico, así como la Fundación Joan Miró,
centro de estudios de arte contemporáneo y poseedora de un rico fondo
artístico cedido por el pintor.
Es imprescindible dejar para el final del recorrido el Museo Nacional
de Arte de Catalunya. Si se arriba desde el Anillo Olímpico,
lo primero que se verá el costado posterior de su gran cúpula
central. El museo funciona en el Palau Nacional, edificio neoclásico
de tipo colosalista, con murales de F. Galí en el interior. El Museo
posee magníficas colecciones de arte gótico y románico,
únicas en el mundo, entre ellas las pinturas murales del Pirineo Ieridano.
Es “obligatorio”
quedarse en el Museo hasta el anochecer, pues cuando se cierran las actividades
diarias, se monta en las escalinatas y bulevares de Av. Reina Cristina una
colorida demostración de luces y aguas danzantes. El complejo fue ideado
para la Exposición Internacional de 1929. La Plaza Espanya, presidida
por la gran fuente monumental de Jujol con esculturas de Blay, ofrece en su
entrada dos grandes torres inspiradas en el Campanille de Venecia, además
de un hemiciclo de columnas. La Avenida está flanqueada por una serie
de pabellones que llevan a las monumentales fuentes luminosas y cambiantes,
obra de Gaietà Buïgas.
Apreciar
el espectáculo desde las escalinatas, e ir descendiendo hacia la plaza
para finalizar con la vista del Palau Nacional iluminado por detrás
por haces luminosos que surcan el cielo, es un espectáculo memorable.
Así finaliza un día por la montaña Montjuïc, que
alberga en sus laderas gran parte de la historia y el presente de Barcelona.
13/3/2003
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