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Patrimonio arquitectónico
de Buenos Aires
El Palacio de las Aguas
Por
Arq. Julio Cacciatore
Fundación TIAU

El afán por
mostrar la opulencia de un nuevo país y los criterios estéticos
sustentados por la llamada Generación del 80 no permitieron que quedaran
a la vista los tanques abastecedores de agua corriente para la ciudad de
Buenos Aires. Esos depósitos eran elementos utilitarios construidos
con materiales metálicos y se los consideraba carentes de belleza.
Por eso, se los enmascaró con un volumen de fachadas palaciegas surgiendo
así uno de los edificios más curiosos de todo el repertorio
arquitectónico del período liberal de nuestro país.
Se cuenta que tanto porteños como visitantes lo consideraban visita
obligada en sus recorridos por la ciudad. Tanta era la admiración
que causaba sobre todo la magnificencia de sus revestimientos. Un atractivo
que ha continuado hasta hoy.
Historia
del abastecimiento de agua en la ciudad de Buenos Aires
Del los
períodos colonial y poscolonial la memoria de los porteños rescata
las figuras del aguatero y del aljibe. El primero vendía el agua que
extraía del Río de la Plata: el segundo, cuyo brocal era motivo
característico de los patios de entonces, recogía el agua de
las lluvias. La ciudad, con un rápido crecimiento poblacional a partir
de 1860 motivado fundamentalmente por aportes inmigratorios, y el recrudecimiento
de las epidemias debido a la escasez y mala calidad del agua, hicieron imprescindible
el acudir a otra forma de provisión.
Ya en
1869 se había inaugurado un tanque abastecedor construido en hierro
y con una capacidad de 2700 m3. Estaba emplazado en la plaza Lorea –hoy
parte de la de los Dos Congresos- y recibía el agua tomada del río
que pasaba por un establecimiento potabilizador ubicado en la zona de Recoleta.
Desde sus comienzos esta instalación resultó insuficiente. Dentro
del plan propuesto por el ingeniero Bateman para la provisión y distribución
de agua corriente se pensó ubicar un gran tanque distribuidor en el
área sur (calles San Juan y La Rioja) pero luego se decidió
emplazarlo en la manzana comprendida entre las actuales avenida Córdoba
y calles Riobamba, Viamonte y Ayacucho. Entre las consideraciones para el
proyecto del Gran Depósito de Servicios, el Gobierno Nacional indicó
que la construcción debía ser “de apariencia vistosa”
porque el lugar de emplazamiento ya formaba parte de un área que se
consideraba céntrica y “que estaba poniéndose de moda”.
Ello
llevó a los proyectistas a seguir el criterio decimonónico universalmente
aceptado de esconder a una construcción netamente utilitaria dentro
de un edificio que ofrecía a la ciudad una arquitectura ostentosa,
que acudía a ese eclecticismo formal que había permitido transformar
en un palacio de líneas clásicas, medievales o borbónicas
francesas a una estación de ferrocarril o a un establecimiento industrial.
El
Palacio de las Aguas Corrientes
Las
obras de este singular edificio comenzaron en 1887 y concluyeron en 1894.
El autor del proyecto del exterior fue el arquitecto noruego Olaf Boye y fue
director de obra el ingeniero sueco Carlos Nyströmer, ambos representantes
del Estudio inglés Bateman, Parsons y Bateman , con sede en Londres
y oficina técnica en Buenos Aires.
La admiración
que suscitan sus fachadas, resueltas con un lenguaje emparentado con el renacimiento
francés, no debe hacer olvidar su contenido y verdadera función.
Dispuesto para el abastecimiento del denominado radio antiguo de la Capital,
el edificio alberga 12 tanque metálicos ubicados simétricamente
en tres pisos en cada una de cuatro esquinas del edificio. Están sostenidos
por una malla metálica de 180 columnas ubicadas a 6 m de distancia
entre sí. Los tanques, capaces de albergar 72.000.000 de litros de
agua potable, se emplazan en los tres pisos superiores. En el nivel entre
la planta baja y el fondo de los tanques del primer nivel, se pensaron ubicar
“baños de natación” pero tras distintos usos, hacia
1930 se instalaron oficinas de Obras Sanitarias de la Nación.
Toda
esta tecnología se encerró en una cáscara de ladrillos
portantes de 1.80 mts. de espesor en planta baja y que gradualmente llega
a 0,60 mts. en los niveles más altos. El proyecto original contemplaba
un revestimiento con mármoles provenientes de distintas provincias
argentinas, pero por razones económicas se los reemplazó por
piezas de terracota. Estas fueron provistas por las fábricas Royal
Doulton & Co., de Londres, y la Burmantofts Company, de Leeds. Se produjeron
170.000 piezas cerámicas y 130.000 ladrillos esmaltados necesarios
para la ornamentación exterior. Todas estas piezas llegaron embaladas
en cajones, perfectamente numeradas indicando así su posición
relativa lo que permitió un montaje y ajuste como un verdadero mecano.
Las fábricas
debieron ejecutar piezas especiales con los escudos de las catorce provincias
argentinas, el de la Nación y el de la Capital Federal. Además
se encargaron ocho cariátides de hierro fundido para emplazar en las
jambas de las ventanas centrales de las cuatro fachadas. El resultado fue
más que vistoso: el mayor atractivo visual lo constituye el juego contrastante
entre piezas de colores vivos con otras de tonalidades pálidas y la
preeminencia de ciertos detalles: las cariátides de color ocre y el
trabajo de las rejas que rodean el edificio.
El
Museo del Patrimonio
Junto
con otros, este conjunto de edificios fue recibido por Aguas Argentinas al
hacerse cargo en 1993 de los servicios vinculados con la provisión
de agua. Con la intención de proteger y dar a conocer aquéllos
que se consideran obras trascendentales que marcaron el desarrollo de Buenos
Aires, la empresa formalizó en 1995 la firma de un convenio con el
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),
mediante el cual investigadores y técnicos de ese organismo iniciaran
el Plan Patrimonio Histórico por el cual se han relevado e inventariado
los edificios de valor histórico y patrimonial en la ciudad de Buenos
Aires y el conurbano bonaerense.
En octubre
de 1996 se inauguró el Museo del Patrimonio que funciona en el primer
piso del Palacios de las Aguas Corrientes. En él se pueden apreciar
desde las piezas originales de cerámica inglesa esmaltada, antiguos
artefactos de variadas marcas y procedencias, grifería, mobiliario,
maquetas, publicidad de la época y uno de los archivos de planos históricos
más importantes de la ciudad. Recientemente se ha ampliado proponiendo
un nuevo itinerario que permite conocer el interior del edificio, incluyendo
el sector de los antiguos tanques que abastecieron al radio antiguo de nuestra
urbe porteña.
Revista
Soles - Nº 79
Agosto de 2001
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