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Domingo de museos por París

Museo del Louvre - La Gioconda

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Dato fundamental para todo viajero que decida pasar un fin de semana en París: el primer domingo de cada mes los museos son gratuitos. Además de la evidente ventaja monetaria (se pueden ahorrar unos €30, lo cual alcanza para una noche extra en varios hoteles económicos), quien decida recorrer los grandes museos parisinos en esas fechas experimentará una relación entre el arte y el público completamente distinta.

Como la oferta museística es inabarcable en una sola jornada, el sentido común indica que si se dispone de sólo un día no hay que perderse los dos grandes ejes artísticos de la ciudad: el Museo del Louvre y el Centro Pompidou. Antigüedad y clasicismo, modernidad y vanguardia, respectivamente; para completar un paseo que incluirá a grandes hitos de la Historia del Arte en un entorno particular.

La antigua fortaleza real que hoy alberga al Museo del Louvre se convierte en un paseo familiar dominical. Puede parecer la entrada a un parque de diversiones o un zoológico, con las familias y niños haciendo cola mientras compran golosinas. Pero la pirámide de cristal en la puerta nos recuerda que estamos frente a uno de los museos más importantes del mundo, y hacia allí se dirige ordenadamente la fila.

Parece que la mayoría del público concurre con un solo objetivo en mente: lograr la preciada foto de/con La Gioconda. Ya de por sí famosa antes del best seller de Dan Brown “El Código Da Vinci”, la novela detectivesca convirtió a Lisa Gherardini, esposa Francesco del Giocondo en una suerte de estrella pop con la que todos quieren fotografiarse (retrato del gran Leonardo mediante, por supuesto).

Los escasos 77 centímetros de alto por 53 de ancho del cuadro, también conocido como Mona Lisa (en francés, el más habitual es La Joconde), ubicados a unos tres metros de la valla y cristal protector mediante, hacen casi imposible lograr una buena foto. Sin embargo, a la mayoría le preocupa más disparar compulsivamente con flashes de cámaras de bolsillo y teléfonos celulares, antes que disfrutar del cuadro en vivo sin mediación tecnológica alguna.

Llegar a ver de cerca esta obra maestra de Da Vinci requiere tanto esfuerzo físico, altura y uso de codos como para tomar un rebote en un juego de básquet o llegar al frente del escenario en un festival de rock.

El frenesí por llegar a ver a la Gioconda, quita tiempo y atención a los paseantes, que en su mayoría pasan por alto la increíble colección que el Louvre ofrece en sus salas de la planta baja. Reliquias de Oriente Medio, antigüedades egipcias, griegas, romanas y etruscas y arte islámico, constituyen un patrimonio proveniente de las numerosas conquistas imperiales de las épocas napoleónicas. Relegadas tanto por el público como por el propio museo (es tanta la cantidad, que hasta los sarcófagos egipcios se encuentran casi apilados), vale preguntarse si no es hora que sean devueltos a sus países de origen, donde seguramente serían más valorados.

La hora del almuerzo encuentra a chicos y grandes comiendo en los pasillos, sentados incluso en el piso, en improvisando pic nics ante la imposibilidad de conseguir una mesa en las cafeterías. El murmullo generalizado, los niños correteando y los jóvenes sacándose fotos contrastan con el habitual entorno solemne y retraído de los grandes museos de Europa, donde el silencio, la prohibición de capturar imágenes y el andar moderado son la regla.

Quienes quieran quedarse unas horas más y no sólo amontonarse frente a la Mona Lisa, descubrirán en las numerosas salas de este imponente museo otras obras maestras del romanticismo francés como La Balsa de las Medusas (1819) de Théodore Géricault y La Libertad Guiando al Pueblo (1831) de Eugène Delacroix; además de apreciar los claroscuros de Jean-Honoré Fragonard o el neoclasicismo de Jacques Louis David. Obligatorio detenerse en El Baño Turco (1862) y La Bañista (1808) de Jean-Auguste-Dominique Ingres.

La colección pictórica del Louvre incluye también el arte flamenco de Bruegel, Rubens y Van Eyck; o pintores españoles como El Greco, Murillo, Zurbarán y Goya. El Renacimiento italiano no se agota en La Gioconda: del propio Leonardo Da Vinci, encontramos otra joya como La Virgen de las Rocas (1483-1486), así como pinturas de Rafael, Fra Angélico, Tintoretto, Caravaggio y Tiziano, entre otros.

Un salto a la modernidad

Centro Pompidou - Dubuffet

A unas diez cuadras del Louvre, se llega caminando al Centre Pompidou, uno de los máximos referentes del arte moderno mundial. Luego de sumergirse en las grandes obras maestras de la antigüedad, el renacimiento y el siglo XIX, el domingo de museos nos hace saltar vertiginoso hacia las vanguardias europeas del siglo XX.

Diseñado por los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers, el Pompidou es un edificio emblemático de la modernidad, con sus 166 metros de largo, 60 de ancho y 42 de alto; y sus 5 espaciosas plantas de 7.500 metros cuadrados cada una.

Aunque igualmente gratuito, el público que visita el Pompidou ya se parece un poco más al habitual en todo museo. De todas formas el ambiente informal se mantiene: los amantes del arte contemporáneo se sacan fotos con sus cuadros, esculturas e instalaciones preferidas, y la distancia entre la obra (muchas veces excesivamente sacralizada) y el espectador se reduce. Y para no competir con su vecino Louvre, las exposiciones temporales del Cuarto Nivel se pueden ver hasta las 23 hs.

El Quinto Nivel alberga la colección perteneciente al período 1905-1960. Aquí, uno de los grandes protagonistas es el ruso Wassily Kandinsky, de quien se puede apreciar una impresionante retrospectiva con más de cien obras hasta el 10 de agosto de 2009. Muchas de las pinturas aquí expuestas, sobre todo las de las series Impresiones e Improvisaciones (fundamentales para el desarrollo del arte abstracto), pertenecen al patrimonio del museo.

A lo largo del gran pasillo y las 41 salas de este nivel se encuentran artistas fundamentales de las vanguardias de los primeros años del siglo XX como Georges Braque, Marc Chagal, Marcel Duchamp, Juan Gris, Pablo Picasso, Henri Matisse, Kasimir Malevitch, entre otros. Junto a Kandinsky, una de las grandes atracciones de este piso son las esculturas de Alexander Calder, presentadas junto a cuadros de Joan Miró con los que se complementan a la perfección.

Para el público que busca vivir de manera distinta su relación con el arte, el destino preferido es la instalación Jardín de Invierno (1969-70) de Jean Dubuffet, estructura de epoxy y poliuretano donde la gente puede ingresar, recostarse en sus irregularidades y aislarse por unos minutos de trajín externo. Descansar las piernas, los ojos y la mente luego de atravesar más de 25 siglos de historia del arte universal en un sólo día puede ser también un gesto estético.

22/4/2009

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