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Evolución
del paisaje urbano
Recoleta,
la Buenos Aires parisina
Arq.
Rubén A. Nuremberg
Fotos Mariano García

A poco de la fundación de Buenos Aires (1580), la actual zona de la
Recoleta, se constituía en área de labor “extramuros”,
rompiendo la cuadrícula ortogonal definida por Garay, para adaptarse
a la configuración de la costa.
El área
debe su nombre a la Orden de la Santa Recolección Franciscana, quienes
hacia 1705, solicitaron al Rey de España, permiso para levantar un
convento en los terrenos que actualmente ocupan el Cementerio, la Iglesia,
el Centro Cultural, la Plaza Francia y la Plaza Mitre.
Las obras
comenzaron en 1716 bajo la dirección de los jesuitas y hacia 1724,
Andrés Blanqui o Bianchi, comenzó a construir la Iglesia, consagrada
a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. El sector estaba comunicado
con la cuadrícula de la ciudad por medio de la calle Larga de la Recoleta
(actual Avenida Quintana). Su entorno netamente rural estaba integrado por
huertas y chacras, las que hacia 1772 comenzaron a subdividirse. En
1775, se radicaron allí los Corrales y Mataderos del Norte, próximos
a los cuales se instalaban las pulperías.
Ya en
1800 las obras empezaban a poblar los alrededores de la zona, en los “Campos
de Marte” (Retiro) se levantaba la Plaza de Toros, el Parque de Artillería
y la Batería de Cañones. Sin embargo los primeros cambios urbanos
iban a producirse a partir de 1810, con el crecimiento del puerto y el aumento
del volumen poblacional.
La influencia
europea comenzaría a evidenciarse por la adopción de la arquitectura
francesa del momento y por la infraestructura de servicios de origen inglés.
Bernardino Rivadavia planteaba medidas urbanas para el futuro crecimiento
de la ciudad.(avenidas, calles, plazas, etcétera).
Con la
expulsión de los franciscanos del Convento de la Recoleta en 1822,
parte del edificio fue destinado a Escuela de Agricultura y posteriormente
a Asilo de Mendigos.
En
la zona del huerto se comenzó a levantar el Cementerio del Norte diseñado
por Próspero Catelín. Años más tarde, el Brigadier
Juan M. de Rosas hizo construir su residencia en San Benito de Palermo (actual
Parque 3 de Febrero).
Ya en
la segunda mitad del siglo XIX, con la integración de la argentina
a la economía mundial y con consolidación del país con
la creciente inmigración europea comienza la transformación
de la zona. El ferrocarril comienza a formar parte del paisaje atravesando
la zona (FFCC del Norte que provenía de la Estación Central
y llegaba hasta San Fernando).
No obstante
el gran cambio en el lugar se debió a dos hechos significativos: el tranway (1869), que facilitó el acceso desde el centro de
la ciudad y la epidemia de fiebre amarilla (1871), que produjo el desplazamiento
de masas poblacionales de la zona de Catedral al Sur y San Telmo hacia el
norte.
Hacia
1875, teniendo como punto de partida las ideas higienicistas del gobierno,
aumentaron las obras de infraestructura (agua y cloacas) y aparecieron los
grandes espacios verdes (verdaderos pulmones de aire para la ciudad). Entonces,
el barrio se iba poblando de bellos edificios y esplendorosas quintas, cuyas
arquitecturas evidenciaban una transculturación de arquitecturas europeas.
La burguesía imitaba costumbres europeas y también sus residencias.
El modelo
económico de Julio A. Roca se basó en ideas liberales, con lo
que atrajo capitales europeos, a quienes otorgó las explotaciones de
infraestructuras de servicios a partir de 1880. El
intendente encargado de efectuar las grandes transformaciones de la ciudad
fue don Torcuato de Alvear, y el Arquitecto Jefe de Obras Públicas,
don Juan A. Buschiazzo.(Plaza de Mayo y Av. De Mayo).
Este
sector de la Recoleta se fue convirtiendo en un lugar de paseo gracias a los
jardines proyectados por Carlos Thays, un lugar de suntuosas residencias rodeadas
por jardines y de fácil acceso por las grandes avenidas (Callao-Quintana-
Alvear). Hacia 1909, se abrían las plazas San Martín de Tours,
Carlos Pellegrini, etcétera.
La tipología
de vivienda elegida por los habitantes de la Recoleta eran los palacios de
3 ó 4 pisos, sobre amplios lotes cuya denominación original
sería “hotel particulier” o “petit-hotel”,
según sus dimensiones, con numerosos ambientes, amplios y decorados
profusamente según los más puros estilos franceses e ingleses.
Su estilo arquitectónico respondía a los dictados de la Ecole
de Beaux Arts de París, como símbolo de status demostrativo
de una elevada posición económica y ostentación de riquezas.
El nuevo
siglo trajo grandes cambios sociales y políticos, como el acceso del
radicalismo al poder como emblema de las clases populares (1916). Y en materia
urbana con la creación de la Avenida de Circunvalación (General
Paz), el subterráneo, etcétera.
Para ese
entonces la Recoleta se había convertido en un barrio elegante donde
alternaban personalidades nacionales e internacionales . Allí se levantaaban
los hoteles más suntuosos de la ciudad (Alvear Palace Hotel). El
tango se bailaba en el Palais de Glace, y los parques se poblaban de notables
esculturas.
Ni la
crisis del 30, ni la Segunda Guerra Mundial, interrumpieron el crecimiento
estético de la zona ni tampoco la del Centro de Buenos Aires (ensanche
de las avenida Corrientes, transformación de la Avenida Santa Fe en
área comercial más prestigiosa, construcción del Obelisco).
El Congreso
Eucarístico de 1934, trajo la visita de Monseñor Pacelli (luego
Papa Pío XII), quien se alojó en la mansión de la señora
Adelia Harilaos de Olmos (actual Nunciatura). En la década del 30,
coincidiendo con la venida de Le Corbusier a Buenos Aires, aparece en escena
el racionalismo arquitectónico, una nueva forma de ver la arquitectura,
despojada de ornamentación académica o antiacadémica.
Esta racionalización alcanzó también a la arquitectura
de estilo como lo muestran las fachadas neoclásicas es la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, cuya monumentalidad aspiraba a reforzar la
idea de estado poderoso muy proclive en los años de gobierno justicialista.o
peronista (1945-55).
Los
años 50 estuvieron acompañados por la proliferación de
los edificios de departamentos y galerías comerciales (Galería
Alvear) y los 60 por la aparición de las fachadas vidriadas del Interational
Style (curtain wall ), que dejaron su huella en edificios transparentes o
espejados y que al principio coexistieron con los aportes del “brutalismo”
como la Biblioteca Nacional (1962-92). El último tramo del siglo XX
se tradujo en remodelaciones varias (Centro Cultural Recoleta-1979), arquitecturas
de los shopings (Patio Bullrich 1988) y grandes paseos comerciales (Plaza
del Pilar y Buenos Aires Design Center-1990).
Llegamos
al año 2000, con una ciudad poblada de historia que invita a recorrerla
y cuidarla; razón demás para considerar a esta zona, en particular
Recoleta, como un Ärea de Protección Histórica, dentro
de la nueva normativa del Código de Planeamiento Urbano, la que tiende
a preservar nuestro Patrimonio Urbano.
Revista
Soles – Nº 69.
Septiembre 2000.
Notas
relacionadas:
Visitas urbanas por Buenos Aires
Buenos
Aires, capital virreinal (1776-1810)
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