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Ciudad de Salta : esa linda tradición


Basílica Menor y Convento de San Francisco

Texto y fotos: Mariano García
@solesdigital

Hace años que el noroeste argentino está en boga para los turistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, las tradiciones en Salta son a prueba de modas.

A diferencia de la lejana Patagonia y sus mágicos paisajes, pero carentes de historia y vacíos en tradiciones locales. Cerca de Jujuy o Misiones, pero esquiva a la invasión turística internacional que soportan la Quebrada de Humahuaca o las Cataratas. En Salta, las bellezas naturales conviven con profundas tradiciones culturales, convirtiendo a la provincia en uno de los lugares obligatorios de conocer en la Argentina.

Con diversidad de paisajes, infinidad de recorridos posibles y una oferta turística variada, la capital de la provincia es a su vez el epicentro de la región del NOA, y el lugar ideal para hacer base y desde allí emprender una aventura distinta cada día. Pero a no apurarse, Salta capital tiene mucho que ofrecer antes de salir a las rutas.

En el año 1582, el español Don Hernando de Lerma eligió la ladera norte del valle que hoy lleva su nombre para fundar la ciudad de Salta, a 1187 metros de altura sobre el nivel del mar. Hasta el día de hoy, la ciudad mantiene su espíritu y fisonomía hispano-colonial que la destaca del resto del país. Cuna de mestizajes entre lo español, lo criollo y lo aborigen, su nombre proviene de del vocablo aimará sagta, que significa “la más linda de todas”.

Salta - Interior de la CatedralLa prueba más elocuente de que la belleza de la ciudad no es sólo nominal es la Plaza 9 de Julio, verdadero corazón de Salta. A sus alrededores se concentra la mayor parte de la oferta cultural y patrimonial de la ciudad, encabezada por la barroca Catedral Basílica de Salta. Data de 1858, y su opulencia ornamental es única en Argentina, con coloridas yeserías en la fachada y un dorado dominante en el interior y el imponente altar. Allí, en el Panteón de las Glorias del Norte, descansan los restos del héroe nacional Martín Miguel de Güemes, que más que prócer ya es el patrono de la ciudad.

Flanqueando la Catedral, se encuentran los dos museos más importantes de la ciudad: El Museo de Arqueología de Alta Montaña, creado principalmente para resguardar los restos de los “Niños del Llullaillaco”, sin duda uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos años. Estos tres niños aborígenes fueron hallados en marzo de 1999, conservados por el frío, en la cima del volcán Llullaillaco, a 6.700 mts. de altura, junto a ciento cuarenta y seis objetos que componían su ajuar. Al otro lado de la plaza, se ubica el Museo de Arte Contemporáneo, quizás ignorado frecuentemente por quienes van al norte en busca de “etnicidad”, pero que ofrece un espacio arquitectónico moderno y una propuesta curatorial vanguardista donde se hermanan el pasado con el presente y el futuro.

El conjunto arquitectónico que rodea la Plaza 9 de Julio se completa con el Cabildo, que es el que más completo se ha conservado en la Argentina y constituye una verdadera joya arquitectónica del período colonial. Iniciada su construcción en el siglo XVIII, mantiene aún su estructura original

Cabildo de Salta

Partiendo desde el Cabildo, la continuación histórica y arquitectónica del conjunto céntrico de desarrolla a través de la calle Caseros. A tres cuadras del Cabildo se encuentra la Iglesia de la Merced (Caseros al 800), y un par de cuadras más adelante una de las joyas más relucientes de la ciudad: la Basílica Menor y Convento de San Francisco. Su construcción comenzó en el año 1625 y continuó refaccionándose hasta 1882, cuando se agregó la imponente torre que acompaña al templo, una de las más altas de Sudamérica con 53 metros de altura. Redoblando la apuesta al colorido barroco de su hermana mayor (la Catedral), el impacto al verla es aún mayor dada la estrechez de la esquina donde se emplaza (Caseros y Córdoba). En su interior se conservan obras artísticas, un museo y una biblioteca dentro del Convento donde los aficionados a la historia encontrarán piezas incunables.

Bajando hasta la esquina de Caseros y Santa Fe, cierra este fantástico conjunto colonial el Convento de San Bernardo,  erigido sobre una edificación de 1586 originalmente destinada a ser un hospital, y en 1846 se convirtió en el actual monasterio. Con una amplia explanada, se destaca su majestuoso portal de madera de algarrobo, completamente tallado por aborígenes en 1762 y colocado en 1845.

Pero cuidado: uno de los errores más graves al recorrer la ciudad de Salta es apurarse. Ya sea recorriendo sus calles o esperando algún plato típico en un restaurant, la clave del disfrute está en la paciencia y el disfrute lento de las cosas. Así que a no correr por las calles ni acelerar para ver todo en una tarde. De hecho, es casi una obligación volver a recorrer todo el circuito colonial nuevamente de noche, cuando las coloridas iluminaciones les dan a los edificios nueva vida.

Salta - Convento de San Bernardo

Con un centro histórico que reúne lo más emblemático del patrimonio arquitectónico de la región, y un sinfín de calles angostas y casas bajas ideales para ir en busca de tamales y humitas, la ciudad está enmarcada por cerros y montañas que además del encuadre paisajístico, ofrecen una buena cantidad de atracciones.

El Cerro San Bernardo se eleva a 284 metros por sobre la base de la ciudad, alcanzando así los 1458 metros sobre el nivel del mar. Para obtener una vista panorámica de la ciudad, los que estén en buen estado físico pueden animárseles a los 1021 escalones de piedra que llevan a la cima (para acompañar el sufrimiento, se acompaña el recorrido con las 14 estaciones del Via Crucis). Para quienes no tengan tanta vocación deportiva, o de martirio, el Teleférico ofrece una cómoda y divertida opción, recorriendo desde la base en plaza San Martín hasta la cima un total de 1016 metros en ocho minutos, viajando a unos apacibles dos metros por segundo.

La cima del Cerro San Bernardo espera a los visitantes con un restaurant y puestos de artesanos. Pero los verdaderos coleccionistas de artesanías no pueden dejar de visitar el Mercado Artesanal ubicado al oeste de la ciudad. Funciona en una enorme casona colonial, de esas con enormes muros de adobe blanqueado a la cal (delicioso refugio para las calurosas tardes de verano). El predio está emplazado en las denominadas Lomas de Medeiro, centro de la actividad comercial y productiva de Salta desde sus orígenes. En 1583 funcionaba allí una finca y un molino, en 1760 pasó a ser un centro de producción jesuita, y más tarde el solar de la casona dio lugar a la primera curtiembre de la ciudad. Hoy son los artesanos, provenientes de varias regiones del norte argentino y con igual variedad de productos, quienes mantienen viva la tradición comercial del lugar.

A la noche, música y gastronomía son la mejor combinación posible. Segunda advertencia: las peñas de la calle Balcarce se han puesto muy de moda, y de noche este paseo es lo más parecido a la porteña calle Florida que hay en Salta. No deja de ser divertida para dar una vuelta y ver un poco de la vida nocturna de locales y visitantes, pero es recomendable evitar entrar a todo local que tenga jóvenes disfrazados de gauchos y chinitas para atraer al público etnófilo.  Mejor perderse por callecitas menores, y encontrar alguno de los cientos de lugares donde los propios salteños pasan sus noches. Los lugareños recomiendan ir hacia el oeste, cerca del Mercado Artesanal. Quizás las peñas no sean tan sofisticadas como las de la céntrica calle Balcarce, pero quienes saben dicen que allí será mejor la música, la comida, y lo más importante, se podrán evitar estafas típicas del “precio a la cara”.

¿Cansados luego de tanto recorrer y descubrir, de cantar, comer y beber? Entonces a descansar, que todavía falta salir a recorrer los largos y sorprendentes caminos de la provincia hacia los puntos más emblemáticos de su geografía.  Pero despacio, dejemos algo para el próximo día. Como ya dijimos, en Salta lo más importante para disfrutarla es no apurarse.

30/12/2011

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