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Avenida Nevski, San Petersburgo

Transitar la literatura

Por Bárbara Arrigoni
@barbaraarrigoni

Fotos: Mariano García
@solesdigital

Dentro de la intrigante San Petersburgo existen numerosos puntos de interés para grandes lectores. La casa de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, donde escribió Crímen y castigo y Los hermanos Karamazov, conserva aún objetos pertenecientes al autor, entre los que se encuentra la nota de su hija que anuncia “hoy murió papá”. Además existe un museo dedicado a la memoria de la poeta Anna Akhmatova que hoy alberga recitales y eventos literarios. No es el único espacio dedicado a la autora, ya que la calle Avtovskaya también fue planteada como un homenaje. El museo de Zoshenko, por otro lado, reconstruye la vida literaria durante principios del siglo XX. También son espacios populares las que fueron residencias de Alexander Block y Vladimir Nabokov, que conservan muebles y otras posesiones de los autores.

Sin embargo, entre todos los lugares que un tour literario puede cubrir, hay uno que resulta particularmente ineludible: la Avenida Nevski -en ruso, Невский проспект - Nevski Prospekt-, escenario de grandes obras de la literatura rusa y una de las avenidas más famosas del mundo. En sus cuatro kilómetros se extiende la historia arquitectónica rusa desde que San Petersburgo fue creada hasta la actualidad, con edificios que evidencian los cambios sociopolíticos que el pueblo eslavo vivió. Desde la magnitud de sus interminables cuadras, que parecen salidas de un sistema métrico creado por gigantes, hasta la majestuosidad de sus decoraciones, se hace evidente que en la ciudad de los zares la avenida principal es una joya cultural preciada. En ella es inevitable encontrarse con cafés conocidos, librerías, museos y parques grandiosos. Incluso alberga el Palacio Stroganov, el monumento a Catalina la Grande y la Biblioteca Nacional Rusa, puntos curiosos para visitas turísticas.

Pero la característica tal vez más predominante de la avenida sea su constante aparición en textos de grandes autores. Dostoyevski menciona a sus transeúntes, entre los que se encuentra Raskólnikov. Gorki y Tolstoi también prestan atención al tumulto rodeado por las fachadas. El café Literaturenoye, por su parte, homenajea hasta la actualidad a los escritores que pasaron tardes en el establecimiento. La carta con fragmentos de obras de Pushkin y libros en las ventanas complementan el panorama de una visita obligada. Pero entre todos, el escritor cuya obra cuentística es sinónimo de San Petersburgo es Nikolai Gogol, quien dedica el relato Nevski Prospekt a la homónima calle. Gogol describía en su cuento cómo en el mismo espacio convivía todo el pueblo ruso, sin importar sus distinciones sociales, laborales o políticas. En un país fuertemente marcado por los choques ideológicos y sociales, la mezcla que se entrevé sugiere la posibilidad de la comunión de la nación rusa. Si bien para principios del siglo XIX lejos estaba el pueblo ruso de las revoluciones, sí existían en ese entonces conflictos relacionados con el ascenso social, como el autor recalca en “El capote”. El ominoso cuento narra cómo su protagonista pierde todo en su vida al concentrarse en una ilusión que le permita actuar como si contara con el dinero que no tiene.

 

En esta misma línea de sueños y proyecciones que ocupan horas que uno podría dedicar a actividades más fructíferas, se inserta el cuento “Avenida Nevski”. En él, Gogol revela el amor del pueblo eslavo por lo Poshlost, similar a lo que en occidente llamaríamos kitsch. Las descripciones de cuidados personales como actividades que quitan tiempo vital introducen el tema de las distracciones para luego retratarlas en dos casos opuestos y complementarios: las historias de Piskaryov y Pirogov. Mientras que los dos protagonistas persiguen a mujeres distintas, ambos son presa de la ilusión que las muestra como aquello que ellos quieren ver. Por un lado, Piskaryov, pintor joven e ilusionado, construye un relato ficcional dentro de su propia mente una vez que se entera de que la mujer morocha que ha captado su interés trabaja en un prostíbulo. Tras sueños inducidos por una letal combinación de insomnio y opio, se enamora de una criatura inexistente, inventada por él mismo. El inevitable y trágico final es resultado del choque con una realidad que el protagonista no ha sabido ver entre los velos que su mente le impone.

Por otro lado, Pirogov, teniente sumamente realista, a diferencia del anterior, sigue a una mujer rubia que ha visto pasar en la Avenida Nevski. Llega hasta su casa y, al enterarse de que la casta mujer vive con su marido, no cesa en sus intentos de acercarse a ella. Sólo cuando finalmente lo echan y le pegan es que entiende la imposibilidad de concretar su idea. A partir de entonces, especula de la misma forma que lo había hecho Piskaryov, aunque el pensamiento no desarrolla una relación, sino un plan de venganza. Sin embargo, a diferencia del pintor, Pirogov es un realista que olvidará pronto su propósito una vez que lo invada el cansancio de la rutina diaria.

A lo largo de ambas historias se hace evidente el peligro que supone la avenida Nevski como una luz que enmascara crudas realidades tras ilusiones. No existe, como identifica Gogol hacia el final, una noche que engañe más que el día, porque es la imaginación de cada individuo la que logra este propósito, aunque los estímulos externos sean mínimos. En una ciudad tan misteriosa, donde conviven la opulencia de los zares en las fachadas y la pobreza en las esquinas y rincones, la avenida principal se llena de espejos de colores que retratan la dicotomía de la ilusión y la realidad en contextos tan dispares como generales. Al igual que el tiempo que pierden los personajes al principio del relato en el cuidado personal que nadie más que ellos nota, Gogol señala con las dos persecuciones amorosas fallidas cómo los sueños son capaces de aplastar a sus creadores.

Rusia es un país de obras literarias tan magnánimas como sus estructuras. Las extensas novelas de Tolstoi y Dostoyevski se han convertido en clásicos universales que superan fronteras lingüísticas. Y sin embargo, como anverso del engaño que opera la superficialidad en el relato de Gogol, no es raro encontrar que dentro de historias de breves páginas se esconda la genialidad de los grandes escritores.

15/3/2014

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