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Frágil fantasía de Venecia

Texto y fotos: Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Basilica de San Marco, en Venecia

Durante los primeros días de febrero, la marea parece ofrecerle una tregua a Venecia. Al menos durante el carnaval, la ciudad parece olvidarse momentáneamente de las continuas inundaciones que la jaquean durante todo el año, y vuelve a creer en la magia de ser una joya del arte y la arquitectura que se levanta de frente al mar Adriático.

Pero si el sistema de canales, puentes y calles construidas sobre la laguna son el gran atractivo turístico de Venecia, el agua se niega en quedarse quieta para la foto. El entorno natural, modificado por el hombre desde hace siglos, es a la vez el principal encanto de la ciudad y la gran amenaza para su infraestructura.

Las aguas suben por el ciclo natural de las mareas, por las lluvias; pero también por el calentamiento global y el derretimiento de los hielos polares, que está elevando el nivel de los mares a niveles que todavía son irrelevantes para la mayoría de las ciudades, pero que para Venecia son mortales si se combina con el hundimiento de la ciudad sobre sus anegadizos cimientos.

La fantasía que regala la capital de la región de Véneto a sus visitantes tiembla bajo una base tan real como endeble. Las metáforas dejan de ser figuras retóricas y adquieren estatuto de afirmación científica: es un gigante con pies de barro. Su conjunto de barrios medievales y palacios y residencias renacentistas se erige sobre tierras pantanosas.

Un refugio en medio de la laguna

Gran Canal de Venecia

La laguna fue un refugio natural ideal para los fundadores de la ciudad, habitantes del Véneto que huían de las invasiones germanas que durante el siglo V asolaron al entonces ya decadente Imperio Romano. Con la protección que les daba el difícil acceso por aguas bajas y pantanosas, construyeron la ciudad sobre millones de tablones de madera, recurso suficiente para los que huían de los bárbaros pero endeble para sostener el esplendor que Venecia adquirió durante la edad media.

El crecimiento económico de la ciudad en alcanzó su cima en el siglo XV, gracias al comercio con oriente, su salida privilegiada hacia el Adriático y su alianza con el Imperio Bizantino. Siempre protegida de los asedios externos por los bancos de de arena hacían encallar a las naves enemigas, Venecia se mantuvo desde el Renacimiento como un importante centro artístico. Desde nombres como los de Tintoretto, Tiziano, pasando por la llamada “escuela veneciana” de pintura y músicos como Verdi; hasta la contemporánea Bienal de Venecia (que se desarrolla desde 1893), el arte y la cultura son el mayor patrimonio de la ciudad.

El carnaval y su magia

Carnaval de VeneciaEl carnaval invita a volver imaginariamente a las épocas de esplendor de la ciudad y olvidarse de la amenaza que flota bajo sus pies. A retomar el romanticismo de su fiesta más típica, con un desfile permanente en las calles de personas que detrás de sus máscaras de cartapesta y sus coloridos vestidos posan para la foto de miles de turistas A bailar en la plaza al ritmo de bandas que se suceden por el escenario principal de la plaza San Marco.

La belleza veneciana se aprecia no sólo en sus grandes postales como el Palacio Ducal, el Campanile, el Ponte Rialto, el de los Suspiros, las torres, iglesias o galerías de arte. El encanto está en todas y cada una de las 118 islas, 150 canales y 400 puentes.

Las archiconocidas góndolas, a precios prohibitivos para la mayoría, cumplen cada vez más una función decorativa que utilitaria. La opción del vaporetto (lancha-colectivo) es obligatoria como principal vía de transporte público. El abono mínimo, a 16 euros por 24 horas de validez, parece un exceso al momento de llegar a la ciudad; pero un día recorriendo a gusto los casi cuatro kilómetros del Gran Canal, con sus cientos de palacios medievales e iglesias renacentistas que se levantan a su lado, hacen que a uno se le olvide el precio rápidamente.

Venecia no es una ciudad para estar apurado. En las partes más alejadas del centro, sólo pequeñas embarcaciones sirven de medio de locomoción. Pero sin dudas, la mejor opción es disfrutar a pie. Tan sólo caminar por el laberíntico trazado medieval de sus calles sin tener que preocuparse por el tráfico automotor y olvidarse del tránsito y los semáforos es una bendición en estos tiempos. Incluso los “tiempos muertos” de un viaje, como ir a la estación de tren o al aeropuerto, en Venecia se convierten en paseos inolvidables.

De vuelta al centro de la ciudad, nada mejor para terminar el recorrido veneciano que el símbolo y principal referente artístico y arquitectónico de la ciudad: la Basílica de San Marco. Iniciada en el año 828, su estilo arquitectónico es el resultado de siglos de adiciones, restauraciones y modificaciones hasta el siglo XVII, lo cual le otorga un sello particular. Con sus cinco cúpulas, y decoraciones en mosaicos bizantinos en perfecto estado de conservación, el templo invita a entrar y seguir soñando con la Venecia medieval.

El piso se percibe ondulado a cada paso, los arcos asimétricos por marcados quiebres dan la sensación de inestabilidad. Pero no se trata ni de un sueño ni de una escena surrealista: la iglesia se está inclinando hacia su lado izquierdo. Es nuevamente la implacable lógica física que nos devuelve a la realidad de unos cimientos que no dejan de ceder ante el peso que la célebre historia de Venecia dejó como un contundente legado que de a poco se sumerge en la laguna que la vio nacer.

8/03/2008

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