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Escultura argentina en los años ‘20

Antonio Sibellino: Tradición e innovación

Por María Haucke y Rode Classen

Antonio SibellinoSus primeras obras fueron realizadas en París, entre 1912 y 1913 con un lenguaje académico naturalista hasta asimilar la obra de Rodin.

En 1916 en su segunda etapa en Francia realizó Cabeza de viejo (1914) y Gestación (1915), que estaban ligadas a la tradición escultórica de Bourdelle y Maillol. Expuso esas obras en el VI Salón Nacional de Buenos Aires y el jurado le otorgó un premio estímulo que él escultor no acepto.

En Buenos Aires, en aquellos años pasó por una mala etapa, desanimado por la falta de reconocimiento, por lo que abandonó la escultura y se dedicó solamente a dibujar. Alrededor de 1920 realizó una seria de obras por encargo, como el busto de Güemes.

A partir de 1923 comenzó a realizar relieves figurativos, uno de ellos titulado “Amor”, de 1927, que es un bajorrelieve donde se reconocen dos figuras, una femenina y otra masculina, unidas por la mirada. No las realizó con demasiado detalle y no hay en ellas un predominio del plano, sino de las formas curvas. Dichos personajes están enmarcados en un grueso cuadrado donde parece que las dos figuras se comprimen. Hasta el año 1939 aproximadamente concluyó con la sucesión de relieves figurativos.

Pero Sibellino, al igual que su colega Curatella Manes, abandonó la figuración para experimentar  con las formas geométricas logrando relieves abstractos siendo los primeros ejecutados en Sudamérica, como “Salida del sol” y “Crepúsculo”, que básicamente son formas transformadas por la interioridad es una visión subjetiva de lo que es el paisaje.

Por ejemplo, en “Salida del sol”, realizada en yeso, no se reconoce nada que se acerque a la realidad, sino que refleja la sensación de los rayos del sol provocada por el efecto de luz y  sombra, donde predominan las formas planas y las rectas con apenas algunas líneas curvas. Es posible que la fuente de su inspiración sean las montañas de la Cordillera de los Andes. Aristas, líneas, fuertes contrastes de luces y sombras: sin duda alguna su gran musa fue la naturaleza.

Antonio SibellinoEn 1938 representó una serie de esculturas relacionadas con la Guerra Civil Española. La rebelde (1938) y  La viuda (1939). La primera es de  yeso  y   representa a una  figura femenina realizada con un modelado de masa y un tenue facetamiento de contornos y planos sobrios. La mujer está de pie y, sin ataduras en sus extremidades ni los ojos cubiertos, aguarda estoicamente el fusilamiento.

Más adelante continuó con la serie de obras de temática  similar  a La rebelde, donde denunció los regímenes totalitarios y las tragedias ocasionadas por la guerra. Estilísticamente denota una modernidad asimilada por la mixtura del  neocubismo con el expresionismo.

Hacia los años 1946 y 1953 hay un regreso a los temas clásicos, despojados de cargas políticas y realizó una tanda  de cabezas y bustos siendo esta su última etapa de la cual es sobresaliente  “La mujer del pañuelo”,  de 1946, un busto tradicional por la temática, pero que, si bien es figurativo, su tratamiento no es puramente mimético porque los rasgos faciales se simplifican con formas básicas. A pesar de la sencillez  en su composición y de la utilización de un material rústico, como es el cemento, el rostro posee una gran expresividad y pone énfasis en las luces y sombras brindándole un clima de teatralidad.

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